Macron alardea de una cumbre del G-7 con muy pocos resultados concretos

Tras tres días de intensos debates, en Biarritz, los representantes del G-7, Donald Trump (EE. UU.), Emmanuel Macron (Francia), Angela Merkel (Alemania), Boris Johnson (Reino Unido), Shinzo Abe (Japón), Justin Trudeau (Canadá), Giuseppe Conte (Italia) y Donald Tusk (UE), consiguieron salir vivos del campo de minas de las grandes crisis y divisiones internacionales sin conseguir avanzar soluciones concretas a ninguno de los incendios que amenazan el nuevo desorden económico, comercial, militar y diplomático mundial.

Durante tres días, estos fueron los grandes temas de discusión: Guerras comerciales y crisis del comercio mundial, víctima de las tensiones chino-americanas; tensiones internacionales consecuencia de la crisis nuclear con Irán; Brexit duro, y tensiones trasatlánticas; puesto de Rusia en la nueva sociedad internacional; lucha global contra las desigualdades; y cambio climático y crisis ecológica en Amazonia.

Los siete grandes líderes occidentales dieron por concluidos sus debates con un breve comunicado de treinta líneas, resumiendo los trabajos de manera ecuménica y telegráfica. Comercio mundial: «Estamos apegados a la estabilidad económica mundial. Nos comprometemos a encontrar un acuerdo para simplificar las reglas internacionales»; Irán: «Compartimos los mismos principios. Teherán no puede tener el arma nuclear, nunca. Debemos favorecer la estabilidad regional»; Ucrania: «Alemania y Francia organizará una nueva cumbre, con Rusia»: Libia: «Apoyamos los trabajos de Naciones Unidas y la Unión Africana»; Hong Kong: «Hacemos un llamamiento a evitar la violencia». Ninguna mención a medio ambiente o Amazonia.

Emmanuel Macron y Donald Trump hicieron su propio y voluntarioso balance de la cumbre de Biarritz en una rueda de prensa mundial, en nombre de todos los participantes, insistiendo en los «avances» y «acuerdos» conseguidos, sin ocultar completamente la fragilidad volátil de tales propósitos.

Cumbre con Irán

El presidente francés decidió comenzar anunciando su proposición personal de celebrar una cumbre entre Donald Trump y Hasán Rohaní, presidente de la República Islámica de Irán, a partir de estos principios: «Estamos de acuerdo en dos puntos, que Irán debe respetar los acuerdos internacionales y que Irán no debe tener jamás el arma nuclear». A lo que Trump respondió: «Estaré dispuesto a reunirme con el presidente de Irán cuando las circunstancias lo permitan. De momento, Irán debe respetar las reglas de juego y tener cuidado; de lo contrario, será necesario utilizar la fuerza de manera muy violenta».

Se presta a Emmanuel Macron un trabajo de «intermediario», intentando favorecer una posible negociación directa y multilateral, entre Irán, EE. UU. y el resto de la comunidad internacional. Trump no desmiente, incluso sugiere que pudiera «negociarse» alguna forma de «ayuda» indirecta (créditos asegurados por el petróleo iraní), pero hace este análisis de fondo: «Irán no es hoy el país que era cuando yo llegué a la Casa Blanca, cuando Teherán apoyaba muchas acciones terroristas. Irán puede ser un gran país, pero tiene unos programas económicos graves y no tendrá nunca el arma nuclear. Si los iraníes se comportan correctamente podría reunirme con Rohaní».

En el terreno de las tensiones comerciales mundiales, Macron y Trump hicieron un balance «positivo» de la cumbre, sin poder precisar ningún acuerdo concreto. Trump estima que Pekín está dispuesto a negociar y rebajar la tensión, como consecuencia de sus presiones arancelarias, de alcance mundial. No está claro como pueden evolucionar unas tensiones desastrosas para Europa.

En su rueda de prensa conjunta, el presidente norteamericano y su homólogo francés evitaron evocar el tema inflamable del Brexit duro, apoyado calurosamente por Trump.

El domingo, Boris Johnson, primer ministro británico, había declarado que el Reino Unido no pagaría los 43.000 millones de euros, «o buena parte de esa cantidad», para consumar un Brexit duro, sin acuerdo. Antes que terminase la cumbre de Biarritz, la Comisión Europea (CE) recordó oficialmente que «el Reino Unido deberá pagar la factura del Brexit, para iniciar una nueva relación de pleno derecho».

Se trata de una crisis de inmenso calado, jurídico, institucional, que el G-7 ha preferido eludir, para evitar el enfrentamiento directo con Donald Trump, que apoya de manera muy enérgica un Brexit duro.

Reintegrar a Rusia

En un balance de la cumbre, la pareja Trump-Macron evitó evocar el debate de fondo sobre el puesto de la Rusia de Putin en la nueva sociedad internacional. Ambos son partidarios de «reintegrar» al dirigente ruso en los chalaneos del G-7. Pero la UE es hostil y no oculta su inquietud ante la gesticulación marcial permanente de Putin.

Organizador personal de la cumbre de Biarritz, Macron deseó introducir un gran debate de fondo: combatir colectivamente las desigualdades en la nueva escena mundial. Con ese fin fueron invitados países de varios continentes: Australia, Chile, la India, Burkina Faso, Egipto, Senegal, Rwanda, Sudáfrica y España.

Tan inmenso debate planetario fue parcialmente eclipsado con una larga serie de proyectos, ideas y negociaciones. Quedó como elemento positivo, quizá, el inicio de un diálogo más intenso entre Europa y África, con muchas promesas de ayudas y cooperación, cuando China ya ocupa un puesto creciente en el despegue económico del continente africano.

Novedad significativa en la historia del G-7: los grandes debates consagrados al medio ambiente, el cambio económico y la crisis global de Amazonia… Emmanuel Macron comenzó provocando una crisis diplomática grave con Brasil. El presidente francés inició los trabajos de la cumbre de Biarritz anunciando que Francia no aceptará los acuerdos comerciales entre la UE y Mercosur, calificando al presidente brasileño de «embustero»… Siguieron veinticuatro horas de tensiones.

Angela Merkel recentró la crisis, rechazando la ruptura sugerida por Macron. Pero el presidente de Brasil, Jair Bolsonario, respondió con brutalidad, lanzando chistes y bromas de la más baja estofa sobre Brigitte Macron, la esposa del presidente francés, que respondió «esperando» que los brasileños «tengan pronto un presidente más digno».

Sin zanjar esa crisis diplomática grave, el G-7 terminó anunciando una ayuda de 20 millones de dólares para combatir la crisis ecológica en Amazonia. El presidente brasileño se apresuró a rechazar tal ayuda, sencillamente irrisoria. A título personal, Leonardo di Caprio había anunciado que su fundación personal, «Earth Alliance», hará una donación de 5 millones de dólares, una cifra apenas cuatro veces inferior a la promesa de las siete grandes potencias occidentales.

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