Los votantes, entre la economía, la ideología y las cuestiones de estilo

Quizás el rasgo más curioso de estas elecciones sea que los principales protagonistas y candidatos, Mauricio Macri y Cristina Kirchner, tienen una muy mala imagen entre los votantes. En este sentido, cuando en Opinaia consultamos por la popularidad de la clase dirigente argentina vemos que Cristina Kirchner tiene una imagen muy mala, la peor opción de la escala, de 48%, seguida por Macri con 44%.

Por otro lado, ambos protagonistas ya gobernaron y ninguno parece tener grandes logros para mostrar en campa√Īa, principalmente en la resoluci√≥n de los temas econ√≥micos. Al preguntar por el principal problema del pa√≠s, dos de cada tres (66%) se√Īalan temas relacionados con la econom√≠a: inflaci√≥n, desempleo, pobreza. Cabe destacar que casi no hay casos en la historia donde gobiernos que habiendo empeorado las condiciones de consumo hayan sido reelectos. Si Macri finalmente renueva, ser√° un caso particular para los estudios de comportamiento electoral de la ciencia pol√≠tica.

Resulta m√°s curioso a√ļn que aquellos que so√Īaron con trascender la grieta desde una tercera opci√≥n finalmente se fueron desinflando a medida que la din√°mica electoral terminaba de moldear las candidaturas. Al ver los n√ļmeros, Macri y Cristina Fern√°ndez concentran el 76% de la intenci√≥n de voto, en un fuerte escenario de polarizaci√≥n que muy probablemente se acent√ļe entre las PASO y la primera vuelta.

Esta breve caracterizaci√≥n del contexto actual nos lleva a preguntarnos: ¬Ņcu√°les son las motivaciones de los argentinos a la hora de elegir entre dos opciones que no han podido resolver el tema medular de Argentina, la econom√≠a?

Un dato que puede ayudar a pensar esto es la opini√≥n de los argentinos sobre la confianza que inspiran distintas instituciones. En un ranking que armamos en Opinaia, los partidos pol√≠ticos ocupan, junto con los sindicatos, el √ļltimo lugar: el 85% de los encuestados manifiesta tener poca o ninguna confianza en ellos. Para tener una medida comparativa, en 1984 un 84% de los argentinos ten√≠a una imagen positiva de los partidos, seg√ļn Edgardo Catterberg y su ya cl√°sico Los argentinos frente a la pol√≠tica. Es decir, el deterioro de los partidos es notable.

Luego de dos proyectos que tuvieron su primera etapa esperanzadora, pero que terminaron en frustraciones, sumado al descr√©dito de la pol√≠tica en general, es probable que aquellos que no creen en ninguno de los dos polos, en vez de buscar y volver a depositar la confianza en uno nuevo, simplemente se hayan volcado a la apat√≠a. No hubo avidez por encontrar algo nuevo y superador de los proyectos ya gastados, y es como si los votantes dijeran: “Ya no me entusiasmo con nadie m√°s, esperar√© y elegir√© entre lo que haya”.

En este contexto, lo singular en estas elecciones es que se votar√° en gran medida por aquel espacio que me garantice que no volver√° a gobernar el proyecto por el cual siento un profundo rechazo. Al indagar entre los encuestados sobre la principal motivaci√≥n a la hora de elegir, el 21% de los votantes del Frente de Todos se inclina por la opci√≥n “para evitar que siga gobernado Macri”, mientras que el 32% de los potenciales votantes de Juntos por el Cambio lo har√° “para evitar que vuelva el kirchnerismo”.

Si ambos proyectos que ya gobernaron no tienen resultados en materia económica para mostrar, es lógico que los votantes no los elijan motivados por un fin pragmático: no hay grandes esperanzas en que la opción votada consiga mejoras significativas en las condiciones materiales de vida. Entonces echemos una mirada en lo opuesto a lo pragmático: la identidad partidaria.

En Opinaia preguntamos por la cercan√≠a con espacios pol√≠ticos, y dentro de las distintas opciones ofrecidas la m√°s elegida result√≥ ser “ninguno”, con el 29%. Cabe destacar la diferencia seg√ļn el segmento etario: mientras que en los m√°s j√≥venes (de 16 a 21 a√Īos) la opci√≥n “ninguno” fue del 36%, entre los mayores de 66 a√Īos baja al 14. Como ya vimos al hablar de confianza, la identificaci√≥n ideol√≥gica partidaria parece ser algo de otra √©poca.

Entonces, si las razones del voto no parecen ser ni pragm√°ticas ni partidarias, ¬Ņqu√© otra motivaci√≥n interviene? En mi opini√≥n, lo que pesa en estas contiendas es el estilo; vale decir, ¬Ņqu√© estilo de liderazgo me gustar√≠a que gobierne?

Los estilos se manifiestan en cuestiones como cuán importante es el concepto de verdad, cuánto gusta un liderazgo confrotativo, si se piensa que personas que vienen de estratos altos de la sociedad pueden tener sensibilidad por los pobres, si se prefiere estar integrado al mundo desarrollado o por el contrario estar más cerca de países periféricos, cómo se piensa que debe ser la relación de un gobierno con los medios de comunicación, o si te gusta un liderazgo personalista, de contenido emocional que se vincula de forma cercana con el pueblo y lo interpreta encarnando sus problemas aun tomando atajos no republicanos.

El estilo de gobierno tiene puntos de contacto con lo ideológico, pero se parece más a la estética que a un conjunto de ideas. Tal vez por eso, los intercambios de ideas entre personas que ya eligieron por una de las dos opciones resultan incómodos. Parecen poco fructíferos, pero son necesarios en una democracia.

ADEM√ĀS

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