Los curiosos cementerios elegidos por los reyes de Aragón para su descanso eterno

Del abrigo rocoso de San Juan de la Pe√Īa, en el coraz√≥n del Pirineo aragon√©s, a la catedral de Barcelona que mira hacia el Mediterr√°neo, pasando por el rigor de los Monegros o el cenobio oscense de San Victori√°n, en el Sobrarbe aragon√©s. Son algunos de los rincones elegidos por los sucesivos reyes de Arag√≥n para su descanso eterno. Enclaves llenos de significado hist√≥rico, a menudo poco conocidos, y que ahora son objeto de una exposici√≥n centrada exclusivamente en lo que son y lo que fueron estos panteones reales.

La muestra recorre la historia del Reino y la Corona de Arag√≥n de la mano de los lugares en los que decidieron ser enterrados sus reyes. La ubicaci√≥n, en gran parte, est√° condicionada a la propia evoluci√≥n geogr√°fica del Reino, desde que naci√≥ en unos peque√Īos condados del Pirineo central, hasta que se convirti√≥ en potencia internacional tras siglos de expansi√≥n peninsular, de incorporaci√≥n de los condados catalanes y de ocupaci√≥n de m√ļltiples territorios ba√Īados por el Mediterr√°neo.

El Monasterio de San Juan de la Pe√Īa es el primer enclave convertido en pante√≥n de reyes. Un rinc√≥n labrado en las entra√Īas del Pirineo, en un abrigo rocoso cargado de simbolismo. El recorrido sigue por el cenobio de San Victori√°n, en la tambi√©n pirenaica comarca del Sobrarbe. De ah√≠ pasa a Santa Cruz de la Ser√≥s, cerca de la localidad altoaragonesa de Jaca; contin√ļa por el castillo de Montearag√≥n (Huesca), lugar en el que fue enterrado Alfonso I El Batallador, cuyos restos se trasladaron luego a la iglesia medieval de San Pedro el Viejo, en Huesca capital, que tambi√©n fue pante√≥n real.

La lista de cementerios reales de la Corona de Arag√≥n incluye tambi√©n, entre sus puntos destacados, al Monasterio de Santa Mar√≠a de Sigena, en la tambi√©n oscense localidad de Villanueva de Sijena, en la comarca de los Monegros. En ese cenobio fueron enterrados la reina Do√Īa Sancha, que adem√°s fue fundadora del monasterio, y el rey Pedro II.

En los dominios catalanes de la Corona de Aragón, los reyes también eligieron enclaves para su descanso eterno. Es el caso de los centros monásticos franciscanos de Barcelona y de Lérida, donde fueron enterrados los reyes aragoneses Alfonso III y Alfonso IV, respectivamente. Y los dos grandes panteones reales de esencia mediterránea e inspiración gótica ubicados en la provincia de Tarragona: los monasterios cistercienses de Santes Creus y de Poblet.

La exposición dedicada a los panteones reales del Reino y la Corona de Aragón puede verse hasta el 17 de marzo en la Sala de la Corona del Edificio Pignatelli, la sede central del Gobierno aragonés en Zaragoza. Organizada por el Ejecutivo autonómico en colaboración con la Fundación Ibercaja, la muestra exhibe 144 piezas que abordan el simbolismo religioso, el contexto histórico y el valor artístico ligado a estos panteones reales.

Entre los aspectos que aborda la exposici√≥n se incluye un espacio espec√≠ficamente dedicado a las ceremonias f√ļnebres, a la muerte del rey, ¬ęque siempre era un momento cr√≠tico para el reino, aunqu eestuviera asegurada su sucesi√≥n¬Ľ, explican los organizadores de esta muestra. La exposici√≥n tambi√©n recuerda a los miembros de la Casa Real aragonesa que, por razones de estrategia pol√≠tica o de alianzas con otras potencias del momento, fueron sepultados fura de los dominios de la Corona de Arag√≥n. Fue el caso de varias infantas aragonesas que se casaron con monarcas europeos; o el del rey Fernando II de Arag√≥n (El Cat√≥lico), cuyos restos est√°n sepultados junto a los de la reina Isabel en la Capilla Real de Granada, el lugar que ambos eligieron envida para su descanso eterno.

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