Los sue√Īos de un libro infinito

Mientras desempolvaba libros en mi biblioteca, encontr√© la Enciclopedia dello Spettacolo publicada por Garzanti en 1976. Compr√© ese libro en Roma durante mi primer viaje europeo, en 1980. Ten√≠a 21 a√Īos y un ansia de conocimiento que encontraba en los diccionarios y las enciclopedias a sus mejores aliados. Para los miembros de mi generaci√≥n, muchas de esas grandes piezas de conocimiento resultaron decisivas en los a√Īos de formaci√≥n, fuera tanto en sus versiones academicistas (la Enciclopedia Brit√°nica ocupaba un sitial de privilegio) como en las de divulgaci√≥n popular (como el entra√Īable Lo S√© Todo, inestimable compa√Ī√≠a durante la infancia). Escribo desde hace muchos a√Īos con un diccionario al lado, y aunque a menudo siento que utilizo obstinadamente las mismas palabras, no dejo de consultarlo en el af√°n de encontrar alguna que me es desconocida y de comprender esos matices que le conceden a nuestra lengua una enorme riqueza.

La Enciclopedia dello Spettacolo es una edici√≥n peque√Īa de 900 p√°ginas, con lomo entelado y portable gracias a su tama√Īo reducido. Tiene setecientas entradas que refieren a las m√°s prestigiosas personalidades del cine, el teatro, el ballet y la televisi√≥n, pero incluye adem√°s referencias a personajes del cine o el teatro como arlecchino (personaje muy popular de la commedia dell’arte) o gracioso (como se nombra al c√≥mico en las piezas de Lope de Vega y otros autores espa√Īoles), adem√°s de alusiones a g√©neros o movimientos como assurdo (teatro dell’) o arrabbiati (grupo de escritores conocido en los a√Īos 50 como angry young men, encabezados por John Osborne y Kingsley Amis). El volumen cierra con una filmograf√≠a esencial.

Cuando la adquir√≠ empezaba a merodear el mundo del entretenimiento, con un inter√©s especial en los temas de cine y m√ļsica popular. Pero hab√≠a heredado de algunos de mis maestros (muchos de ellos secretos, porque ellos nunca supieron que los le√≠a con fruici√≥n y en muchos casos subrayando con un l√°piz de grafito las ideas que me resultaban m√°s provechosas) la idea de ese saber humanista que tuvo su cumbre en los d√≠as del Renacimiento. En ese mismo viaje, lo recuerdo mientras escribo, compr√© The Film Encyclopedia de Ephraim Katz y The Jazz Book de Joachim-Ernst Berendt, que aunque no pertenece estrictamente al g√©nero fue escrito con √°nimo enciclopedista.

Quiz√° me mov√≠a en aquellos a√Īos la idea de lo absoluto, que desde luego es falsa. En el curso de los a√Īos aprendemos que no saberlo todo (o saberlo apenas fragmentariamente, sin contar las omisiones que produce el olvido) nos asegura que en el futuro seguiremos aprendiendo cada d√≠a, si perseveramos en esa ansia de conocimiento que suele impulsar a los m√°s j√≥venes.

En alg√ļn momento de aquellos a√Īos, sucedi√≥ que la lectura de diccionarios y enciclopedias, durante la que el regocijado lector va de un t√©rmino o un tema a otro de manera aleatoria con una rara felicidad, me trajo algunas dificultades. Durante mucho tiempo, siendo presa de la inseguridad, cuando he consultado un diccionario o una enciclopedia sent√≠ a menudo que ese gesto develaba no tanto mi curiosidad como una inaceptable escasez de conocimientos. Flaubert, que era un gran lector del g√©nero, lo puso en estas palabras en su Diccionario de lugares comunes: el diccionario solo sirve a los ignorantes.

Por cuestiones relacionadas al oficio, son los escritores quienes los consultan muchas veces con fruici√≥n. Mientras escrib√≠a Cien a√Īos de soledad, Gabriel Garc√≠a M√°rquez comenzaba cada d√≠a leyendo el Diccionario de la Real Academia Espa√Īola, y Vladimir Nabokov, aunque para empezar ten√≠a a mano la obra monumental de Tolstoi y Dostoievski, en cuanto descubri√≥ los cuatro tomos del Diccionario de acepciones de la lengua rusa viva, del lexic√≥grafo Vlad√≠mir Dal, prefer√≠a leer diariamente unas diez p√°ginas para no perder contacto con su lengua materna. La lengua es la patria, claro.

Creo que fue el poeta Jean Cocteau quien razon√≥ que un solo diccionario contiene una biblioteca universal. La idea, de un inocultable gusto borgeano, se entiende f√°cilmente: en un solo ejemplar viven todas las palabras que han utilizado los hombres, orden√°ndolas a su capricho de manera incalculable, a la hora de escribir sus obras. Dig√°moslo de otro modo: si se nos permite apartar las historias que fueron escritas con palabras antiguas o pret√©ritas, ese diccionario vasto (ese libro infinito) contiene todos los sue√Īos de los hombres.

PLAYLIST

Mientras escrib√≠ este texto escuch√©: M√ļsica Nova. Harmonie des Nations (1500-1700), J. Savall; Cantigas de Santa Mar√≠a, Alfonso X el Sabio, La Capella Reial, Savall

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