Los «nativos» de Yuen Long se unen al Gobierno de Hong Kong para conservar sus privilegios

A una hora en tren al noroeste de la isla de Hong Kong, cerca de la frontera con China en los Nuevos Territorios, el distrito de Yuen Long cuenta con una abundante población leal al Gobierno local y al régimen de Pekín. En su mayoría, son «nativos» cuyos antepasados ya vivían en este lugar cuando los británicos expandieron su control más allá de la isla a finales del siglo XIX.

Gracias a su origen, la Administración colonial les concedió ciertos privilegios. El más importante, que los hombres mayores de 18 años tuvieran derecho a 70 metros cuadrados de suelo para construir una casa. Un auténtico lujo en un lugar tan superpoblado como Hong Kong, que tiene el precio de la vivienda más caro del mundo.

Aprovechándose de esta ventaja, y del carácter cerrado de estas comunidades ancestrales regidas por familias o triadas (mafias), los «nativos» se han aliado con el poder local para conservar sus privilegios. A cambio de que la Policía haga la vista gorda a los chanchullos con sus negocios y sus viviendas, que muchos construyen de varias plantas superando los 70 metros cuadrados o incluso venden a quien no es «nativo», apoyan a los políticos afines a Pekín.

Armados con cañas de bambú, y vestidos de blanco, entre 200 y 300 de ellos atacaron el domingo pasado a los manifestantes para darles una lección y que no traigan una revolución democrática a un lugar tan ancestral y con sus propias leyes como es Yuen Long. El salvaje asalto y la pasividad de la Policía, que apareció 35 minutos después y no detuvo a nadie esa noche, han encendido aún más a la mayoría de la sociedad hongkonesa. Por las redes sociales circulan vídeos y fotos de los agentes conversando con los atacantes de blanco tras el asalto, lo que ha provocado todo tipo de críticas por su dejación de funciones, cuando no connivencia. Desde entonces, y en medio de una fuerte indignación social, la Policía ha arrestado a una decena de sospechosos, algunos relacionados con las triadas.

Al paso de los manifestantes este sábado por sus barrios, donde los «nativos» se habían parapetado con cascos y máscaras, la tensión creció por los insultos que ambos se cruzaron, así como por el lanzamiento de adoquines y el ataque a un vehículo policial. Otro coche, al parecer de un miembro de una triada, fue destrozado por los manifestantes y en su maletero se encontraron palos, barras de metal y hasta una catana.

Para dispersar a la multitud, los antidisturbios dispararon gases lacrimógenos y empezó entonces una batalla campal que se prolongó durante seis horas, hasta pasadas las once de la noche. Generando reacciones de pánico, durante todo el día hubo rumores de que los «nativos» iban a volver a aparecer para atacar a los manifestantes. Pero finalmente no lo hicieron y, por esta vez, dejaron que la Policía los ahuyentara de Yuen Long, que está más cerca de China que de Hong Kong, tanto geográfica como ideológicamente.

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