Los chalecos amarillos seguirán protestando contra Macron

Emmanuel Macron no ha convencido a los chalecos amarillos. Y el movimiento social contra la subida del precio de los combustibles y la carestía de la vida corre el riesgo de agravarse.

La mañana del martes, Macron esperaba «desactivar» el movimiento de protesta anunciando un «nuevo contrato social», proponiendo una «ecología popular», creando un Alto Consejo Nacional para la Transición Energética (ACNT) y anunciando la supresión de 14 de los 58 reactores nucleares franceses, para reducir del 75 al 50% la parte de la energía nuclear en el consumo de electricidad.

La creación del ACNT estaba prevista desde hace semanas. El estallido del movimiento de protesta de los chalecos amarillos forzó al presidente Macron a dar un giro táctico importante.

El presidente de la República no cede en ningún punto esencial, pero avanza gestos verbales de carácter simbólico.

«He comprendido la cólera profunda», dijo Macron en su discurso de presentación del ACNT, añadiendo numerosas alusiones que intentan «calmar los ánimos»: «Distingo bien a los autores de violencias inaceptables de los franceses de buena fe que desean hacerse escuchar (…) Comprendo muy bien a quienes non dicen que les hablamos del fin del mundo, cuando ellos sufren la angustia cada fin de mes (…) Deseo que los representantes de los chalecos amarillos participen en la gran negociación colectiva que debe iniciarse, a través del Alto Consejo Nacional para la Transición Energética, en el que también estarán presentes sindicatos, políticos, empresarios, gestores públicos».

Sin organización, sin dirección y sin un portavoz único y oficial, el movimiento de los chalecos amarillos parecía responder la tarde del martes con mucha decepción, y llamamientos a nuevas movilizaciones.

Desde Marsella, un portavoz local de 22 años, Mathieu Blavier, declaró al vespertino Le Monde: «El presidente envía un mensaje de paz social. Está muy bien. Pero no es suficiente. Temo que el movimiento crezca y se agrave. Debe escucharnos».

¿Escuchar? ¿A quién? El sábado, Macron denunciaba «escenas de guerra civil». Y sus ministros denunciaban a la extrema derecha, la «peste parda». El martes, Macron propuso «integrar» a los chalecos amarillos en un proyecto de nuevo «contrato social».

En orden disperso, portavoces auto proclamados, militantes, jóvenes, jubilatas, padres y madres de familia, responden a través de las redes sociales con advertencias difíciles de calibrar: «Está creciendo la cólera (…) Nos sentimos despreciados (…) El movimiento se agravará».

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