Luz verde a las primeras 20 viviendas para sacar de la calle a los «sin techo» en la Comunidad de Madrid

Algo más de un millón de euros serán destinados, en 2019 y 2020, a dotar a la región de 20 viviendas donde albergar a personas sin hogar. El programa responde a un nuevo modelo de tratamiento de los «sin techo», el llamado Housing First o «primero hogar», que pretende no sólo sacarlos de la calle sino también, y sobre todo, romper el círculo vicioso en que viven y recuperarlos socialmente.

El Ejecutivo regional aprobó en su último consejo de Gobierno este gasto, de algo más de 500.000 euros anuales. La consejería de Políticas Sociales, que dirige Lola Moreno, lo iniciará con una veintena de viviendas situadas en municipios de más de 60.000 habitantes. Las ocuparán personas sin hogar, con problemas de salud mental, adicciones y discapacidad, que una vez ubicadas contarán con un proceso de acompañamiento e intervención social para lograr su total autonomía, tanto económica como doméstica y social. Este modelo ya se aplica en otros lugares, como el Ayuntamiento de Madrid, con una aceptación muy buena por parte de los usuarios, que, además de recuperar la normalidad, refuerzan su autoestima.

Recuentos

Para precisar el número de personas sin hogar que viven en la región, tanto en el Ayuntamiento de la capital como en el resto de la Comunidad se realizan recuentos periódicos. Los últimos se han llevado a cabo la pasada semana. Del que se realiza en las principales localidades de la región se encarga Cruz Roja. Su personal recorre las 17 localidades con más población: Alcalá de Henares, Alcobendas, Alcorcón, Aranjuez, Arganda, Collado Villalba, Coslada, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Majadahonda, Móstoles, Parla, Pozuelo, San Sebastián de los Reyes, San Fernando de Henares y Torrejón.

Los municipios donde se detectó un mayor número de personas sin hogar en la calle, según el último recuento del que se tienen datos (2016), fueron Alcalá y Torrejón. Un 80 por ciento eran hombres y, el resto, mujeres.

La franja de edad más frecuente entre este colectivo es la de 40 a 49 años. A la hora de elegir un lugar donde pasar la noche, la mayor parte de ellos en la región eligen una calle o plaza (20,7 por ciento) y una casa o edificio abandonado o en obras (18,6), además de otros como una nave industrial o un aparcamiento subterráneo (15,3). En la capital, sin embargo, la mitad se quedan en la calle (50,5) o, todo lo más, se instalan bajo un puente (12).

Un 38 por ciento de los «sin techo» están solteros, aunque también hay casados (15,9), divorciados o separados (26,1) o viviendo en pareja (13). Un 48,6 por ciento eran españoles y el resto de diferentes nacionalidades: sobre todo rumanos (38,9), pero también marroquíes o polacos (16,7 en ambos).

Hay un 5,5 por ciento de las personas sin hogar que tienen estudios superiores, especialmente entre los de origen extranjero

En cuanto a su nivel de estudios, más del 57 por ciento se quedaron en la Educación Primaria, pero hay un 37,2 por ciento que llegaron a Secundaria e incluso un 5,5 por ciento con estudios superiores, principalmente entre los de origen extranjero.

El desencadenante

Los avatares de la vida llevaron en muchas ocasiones a estas personas hasta una situación límite como es vivir en la calle. Para un 61,9 por ciento, el problema fue la falta de trabajo. Para un 35,2, la falta de dinero. Y entre el 13 y el 18 por ciento, no tenían regularizados sus documentos, sufrieron una ruptura afectiva o tuvieron problemas con el alcohol o las drogas.

Sólo un 15,7 por ciento aseguraron cobrar la renta mínima; el resto vivían de su trabajo (16,5), de lo que mendigaban (21,5) o de otros ingresos (45,5), entre los que citaban la venta de chatarra, algún trabajo temporal, ayuda familiar, de la parroquia o de alguna ONG, pequeños hurtos o actividades como vender poemas.

Entre ellos había fontaneros, albañiles, mecánicos, carniceros, cocineros, electricistas e, incluso, una asesora financiera y un profesor de universidad. La mayor aspiración declarada –para uno de cada tres de los sin hogar– era tener un piso para ellos solos. Más de la mitad habían sido víctimas de robos o agresiones, no denunciadas en el 69 por ciento de los casos. Un 44,6 por ciento aseguraban padecer alguna enfermedad, aunque el 74 por ciento de ellos no tomaba medicación.

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