Los minutos de silencio de «Sabrina»

Sabrina Gallo, de 27 años, desaparece un día de su ciudad natal. Poco después, varios medios de comunicación reciben un vídeo en el que se ve cómo es asesinada. Pero « Sabrina» no es la historia de ese asesinato –despreciable y patético, como lo son siempre ese tipo de crímenes–, sino la de lo que sucede tras él. Es la historia de Sandra, la hermana de Sabrina, incapaz de poner palabras a lo que siente. Es la historia de Teddy, su novio, que con los nervios destrozados se refugia en casa de un viejo amigo, el cual no sabe muy bien cómo lidiar con la situación. Y es la historia que se repite crimen tras crimen, tragedia tras tragedia: la de los medios que se empeñan en escarbar en detalles morbosos e irrelevantes, la de los profesionales de la paranoia que aprovechan para acercar cualquier ascua a su sucia sardina, la de los millones de convencidos de que tienen que hacer oír su opinión, dejarle claro al mundo que son más listos que los demás y que no se creen nada.

Esa es una historia muy repetida, quizá la única que somos capaces de contar de un tiempo a esta parte. Pero, por fortuna, Nick Drnaso (Palos Hills, Illinois, 1989) no cae en la tentación de pontificar, sino que mira y escucha cómo los personajes buscan la forma de reaccionar a lo inimaginable.

Saber callar

Llama la atención cómo, a medida que la historia avanza, hay cada vez más silencio, cada vez más páginas de los personajes caminando, viviendo, sin diálogo. Sirve como contraste a las conversaciones vacías, sobre nada, con las que se intenta llenar el vacío en muchas otras páginas, y también a las diatribas de un conspiranoico locutor radiofónico y de sus seguidores. Pero también nos muestra que a veces no hay nada que decir, no es necesario, basta con tan sólo estar en el mundo a pesar de todo. Poco a poco, los protagonistas vuelven a la vida, y hasta la tupida red de viñetas que cubre muchas páginas parece abrirse un poco, deja respirar otra vez.

Esa capacidad para estar callado es quizá lo fundamental de «Sabrina». Y nos indica algo: esto –pese a la nominación al premio Man Booker– no es una novela, sino un cómic (o «novela gráfica», término muy engañoso). Ocasión para recordar que ambos mundos son profundamente diferentes, aunque se suelen confundir por aquello de ser, al cabo, libros, paralelepípedos con páginas. Una novela no puede quedarse en silencio: puede ser reflexiva, pero necesita palabras, necesita siempre hablarnos. Un cómic, en cambio, nos puede permitir simplemente estar en él; contándonos cosas (el dibujo también es un lenguaje), pero nos deja escuchar a nuestros pensamientos, o, sencillamente. quedarnos callados. Un raro regalo, hoy en día.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!