Luis Alberto Spinetta: el hallazgo menos pensado

Luis Alberto Spinetta a los 17 a√Īos, en una de las im√°genes Cr√©dito: Gentileza National Geographic

D√≠as antes del estreno del episodio de Luis Alberto Spinetta de Bios.Vidas que marcaron la tuya, la serie documental de National Geographic y Underground que se ver√° este domingo, a las 22, sale a la luz un tesoro peque√Īo y significativo: un dibujo de Spinetta publicado en la revista Disney Club durante 1964. Un payaso melanc√≥lico que parece anticipar la tapa del √°lbum debut de Almendra.

“Despu√©s de tantos a√Īos de juntar revistas, tengo varios dealers -dice Alfonso ‘Ponchi’ Fern√°ndez, el coleccionista responsable del hallazgo-. Mi favorita se hace llamar La Faraona: una fan√°tica de Pastoral que maneja data muy fina del rock. Hace un par de a√Īos me tir√≥ un dato. Alguien, en alg√ļn punto de los noventa, le hab√≠a hablado del correo de lectores de la revista Disney Club. Al parecer, Spinetta hab√≠a mandado una carta a una revista infantil y se la hab√≠an publicado. Ese era el dato. Entonces me puse a bucear en las colecciones, a rastrear lotes y comprar por Mercado Libre. Yo buscaba una carta. Buscaba un ‘me encanta la revista, sigan as√≠’. No sab√≠a con qu√© me iba a encontrar“.

Fern√°ndez, que adem√°s de coleccionista es licenciado en Comunicaci√≥n Social, se meti√≥ de cabeza en las revistas de los a√Īos sesenta. No le result√≥, precisamente, un territorio ajeno. Desde hace tres a√Īos es el co-conductor de Los Subterr√°neos, un programa de FM Universidad de La Plata que se ocupa de reconstruir la historia de los medios gr√°ficos de la cultura rock en nuestro pa√≠s. As√≠, entre sus n√ļmeros de Pinap, Cronopios o La Bella Gente, comenzaron a colarse otras publicaciones del radio spinetteano m√°s temprano como Rayo Rojo. “Los s√°bados a la ma√Īana era una fiesta -recordaba Luis, en una entrevista-. Pasaba el diariero y mi t√≠a me compraba el Rayo Rojo o el Misterix, entonces escuchaba m√ļsica y miraba las historietas, lo cual es bastante marcante”.

Anticipo del documental sobre Luis Alberto Spinetta que este domingo, a las 22, estrenar√° National Geographic

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El final de su infancia, en ese sentido, es efervescente. En las postrimer√≠as de su paso por la escuela primaria, por ejemplo, cant√≥ “Piti piti” vestido como Tarz√°n en los carnavales tucumanos e, incluso, se present√≥ en un programa de televisi√≥n llamado La Pandilla Uanant√ļ. Ese mismo a√Īo, su vecino Jos√© “Mach√≠n” Gomezza (socio fundador de River Plate y masajista hist√≥rico de La M√°quina) le prest√≥ una guitarra criolla de 1923 que todav√≠a conservaba las cuerdas de tripa.

Su padre le ense√Ī√≥ los rudimentos de la afinaci√≥n y lo deriv√≥ a Dionosio Vison√° -su guitarrista en los tiempos en los que se presentaba como Carlos Omar- para tomar las primeras clases. “Tambi√©n el hijo de Vison√°, al que apodaban Puchi, me pas√≥ un par de lecciones. Pero yo ya hab√≠a desarrollado toda una personalidad musical sin saber tocar, imitando con la boca los sonidos de Bill Haley, las voces de Little Richard o Louis Armstrong, y cuando empec√© a tomar esas clasecitas era l√≥gico que me saliera algo folkl√≥rico. Entonces estaban muy de moda Los Chalchaleros. Ah√≠ me di cuenta que triunfaba un esp√≠ritu netamente musical, porque empec√© a sacar todo tipo de m√ļsica sin importar de donde proced√≠a. Mi hermana compraba una revista que se llamaba Noral√≠, y ah√≠ apareci√≥ ‘Ki chororo’, la primera canci√≥n que saqu√© con los acordes completos. Cuando tuve las primeras nociones elabor√© un mecanismo y pude sacar cualquier m√ļsica. Ten√≠a 12 a√Īos y estaba por empezar la secundaria”.

El payaso que dibujó Luis Alberto Spinetta en el comienzo de su adolescencia y que salió publicado en las páginas de la revista Disney Club

El salto hacia el Colegio San Rom√°n fue traum√°tico y fruct√≠fero. En cualquier orden. La severa direcci√≥n religiosa contrast√≥ cada vez m√°s con una sensibilidad expansiva alimentada por toda la m√ļsica y las ilustraciones que modificaban el PH del aire en la casona de Arribe√Īos. “Luis hac√≠a dibujos y era un √°vido lector de revistas de historietas del tipo Hora Cero -dijo Emilio Del Guercio, su compa√Īero de banco en el San Rom√°n-. Fue uno de los primeros que me habl√≥ de los Beatles”.

El a√Īo de la Beatleman√≠a lo encontr√≥ ah√≠, en el interregno. Entre los dibujos, el melodrama de los boleros, sus primeras incursiones po√©ticas y los ensayos de The Larkings. Entre la infancia y la adolescencia sesentista. En busca de la proverbial horma del zapato, el joven Luis era capaz de anotarse en el concurso de la Escala Musical (cant√≥ “Sabor a nada” y “Entrega total”, el hitazo popularizado por Javier Sol√≠s), monitorear a la banda beatle de Rodolfo Garc√≠a (“tocaban a cinco metros de la v√≠a y cuando pasaba el tren el ensayo cimbraba, ten√≠an que disolverlo. Aparte, al cantante, cuando entraba a destiempo o desafinaba, lo manteaban”) o publicar algunos versos en Adelante: la revista escolar del San Rom√°n (“el cielo de la noche / est√° embalsamado de encanto / y estoy yo”). “Estaba tratando de conectarme, aunque fuera en una forma zigzagueante, con lo que realmente me interesaba”, dir√≠a Spinetta.

Anticipo del episodio de Bios dedicado al Flaco Spinetta

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Publicado por Editorial Abril, el viernes 22 de mayo de 1964 apareci√≥ el primer n√ļmero de Disney Club: una revista para los ni√Īos de los sesenta. Prologada por el viejo Walt en persona, promet√≠a un sumario de aventuras, historietas, juegos de ingenio y chistes de diversa √≠ndole. Desde una introducci√≥n al aeromodelismo hasta las costumbres de las tribus del Mato Grosso, pasando por fotonovelas del Lejano Oeste y los detalles sobre la futura Operaci√≥n Apolo. “Todos los chicos que tengan su carnet Disney Club podr√°n colaborar en nuestra revista -promet√≠a el propio Disney-, que publicar√° sus dibujos, cartas y fotograf√≠as”.

Un par de meses despu√©s, en su n√ļmero 9, la revista public√≥ el dibujo de un lector de catorce a√Īos. Excepto la edad medianamente avanzada del ni√Īo (la mayor parte ten√≠a un promedio de nueve o diez), nada extraordinario: para aquel 17 de julio, era puro trabajo de rutina en la factor√≠a Disney. La profundidad hist√≥rica, sin embargo, estaba agazapada en ese cuadrado de cinco cent√≠metros de lado. Un payaso de tempera, a mitad de la p√°gina 3 y junto al margen izquierdo, miraba a los lectores con una mueca indescifrable. “Luis A. Spinetta, 14 a√Īos, Capital, es el autor de este dibujo”, apuntaba el ep√≠grafe.

No es posible subestimar ni sobredimensionar el hallazgo. En principio, puede verse como una mera curiosidad. Pero es un payaso de Spinetta a tres a√Īos de la fundaci√≥n de Almendra. A pocos meses de “Barro tal vez” y “Plegaria para un ni√Īo dormido”. La punta del ovillo para una figura recurrente en el incandescente imaginario spinetteano. “Cuando apareci√≥ el payaso me provoc√≥ un shock -confiesa Ponchi Fern√°ndez, sobre su hallazgo-. Estaba ante algo mucho m√°s valioso de lo que yo estaba buscando. Enseguida lo emparent√© con la tapa del disco y pens√© que no era el payaso de un nene: era un hombre pintado de payaso. Tiene una mirada melanc√≥lica, de costado. Como el tipo que sale de animar un cumplea√Īos y se para en la esquina a esperar el colectivo”.

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