Los misterios de la campa√Īa electoral part-time de Cristina

La estrategia de Alberto Fernández demostró varios desajustes a lo largo de la semana; la expresidenta luce apartada, pero su sombra sigue presente Fuente: Archivo

Le cuesta encontrar su papel. Cristina Kirchner entra y sale de la campa√Īa presidencial como si fuera un proyecto ajeno. Viene de pasar 10 d√≠as en Cuba, visitando a su hija Florencia , apenas conectada a la pol√≠tica por unos pocos llamados de tel√©fono al d√≠a a su candidato Alberto Fern√°ndez y, sobre todo, a su hijo M√°ximo . Abandona a menudo las redes sociales. Sus apariciones p√ļblicas se limitan a las presentaciones de su libro de memorias.

El peronismo la observa intrigado, sin acertar del todo cu√°nto hay de estrategia en el juego de la expresidenta. “Hubo una decisi√≥n inicial obvia de dejarle el protagonismo a Alberto para construir su autoridad, pero despu√©s nunca se concret√≥ del todo qu√© lugar iba a ocupar ella en la campa√Īa”, explica un dirigente involucrado desde principios de a√Īo en el proyecto opositor.

La discusi√≥n se reproduce hasta el infinito dentro y fuera del Frente de Todos: ¬Ņse esconde Cristina t√°cticamente, para despu√©s acaparar el poder? ¬ŅO realmente se imagina como una referencia de segundo plano, dispuesta a facilitar el gobierno de un “amigo” con quien lleg√≥ a tener diferencias abismales? “Es simple. Ella est√° superada por la situaci√≥n judicial, pasa m√°s horas con sus abogados que con referentes pol√≠ticos. Y la salud de la hija la compromete an√≠micamente m√°s de lo que muchos creen”, responde un hombre que la trata peri√≥dicamente. “Est√° en la campa√Īa hasta donde puede”.

Hasta cierto punto resulta inmanejable. La l√≥gica de su paso hacia abajo en la f√≥rmula presidencial apunt√≥ a transmitir moderaci√≥n, pero no tuvo reparos en mostrar que ella manda m√°s que nadie cuando toc√≥ armar las listas legislativas y las llen√≥ de incondicionales de l√≠nea dura. A su candidato lo hiri√≥ en la l√≠nea de largada. No sale casi en los spots de campa√Īa y solo ir√° a un pu√Īado de actos oficiales, pero en cada presentaci√≥n de Sinceramente deja frases que espantan a votantes ajenos a la grieta.

Fue todo rapidísimo. La invención de un candidato, la escritura de una nueva narrativa de mesura, la negociación contra reloj de un ensamble político. La batalla se les vino encima con el proyecto a medio hacer.

Entre los dirigentes del kirchnerismo ampliado se comenta con agobio la din√°mica ca√≥tica que los lleva hacia las elecciones. Alberto Fern√°ndez se propuso ser su propio jefe de campa√Īa, un rol que conoce mejor que el de candidato. Quienes lo frecuentan describen a un hombre estresado por la cantidad de tareas que acumula. Y atribuyen a ese estado algunos errores no forzados de estos √ļltimos d√≠as, como su destrato a periodistas que le hicieron preguntas inc√≥modas.

“Si queremos decir que vamos a ser distintos, no podemos descuidar ning√ļn detalle. El rival no te deja pasar una”, se lamentaba un integrante del c√≠rculo de confianza de Fern√°ndez.

Convertirse en candidato de Cristina ya es suficiente desaf√≠o para Fern√°ndez. Le toca convivir con el conflicto irresuelto de sus disidencias del pasado. La citaci√≥n a declarar como testigo en la causa sobre el pacto con Ir√°n lo expuso al contorsionismo verbal de defender a su compa√Īera y al mismo tiempo decir que no se retracta de sus opiniones. Dif√≠cil de encajar cuando lleg√≥ a acusarla de encubrir el atentado contra la AMIA.

M√°s a√ļn se le est√° complicando el trabajo de coordinar la campa√Īa. Tiene que ordenar a un grupo de dirigentes demasiado diverso y que tiende a la indisciplina, acaso incrementada por el compromiso part-time de la verdadera jefa pol√≠tica.

Los arrebatos de sindicalistas aliados como el bancario Sergio Palazzo y el piloto Pablo Biró alimentan el discurso del Gobierno sobre el carácter intrínsecamente violento del kirchnerismo. Una noción que Fernández se propone derrumbar.

Las gestiones sigilosas de su equipo de confianza con representantes de multinacionales e inversores extranjeros -les han llegado a sugerir que en un gobierno de Fern√°ndez se tomar√°n medidas para garantizar el libre movimiento de dividendos- chocan con las declaraciones p√ļblicas de Axel Kicillof sobre la necesidad de un control de capitales que remite a los cepos de sus d√≠as como ministro.

Existe ahí una disidencia de fondo. Los economistas que consulta Fernández y que imagina en su gabinete en caso de ganar -como Guillermo Nielsen o Miguel Pesce- disienten de manera profunda con la mirada profesional del candidato a gobernador bonaerense, asesor favorito de la expresidenta.

Parece un dato clave cuando se analiza un proyecto de poder cuya raz√≥n de ser es desbancar a un gobierno cuestionado por sus malos resultados econ√≥micos. ¬ŅSe pueden congeniar esas dos visiones -simplificando, la de Alberto con la de Cristina- o lo que empieza a emerger es el pr√≥logo de un choque de poder? Esa duda entretiene a los gobernadores e intendentes del PJ que se integraron con m√°s resignaci√≥n que esperanza al Frente de Todos.

La explicación recurrente que da el candidato es que no será un títere de nadie y que no volverá a pelearse con Cristina. La incógnita pasa por saber si ella piensa lo mismo.

El equilibrio entre lo que quiere ser y lo que necesita mostrar en campa√Īa ha llevado a Fern√°ndez a dar pasos no del todo acertados, a juicio de gente que trabaja para ayudarlo a ganar las elecciones. Un episodio fue la cr√≠tica furibunda del acuerdo entre el Mercosur y la Uni√≥n Europea (UE). “¬ŅPara qu√© decir que era una cat√°strofe para el pa√≠s, si quiz√° despu√©s necesite impulsarlo y aprobarlo?”, se pregunta uno de sus asesores. Pero a√Īade: “Ahora bajar√° el tono. Si gana, ya habr√° tiempo de retroceder”.

Tal vez le cuesten m√°s otros gestos de pol√≠tica exterior. Su visita a Lula en la c√°rcel provoc√≥ desconcierto en el gobierno de Brasil, con el que -m√°s all√° de la impresi√≥n que pueda tenerse de Jair Bolsonaro- tendr√° que entenderse si triunfa. Alguna extra√Īeza caus√≥ tambi√©n en la embajada de Estados Unidos que despu√©s de haberse prodigado en gestos privados de conciliaci√≥n haya dicho en campa√Īa que los argentinos tendr√°n que elegir entre “el candidato de Donald Trump y el candidato de la gente”.

Esta semana hubo un intento de mejorar la coordinaci√≥n de campa√Īa. Se busca transmitir un mensaje optimista, con mucho uso de la palabra “futuro”, para no quedar atados a la cr√≠tica a la econom√≠a macrista como √ļnico argumento. Uno de los temas que m√°s se les est√° pidiendo a los dirigentes del kirchnerismo es que no transmitan enojo con los votantes macristas. Necesitan correrse del eje del pasado. “No podemos dejar que instalen la idea de que seremos el gobierno de la venganza”, le dijo Fern√°ndez a un grupo de candidatos. Pero el rival tambi√©n mueve. Macri, Mar√≠a Eugenia Vidal y Horacio Rodr√≠guez Larreta, aprovechando los deslices kirchneristas, se alinearon otra vez con el discurso del miedo.

Los n√ļmeros que manejan en las oficinas kirchneristas son menos concluyentes que los de hace un mes, con Macri recuperando imagen positiva e intenci√≥n de voto. La f√≥rmula Fern√°ndez-Kirchner mantiene el liderazgo por 5/6 puntos en primera vuelta, dicen. El Gobierno habla de una diferencia algo menor.

Entramos, seg√ļn los principales analistas de opini√≥n p√ļblica, en una etapa de m√°xima incertidumbre. Se desdibujan los favoritos, la polarizaci√≥n se extrema y empieza a pesar muy fuerte el trabajo profesional de la campa√Īa. Es un punto que preocupa al armado opositor, que se sabe inferior a Cambiemos en ese terreno. Necesita que el candidato retome el centro y que Cristina -detr√°s de escena- lo ayude a controlar el ej√©rcito heterog√©neo con el que aspiran a reconquistar el poder.

ADEM√ĀS

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