Luis Luque volvió al teatro con una comedia de Woody Allen y a la TV con El Tigre Verón

“Hago lenguaje. No soy actor, prefiero ser yo. Tampoco s√© qui√©n soy, pero prefiero ser lo que imagino”, dice Luque Cr√©dito: Diego Spivacow/AFV

Es una figura de la pantalla que rara vez se sube a un escenario; esta vez lo hace en Si la cosa funciona, al tiempo que analiza y examina la actividad artística

“Para esta obra yo estaba? no asustado, estaba cagado en las patas. Hace cuatro meses que estoy estudiando la teor√≠a de las cuerdas de la f√≠sica cu√°ntica todas las ma√Īanas”, dice Luis Luque, con la camisa abierta hasta el ombligo, entre euf√≥rico y relajado. Caminamos hacia su camar√≠n por los pasillos del subsuelo del teatro Astros, horas antes de subir a escena con Si la cosa funciona, pel√≠cula de Woody Allen ahora devenida pieza teatral, que protagoniza junto a Roly Serrano, Carolina Papaleo, Laura Novoa y Luisa Drozdek. Su personaje es Boris Yellnikoff, un f√≠sico y mis√°ntropo que dice haber estado cerca de ganar el Premio Nobel por la teor√≠a de las cuerdas, y con un muy bajo concepto de la humanidad. A Luque suelen tocarle personajes fuertes, dif√≠ciles, peque√Īos monstruos en los que le va la vida, una delicada frontera entre ficci√≥n y realidad.

Ya en el camar√≠n, saca algunas cosas de su morral: los cigarrillos por ac√°, los guiones de la segunda parte de El Tigre Ver√≥n al lado (“Es que soy muy cabulero”, aclara).

Consulta si molesta que fume y enciende un cigarrillo. Se lo ve m√°s delgado, y cuenta que baj√≥ 22 kilos desde que hizo El puntero, porque ten√≠a que engordar para su personaje y se pas√≥ de la raya. (“Son esas pendejadas que hago, me cagan a pedos y tienen raz√≥n”). Despu√©s saca la petaca de whisky del bolsillo, pide por favor un poco de hielo y lo mezcla con jengibre (“Para aclarar la garganta, es trabajo muchachos”).

Enseguida hablamos sobre la composici√≥n de su personaje, el f√≠sico y candidato al premio Nobel, Boris Yellnikoff. “Soy muy euf√≥rico: mando, asocio, hago pelotudeces, todo en funci√≥n de llegar a entender claramente. Nunca estudio la letra casi hasta el final, pasa que trabajo todo con sin√≥nimos, con lo que dice el contenido. Y al trabajar todo con sin√≥nimos comprendo profundamente de qu√© estamos hablando”, cuenta.

Es un personaje entreverado, con una letra kilom√©trica y un gran desaf√≠o para cualquier actor. “Quer√≠a trabajar muy profundamente esto, sino no lo iba a poder hacer, ten√≠a que comprender muchas cosas. Aprender es el secreto de la vida -sigue Luque-. Pero no soy actor, no me considero actor. La actuaci√≥n es un canal m√°s que cuando tengo ganas lo abro y me sale; cuando soy m√ļsico toco y sale. Hago muy poco teatro, tiene que ser algo que me guste mucho, porque como en todo lo que hago me va el alma, me va la vida, porque no se dividir. Todo empieza a confundirse con la ficci√≥n, lo hago porque lo amo y porque lo siento”, reflexiona.

Acto seguido, arroja algo al segundo o tercer caj√≥n de una cajonera repleta de cables de tel√©fono, adornos para el arbolito de navidad o cualquier cosa que √ļltimamente recoge de la calle para luego intervenir las botellitas vac√≠as. “Todo el tiempo necesito estar creando, todo lo muestro, porque todo lo que se me ocurre lo hago. Tengo la idea de que la creaci√≥n y el talento es simplemente poder lograr lo que imagin√°s y yo entreno para eso, me mato para eso, se me va la vida en lo que hago, para que aparezca una verdad m√≠a. Algo √≠ntimo que seguro no conoc√≠a de m√≠, y el resultado seguramente es revelador, porque una cosa es imaginar y otra cosa es concretar. Creo que lo genial es hacer las dos cosas”, se explaya.

Ganador de siete premios Martín Fierro (entre individuales y colectivos), compuso personajes memorables en cine ( Tiempo de valientes, junto a Diego Peretti; Pájaros volando y Soy tu aventura, con Diego Capusotto); en teatro ( Los siete locos, Frankie & Johnny). En televisión hizo todo, desde el ciclo de Guillermo Bredeston y Nora Cárpena hasta Los simuladores, Mujeres de nadie, El puntero o Un gallo para Esculapio, entre muchísimas más.

Enciende otro cigarrillo: “Me gusta jugar, me la paso jugando, porque as√≠ estoy muy liberado y puedo ir a cualquier t√©rmino, de la luz a la enfermedad, o la oscuridad; como que se ablandan las zonas, el juego es el camino a la verdad. La verdad es indiscutible, es inaplaudible, y es lo que te hace ser un creador y revelarte cosas para vos. Eso es lo que quiero y lo que creo. Llegar a la revelaci√≥n. O sea que toda la maquinaria m√≠a tambi√©n puede justificar en realidad cualquier verdad. Puedo hacer cualquier cosa. ¬ŅSe entiende? Con mucho trabajo atr√°s”, sigue Luque apasionado, con un mandala del sur de la India (trabajo de un cham√°n) colgado del cuello (“olelo, mir√° c√≥mo huele esto… no me lo sacan ni a trompadas”).

Además de su trabajo en el teatro, por estos días se lo puede ver en El robo del siglo, el film de Ariel Winograd, con Diego Peretti y Guillermo Francella, que se estrenó en enero. Allí hace de Miguel Sileo, el negociador que dialogaba con Vitette, uno de los líderes de la banda de ladrones que entró a la sucursal del Banco Río de Acassuso.

También acaba de terminar el rodaje de Hoy se arregla el mundo, otra película de Winograd en etapa de postproducción, donde hace de conductor de un programa de TV clase B y en febrero comenzó a grabar la segunda temporada de El Tigre Verón, miniserie que protagoniza Julio Chávez a la que se sumó.

T√©cnico electricista, a los 15 arranc√≥ en ese oficio a la vez que empezaba a actuar en El Gallo Cojo, el legendario caf√© concert del productor Lino Patalano, donde hizo sus primeras armas. Despu√©s estuvo como administrativo en una f√°brica de alfombras, fue t√©cnico de prueba en una f√°brica de tel√©fonos y hasta puso su propia empresa “On”, de electricidad. Tambi√©n fue invitado a estudiar con el gran Carlos Gorostiza. Despu√©s, se hizo conocido en las telenovelas. La primera fue Barracas al Sur, con Mar√≠a Valenzuela, y con el √©xito de Aprender a vivir (junto con Gustavo Garz√≥n, Aldo Pastur, Marita Ballesteros y muchos m√°s), se empez√≥ a hacer m√°s conocido.

“Viajaba por todos lados, pero viv√≠a en un auto. Era un gitano. No estaba en ning√ļn lado, solo me deten√≠a cuando ten√≠a que laburar. Despu√©s, ser un gal√°n se convirti√≥ en una cruz, me convert√≠ en una persona totalmente esc√©ptica respecto del amor. Era infeliz, estaba solo y deb√≠a cumplir algunas normas que nunca pude, me estaba suicidando”, recuerda. Hasta que en un momento se cans√≥ y rearm√≥ su vida. En esa b√ļsqueda se encontr√≥ con la actriz Silvia Kutika, su mujer desde hace 17 a√Īos, dej√≥ de actuar por un tiempo y se dedic√≥ de lleno a dirigir y tocar con su banda de rock, La Dama, con la que ya cumpli√≥ treinta a√Īos en el ruedo.

Hay que decirlo. Luque se niega a definirse como actor. “Hago lenguaje. No soy actor, prefiero ser yo. Tampoco s√© qui√©n soy, pero prefiero ser lo que imagino. No tengo m√©todo, yo hago, juego, ordeno y muestro. Soy actor, soy director, soy m√ļsico, soy lo que necesito ser para contar alguna historia. La actuaci√≥n es un lugar de terror y de amor, luz y oscuridad. Pero es una clase para m√≠, y disfruto mucho sorprenderme”, reflexiona.

Y concluye: “Siempre tuve una b√ļsqueda inquietante respecto de la religi√≥n o el rito, de lo espiritual. Soy krishna, siempre busqu√© y prob√© de todo, las ense√Īanzas del gur√ļ Maharaji, estudi√© once a√Īos Kabash, estuve trabajando con el tema de los ovnis mucho tiempo, hasta que entend√≠: Dios soy yo”.

Si la cosa funciona

De Woody Allen. Dirección: Manuel González Gil

Astros, Corrientes 750.

Jueves a s√°bados, a las 21; y domingos, a las 20.30.

Entradas, desde 1000 pesos (jubilados 700).

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