Los intocables

No son los de Elliot Ness, ni los marginados de la India, sino los que, en el atribulado universo futbolístico, parece que, hagan lo que hagan -es decir, jueguen como jueguen- siempre tienen que estar ahí como el dinosaurio de Augusto Monterroso. Y si a un entrenador, pobre de él, se le ocurre sentarlos o cambiarlos en pleno partido tempranamente, un aluvión de opiniones caerá como el fuego del infierno. Pero esa es la labor de cualquier entrenador. No sentar a los intocables, pero sí alinear a los que se encuentran en mejor estado de forma. Lo demás es silencio. Se trata de algo tan sencillo como determinar quién está y quién no está en forma, tenga la trayectoria que tenga, los títulos y los parabienes pasados.

El f√ļtbol, como esta sociedad l√≠quida (Baumann) que se ha construido tan desquiciada, vive en el presente. El azar venci√≥ a la necesidad. Como la gran pel√≠cula de Edgar Neville, el f√ļtbol es La vida en un hilo. Un hilo d√©bil y caprichoso. En plantillas como la del Madrid, a pesar de los errores cometidos, hay jugadores para cualquier momento. Se cuenta que pocos, escasos son los partidos en los que se enfrentan once contra once, aunque sobre el c√©sped haya veintid√≥s. En el Madrid, reciente y pasado, esto se ha visto, o sufrido, m√°s de una vez y de dos. Los nombres que los recuerde el lector, pero saltan a la vista. Bien los conoc√≠a Zidane, quien, como se cuenta en el excelente ensayo de Juan Carlos Cubeiro, Liderazgo Zidane, sab√≠a c√≥mo dirigir a cada jugador y lograr de √©l su mejor versi√≥n.

Solari probablemente descubri√≥ el s√°bado tras la humillaci√≥n de Ip√ļrua frente al Eibar a los que tiene delante. Con los que se las tiene que ventilar hasta junio. Esta noche en Roma pintar√°n bastos. En absoluto est√° la eliminatoria lograda. El Madrid es un guadiana, aparece y desaparece, casi por capricho. Los famosos ocho candidatos al bal√≥n de oro est√°n ofreciendo un espect√°culo bochornoso y una actitud inquietante. ¬ŅQu√© pasa en el vestuario? Esta noche, gran enigma. Otro. M√°s.

Fernando R. LafuenteColaboradorFernando R. Lafuente

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