más alcance en internet que en televisión

Cuando muchos se atrevan a opinar que Hollywood está de capa caída con la proliferación de productoras internacionales y con millones de videos realizados con un simple móvil poblando las redes sociales, no les falta cierta razón. Pero, a pesar de ciertas estadísticas, la Meca del cine genera lo que en contabilidad se llama goodwill, un activo intangible.

Es cierto que hace unos años la ceremonia de los Oscar era un clásico seguido por la mayor parte de los norteamericanos, y en cambio ahora las estadísticas reflejan que un 45% de la población no sigue la retransmisión. Si en los años 90 más de 40 millones de estadounidenses declaraban sintonizar la televisión para los premios, el año pasado parece que lo hicieron menos de 27 millones de personas, la audiencia más baja hasta ahora registrada.

Los norteamericanos comparan también la audiencia de los Oscar con la de la Superbowl, que sigue intacta e increscendo desde los años 90, sin darse cuenta de que varios detalles importantes diferencian ambas emisiones. Para empezar, las finales deportivas se siguen celebrando en grupo con los amigos más que en casa a solas, mientras que no existe una tradición generalizada de reunirse para ver los Oscar. Por otra parte, la audiencia de la Superbowl es principalmente americana y puede seguir el partido a un horario decente, mientras que en el caso de los Oscar, la mayor parte del globo terráqueo duerme durante su emisión o acaba de llegar a la oficina: en Japón son las 10 de la mañana, en Madrid las 2 de la madrugada y en Calcuta las 6, a punto de sonar el despertador.

Es relevante que con tantos programas, blogs, webs e influencers, no es tan único el hecho de ver una foto de nuestra actriz o modelo favorita llevando una marca determinada, pues ahora el mundo de la moda se las maneja para retribuir cada ocasión en la que suben a las redes sociales un «selfie» con alguna prenda o accesorio suyo, cualquier día del año y sin motivo aparente. Queda poca naturalidad, la verdad. Está todo calculado.

Pero para las marcas de moda sigue teniendo una crucial importancia la alfombra roja de Hollywood y -muy especialmente- la noche de los Oscar. Trabajan durante todo el año para que las actrices más deseadas lleven sus prendas y asegurarse una repercusión de oro. No en vano, aunque miles de millones de habitantes estén dormidos o trabajando, en cuanto pueden, durante el curso de las 24 horas siguientes a la entrega de premios, consultan de un modo u otro las imágenes y atuendos de las celebridades que desfilan por la alfombra del Dolby Theatre.

Repercusión viral

Los nombres de las marcas elegidas por las actrices -ya sea por contrato o como favor mutuo- aparecerán así millones de veces en Instagram, coparán los rankings de Google y se convertirán en virales probablemente incluso en los cinco continentes, reportando un impacto mucho más rentable y ambicioso que el que antes tenían por televisión en el mercado local del país del Tío Sam. Y no hablemos ya si se trata de marcas de joyería -algo con lo que difícilmente se pueden hacer selfies «naturales» las actrices en el día a día- o empresas de calzado, un accesorio que se acaba nombrando casi sin verse.

Y es que los informes del sector indican que la mención de una marca durante una entrega de premios o una alfombra roja es entre tres y cinco veces más valiosa que la mención en un post, una story de Instagram corriente o un «selfie» de cualquier actriz. Además, se comprende que alguien como por ejemplo Gwyneth Paltrow en una foto de jardín puede haber privilegiado la decoración de la mesa o la vista de un árbol frutal, mientras que cuando la misma actriz acude a una entrega de premios lo hace escogiendo de modo muy consciente su atuendo. Parece que lo que está a la baja no es ni la moda ni el cine, sino la repercusión de la televisión tradicional.

Esmoquin-vestido

Billy Porter, estrella de la serie de televisión norteamericana «Pose», decidió dar la campanada en los Oscar de 2019 y darse a conocer en todo el mundo con un atuendo elaborado por Christian Siriano, el creador de todas las actrices que no encuentran sponsor ni marcas que les presten prendas, y de aquellas asistentes a la alfombra roja con tallas menos habituales. Para la ocasión, Porter lució un esmoquin con falda de terciopelo de gran vuelo y cola que ha dado la vuelta al mundo.

Billy Porter
Billy Porter – EFE

Histórico diamante de Tiffany

Lady Gaga escogió una pieza de joyería con más de un siglo de historia para combinar con su vestido negro de Alexander McQueen. Se trata del diamante amarillo de Tiffany con el que Audrey Hepburn posó para las fotografías promocionales de la mítica película «Desayuno con diamantes» (1961).

Lady Gaga
Lady Gaga – EFE

Todo al rosa, una tendencia consolidada

Mucho se está especulando en las redes sociales sobre el sentido feminista del uso del color rosa como gran tendencia en la entrega de los Oscar de 2019. Antes que nada, hay que aclarar que -hasta que llegue el poco favorecedor tono mostaza en otoño- el rosa es el color de moda desde hace un par de temporadas, por lo que las grandes marcas cuentan casi todas con estupendas propuestas en sus distintas tonalidades. Además, desde el rosa fucsia del vestido de Marilyn Monroe en «Los caballeros las prefieren rubias» hasta los suaves rosas de los atuendos que Sofía Coppola escogió para su particular «Maria Antonieta», el rosa ha sido un color muy cinematográfico. Para colmo, se trata de un tono que suele favorecer a rubias, morenas, castañas y pelirrojas, así como a pieles de cualquier raza.

Aunque es un color femenino por definición, su curioso origen procede del caro y difícil de conseguir tono rojo que en la época romana ya se elegía para las niñas, que con el tiempo y los lavados iba palideciendo y tornándose en rosado. En la última entrega de Oscar, el predominio del rosa en mujeres tan distintas como Helen Mirren, Kacey Musgraves, Gemma Chan, Kiki Layne o Julia Roberts ha dejado claro que no hay que abandonar la feminidad para estar entre las más grandes.

Gemma Chan
Gemma Chan – EF

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