los perros ya pueden ir al cine

Lo que leen: los perros ya ocupan las butacas del cine. Acaba de ocurrir en Brasil, en el preestreno de la película «A Dog’s Way Home» (Uno más de la familia). Los perros, 180 en total, acudieron a la sala de cine como miembros destacados de la «familia». Su agua y su tentempié (¿palomitas?) mientras miraban la pantalla, unos desde las butacas y otros desde el suelo; unos movían el rabo -cuentan que de «felicidad»- y otros dormitaban.

«No faltó agua ni comida para los 180 canes que abarrotaron por completo la sala del centro comercial Frei Caneca, situado en una de las calles más concurridas de la capital paulista, con la intención de conocer de mi primera “pata” la aventura de uno de los suyos. La cinta “A Dog’s Way Home”, del director estadounidense Charles Martin Smith, está basada en el libro homónimo y cuenta la historia de una perra que recorre más de 600 kilómetros en busca de su dueño, un estudiante que quiere hacer medicina. Sentados en los pasillos, algunos en butacas y otros en el regazo de sus dueños, los perros disfrutaron de la iniciativa, pues varios de ellos se fueron con la panza llena y otros se relajaron hasta el extremo. Una mujer decidió que era la ocasión perfecta para ir “en familia” y se llevó con ella a tres perros pequeños», dice el teletipo de Efe.

Esta iniciativa se suma a la de algún bar que sirven tapas a las mascotas, que ocupan lugares de honor en terrazas, o a la reciente en Madrid de que los perros puedan viajar en los autobuses de la EMT.

El animal comienza a posicionarse no ya a la altura de los humanos, sino en algunos caso por encima. No se extrañen si, en un par de semana surge otra noticia propia del «Mundo Today»: clases de hípica, con los caballos a lomos (hombros) de los hombres.

El animalismo es todo un negocio, un negocio que no cesa. Solo tienen que pasear por la calle y ver a algunos canes con chalecos y jerséis de las firmas más caras, además de souvenirs, desde paraguas perrunos a chapas. Mascotas con ropa de marca, con palomitas en los cines; mendigos sin abrigo ni pan… Esa es la sociedad a la que vamos, o la sociedad en la que ya estamos.

La sociedad pierde por instantes el oremus, en una constante involución: derechos y más derechos para los animales, que no tienen ningún deber. Solo una sociedad enferma puede colocar a los animales por encima de las personas. ¿Recuerdan uno de los comentarios contra el niño Adrián, el inolvidable niño con cáncer que soñaba con ser torero? «¿Que qué opino yo? Yo no voy a ser políticamente correcta. Qué va. Que se muera, que se muera ya. Un niño enfermo que quiere curarse para matar a herbívoros inocentes y sanos que también quieren vivir. Anda yaaa! Adrián, va a morir», se leyó en una red social por parte de una antitaurina.

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