Los políticos piden a La Almudena «ayuda» y «unidad»

MADRID Guardar

El alcalde madrileño, José Luis Martínez-Almeida, ha presidido la misa solemne que se ha celebrado este sábado en la Plaza Mayor para celebrar la festividad de La Almudena, patrona de Madrid y ante quien el alcalde ha renovado el voto de la Villa. Los políticos, en plena jornada de reflexión en la víspera electoral, han aprovechado la ocasión para pedir a la Virgen «ayuda», «unidad» y «altura de miras» en la clase política.

Martínez-Almeida no ha dudado en solicitarle a la patrona de la capital una ayuda en la jornada de reflexión: que los políticos estén «a la altura de los problemas de los madrileños» y sean «capaces» de dar soluciones a los problemas de los ciudadanos. Es la primera ocasión en que el regidor acude, en ese cargo, a la misa en honor de La Almudena. También le ha realizado una petición personal: «Que nos ayude a los políticos a estar a la altura de los madrileños».

Era la primera vez que Martínez-Almeida, en calidad de alcalde de Madrid, renovaba el voto de la Villa. Su mensaje ha sido pedirle a la Virgen «la gracia de vivir en paz, en tolerancia y en concordia» y que libre a los madrileños «de las discordias estériles cuyas primeras víctimas son siempre los más desfavorecidos».

El regidor popular ha rogado a la Virgen que «proteja» a las familias, «en especial para que se mantengan unidas», y que «a ningún ciudadano le falten el empleo ni los recursos necesarios para vivir dignamente». Le ha implorado también que ayude a la ciudad a «seguir siendo patria y tierra de acogida para todos los que buscan libertad y prosperidad». Y, por último, ha pedido a La Almudena «que difundáis en todos los corazones, especialmente en los de quienes tenemos responsabilidades públicas, el sincero deseo y la valentía de velar siempre por el bien común».

También la presidenta autonómica Isabel Díaz Ayuso ha aprovechado para hacer sus peticiones: le solicita que eche una mano para que «a partir del lunes España sea un país que sigue caminando unido, donde hay más convivencia y más diálogo entre todos los políticos». En su resumen, desea «convivencia y prosperidad siempre».

Por su parte, la vicealcaldesa de la capital, Begoña Villacís, también ha manifestado en público sus ruegos a la Virgen patrona de Madrid: «Salud y ayudar a que todos los madrileños puedan vivir mejor». La celebración de este sábado, asegura, «deja claro que Madrid puede ser muchas cosas, que puede ser futuro y vanguardia, pero también gran parte de Madrid son sus tradiciones».

La coportavoz municipal de Más Madrid, Marta Higueras, ha participado también en la celebración, y ha manifestado que «al igual que hoy celebramos la Fiesta de la Almudena, pido que mañana podamos celebrar la fiesta de la Democracia».

La homilía, celebrada en la Plaza Mayor, ha sido seguida por más de 5.000 fieles, que han escuchado atentos al arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, que ha llamado a «recuperar el encuentro y la reconciliación». Posteriormente, se ha llevado a cabo una procesión por las calles del centro de la capital hasta la catedral de La Almudena, donde se ha ofrecido una ofrenda floral a la patrona.

La historia de la imagen de la Virgen de La Almudena se remonta al siglo VIII, concretamente al año 711 d.C., cuando un ejército árabe-bereber cruzó el Estrecho de Gibraltar e invadió España. Los pobladores de Madrid, temiendo la inminente llegada de los musulmanes a su tierra, decidieron ocultar una estatua de madera de la Virgen María que, según la tradición, había sido traída a España en el primer siglo de la era, y la escondieron en un nicho de la muralla de la ciudad. Allí permanecío oculta durante cerca de cuatro siglos, durante la ocupación musulmana, hasta que en el año 1085, el rey Alfonso VI el Bravo reconquistó la ciudad para los cristianos.

Durante una procesión que se celebraba el 9 de noviembre, parte de la pared donde estaba escondida la imagen se desmoronó, y dejó a la vista a la Virgen, en presencia del rey Alfonso y de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. La leyenda dice incluso que aún conservaba a su lado, y encendidas, las velas que se pusieron cuatrocientos años antes, al esconderla.

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