los secretos de un Doncic que asusta

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Luka Doncic procuró aparecer en la NBA con cierta cautela. Al menos, con toda la que le permitió su juego, pues por más que este esloveno aún aniñado no subiese la voz en las duchas le resultó inevitable que su irrupción en el gran circo del baloncesto no provocase un temblor de proporciones rara vez vistas. Que terminase siendo elegido mejor novato del año fue algo protocolario a la luz de sus promedios: 21,2 puntos, 7,8 rebotes y 6 asistencias. También sumó ocho triples-dobles, el segundo rookie que más en la historia.

Pero por más que los antecedentes floten en el ambiente como un aviso de lo que podía suceder, lo que en este inicio de temporada está ocurriendo con Doncic supera cualquier baremo de la normalidad. En nueve partidos, el ex del Real Madrid luce unos promedios de 27,7 puntos por partido, 10,8 rebotes y 9,7 asistencias. O lo que es lo mismo, prácticamente un triple-doble cada vez que se enfunda la camiseta de los Dallas Mavericks.

Por poner el asunto en perspectiva: a sus 20 años, Lebron James andaba en 27,2 puntos, 7,2 rebotes y 7,4 asistencias, y Magic Johnson no pasaba de los 18 puntos, 7,7 rebotes y 7,3 asistencias. Lleva, lógicamente, más triples-dobles que nadie, cuatro. En su último encuentro, saldado con una victoria ante los Memphis Grizzlies, acarició el quinto (24+14+8) con una particularidad: jugó 28 minutos, descanso para él en el último cuarto después de sudar dos noches seguidas.

Doncic es, consumido casi un octavo de la temporada regular, el séptimo máximo anotador de la competición. Hay un pero: sólo uno de quienes le superan, Giannis Antetokounmpo, tira menos que él. Sin siquiera jugarse el lanzamiento en 20 ocasiones por partido, el MVP de la Euroliga de 2018 no palidece en materia de anotación más que ante Harden (líder con 37,1 puntos por noche), Lillard, Irving, el propio «Anteto», Leonard y Siakam. Menos le tosen en lo que refiere a las asistencias, con LeBron James ungido como incontestable «playmaker» de los Lakers (10,5 de media).

Por si faltaban alicientes para alimentar la expectación en torno a Doncic, batió su récord de anotación en su penúltimo partido, ante los Knicks, nada menos que 38 puntos. Con todo, se fue con el morro torcido tras pecar de exceso de confianza al jugarse el triple decisivo desde una posición inusitada.

Son los daños colaterales de un crío que tiene la liga a sus pies, dueño, este año sí, de un equipo que aspira a entrar en los play-off. Aunque visto lo visto no le han venido mal las vacaciones anticipadas tras quedarse fuera el año pasado. Allá por abril, con Eslovenia fuera del Mundial, Doncic comenzó un parón de casi medio año que le ha servido para hacer una pretemporada a conciencia. Ha perdido casi diez kilos –conviene recordar que a su llegada a la NBA se dudaba del acople de su físico a las particularidades de la liga– y ha limado aspectos técnicos, muchos defensivos, en una preparación que contrasta con las prisas que azuzaron su año de debut. Tras un año sin apenas parar (el Eurobasket se comió su verano de 2017 y compitió por todo con el Madrid), llegó al inicio de la fase regular con la lengua fuera. Ahora, descansado, cualquiera pone techo a Doncic.

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