Manuel Valls y su acción de gobierno en Évry: sentimentalismo, deudas e impuestos

Alcalde de Évry (Essone, al sur de París), entre 2001 y 2012, Manuel Valls es recordado por su vida sentimental muy intensa, su gusto por las obras públicas pagadas con deuda y muchos impuestos, su mano dura muy expeditiva con la inmigración legal e ilegal, su incremento espectacular del gasto consagrado a «seguridad» y «comunicación publicitaria».

En el «Café de la place» de Évry, Valls es recordado esencialmente por su política policial: «Instaló cámaras de vigilancia por todas partes», afirma Luc Dubois, un jubilata relativamente acomodado, agregando: «A Valls no le temblaba la mano para echar a los gitanos que llegaban de Rumanía o Bulgaria».

Valls triplicó en muy poco tiempo los efectivos policiales desplegados en Évry, invirtiendo varios millones de euros en la instalación de cámaras de vigilancia. A partir de aquella experiencia, Valls se ganó el calificativo de «Sarkozy de izquierdas», con el que llegaría al ministerio del Interior tras la elección de François Hollande como presidente de la República. El gabinete personal de Valls llegó a ser calificado de «Kommandantur».

La expulsión expeditiva de caravanas de gitanos (franceses y rumanos), la prohibición de un supermercado «halal» (consagrado a la venta de productos de consumo para clientela musulmana estricta), confirmaron su primera imagen municipal de «alcalde enérgico», con un gusto pronunciado por las obras públicas pagadas a crédito.

Entre 2001 y 2012, la presión fiscal creció en Évry un 45,7 %. Al final del mandato, la factura media de los impuestos y tasas municipales ascendían para las familias en unos 2.100 euros anuales, una de las más altas de Francia en ciudades de unos 50.000 habitantes.

El mensual financiero «Capital» (liberal – conservador) hizo en su día un balance de la gestión municipal de Valls llegando a esta conclusión: «Deja su ciudad endeudada y con una presión fiscal muy alta».

Las obras públicas financiadas con deuda y nuevos impuestos coincidieron con un incremento espectacular de otras facturas, de distinta naturaleza: los gastos y facturas consagradas a «comunicación» (publicidad pagada con dinero público) crecieron en un 825,6 % durante los primeros años del mandato municipal de Valls. Los gastos en «comunicación» del alcalde ascendieron a unos 800.000 euros durante el año contable 2011/2012.

El Tribunal de cuentas regional hizo público, en su día, gastos muy fuera de lo común. Sin contar 45 vehículos de servicio, oficiales, Valls puso a disposición propia y de su equipo 26 vehículos de función, cuando lo normal, en las ciudades de 50.000 habitantes, es que solo haya media docena corta de coches oficiales.

Si nadie pone en duda la profesionalidad de Valls en el terreno de la comunicación política, el costo de esa factura, pagada con impuestos, coincide en la imaginería popular de Évry con el recuerdo de una vida sentimental muy intensa, asociada, durante unos años, a los proyectos urbanísticos pagados con deuda pública.

A la puerta de la escuela Alexandre Dumas, mientras espera la salida de sus niños, Charlotte Bonnet comenta: «Cuando Valls llegó a Évry ya estaba casado y tenía cuatro hijos. Pero a los pocos años comenzó a dejarse ver en algunas inauguraciones acompañado de una chica joven, Sybil Cosnard, que era algo así como directora de los servicios de urbanismo de la ciudad».

La relación sentimental entre Valls y Sybil Cosnard duró dos o tres años (2005 – 2006) y terminó de mala manera, más allá de la aventura sentimental. Varios periódicos denunciaron un tratamiento de favor del alcalde a su amante y director de los servicios de urbanismo de Évry. La pareja Valls-Cosnard desmintió ningún tratamiento de favor administrativo. Pero la imagen de un alcalde que se entiende sentimentalmente con una señora que trabaja para su municipio dejó al aire unas «cacerolas» siempre molestas, reales o imaginarias.

Divorciado de su primera esposa, madre de cuatro hijos, Valls encontró en Sybil Cosnard una colaboradora eficaz en un terreno político sensible: la gestión de las ciudades «inteligentes». Rota su relación con el alcalde de Évry, Sybil Cosnard creó su propia agencia de «consejo» urbano y municipal. Buena parte de la experiencia de Valls, en ese terreno, viene de su diálogo no solo íntimo, con su antigua colaboradora y compañera sentimental.

Valls emprendió una nueva carrera y una nueva vida el 2010, cuando contrajo matrimonio con la violinista Anne Gravoin. El matrimonio duró ocho años cortos, hasta que Valls anunció una nueva ruptura y una nueva pareja, con la diputada macronista Olivia Grégorie, antes de conocer meses más tarde a una empresaria catalana, Susana Gallardo.

Como primer ministro, Valls revalidó su experiencia de alcalde y utilizó con frecuencia temas urbanos que había trabajado años atrás con Sybil Cosnard, cuya agencia y experiencia pudieran ser muy útiles, en Barcelona, llegado el momento de evocar experiencias y proyectos en el terreno de las «ciudades interconectadas».

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