Magnus Carlsen, un campeón de otra especie

El noruego Magnus Carlsen cumple este viernes 28 a√Īos, con renovados motivos para celebrarlo por todo lo alto. Acaba de ganar el Mundial de Ajedrez por cuarta vez, ante el rival m√°s duro que ha tenido nunca. El estadounidense Fabiano Caruana logr√≥ hacerle tablas en doce partidas consecutivas, lo que les forz√≥ a jugar cuatro m√°s, a un ritmo m√°s r√°pido, de desempate. Ah√≠ el campe√≥n ha sacado la bestia que lleva dentro. Despu√©s de ganar las tres primeras, ha hecho innecesario que se disputara la √ļltima. Es campe√≥n del mundo en partidas cl√°sicas, r√°pidas y rel√°mpago. Su trono no se discute.

Sobre Carlsen se han estrenado pel√≠culas, se han escrito varios libros y se venden cientos de art√≠culos. Ha trabajado como modelo de ropa, patrocina media docena de marcas y es uno de los hombres m√°s fotografiados del planeta. La revista ¬ęTime¬Ľ lo incluy√≥ entre las cien personalidades m√°s influyentes, y ¬ęCosmopolitan¬Ľ, entre los m√°s sexis. Su empresa, Play Magnus, est√° valorada en 15 millones de euros y magnates como Bill Gates y Mark Zuckerberg se vanaglorian de haberlo conocido. El campe√≥n del mundo de ajedrez es un √≠dolo en su pa√≠s, donde ha llevado el ajedrez a cotas de popularidad sin precedentes.

Carlsen es tambi√©n un deportista con facilidad en otras disciplinas, y seguidor del Real Madrid. Lo que no tanta gente sabe es que de peque√Īo sufri√≥ acoso escolar. El tablero de ajedrez fue sin duda un terreno de juego donde pod√≠a refugiarse, con unas leyes justas e iguales para todos.

Su memoria es proverbial. A los cinco a√Īos conoc√≠a todas las banderas y capitales del mundo, pero no mostr√≥ verdadero inter√©s por el ajedrez hasta los ocho-. Ha tenido una novia, pero en una de las ruedas de prensa del Mundial dijo que las mujeres le odian, por lo que se intuye alg√ļn desenga√Īo. Tampoco √©l se suele explayar en las respuestas, que a menudo son monos√≠labos. ¬ęNo tengo demasiado tiempo para desarrollar una relaci√≥n seria¬Ľ, confes√≥ alguna vez.

Su entorno lo protege como a una pieza valiosa, una marca que genera cerca de dos millones de euros al a√Īo solo en patrocinios, m√°s lo que ingresa como deportista. Por mantener el t√≠tulo, se llevar√° 700.000 euros, m√°s un porcentaje de los ingresos por las retransmisiones. Su padre Henrik y su representante, Espen Agdestein, se reparten el trabajo ¬ęsucio¬Ľ mientras √©l se concentra en lo que mejor sabe hacer, jugar al ajedrez.

También le gusta dormir mucho y tiene fama de perezoso, acrecentada por su desencuentro con Garry Kasparov, que fue su entrenador durante algunos meses, antes de que sus personalidades demostraran que son incompatibles.

Magnus, por otro lado, nunca ha dado el menor s√≠ntoma de desequilibrio. ¬ęNo juego como una obsesi√≥n. Algunas personas s√≠ se obsesionan con el ajedrez, pero yo no. Mis exigencias son muy elevadas y me propongo lograr todas las victorias posibles, pero lo m√°s importante es que disfruto jugando¬Ľ, declar√≥ en una entrevista con ABC.

La presi√≥n de los admiradores (tiene incluso club femeninos de fans, como los artistas) es algo que sobrelleva como cualquier otra estrella. Con ocasi√≥n de esta conversaci√≥n, que tuvo lugar en M√©xico, habl√≥ de los ba√Īos de masas, sobre todo con p√ļblicos tan apasionados como pueden ser los latinos. ¬ęMe suele gustar. Depende de mi estado de √°nimo, pero a veces es demasiado¬Ľ, confes√≥.

Pese a todo, tambi√©n es ¬ęun poco friki¬Ľ. ¬ęSi no lo fuera, seguramente no ser√≠a tan bueno¬Ľ, sostiene Miguel Illescas, ocho veces campe√≥n de Espa√Īa, que escribi√≥ un libro sobre √©l.

Magnus ha sido comparado con frecuencia con una máquina. Juega casi tan bien como ellas y es el primer campeón que se ha criado entre ordenadores, lo que ha moldeado un estilo de juego a veces casi inhumano, por su calidad y la frialdad con la que ejecuta a sus rivales sobre el tablero. Cuando hay poco tiempo para pensar, se convierte en una bestia casi imbatible, como ha demostrado ante Caruana. Su intuición no puede ser combatida con el simple cálculo de los mortales. Al menos no en partidas en las que los minutos escasean.

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