Los ataques velados de Madrid al equipo negociador del Brexit complican el acuerdo por Gibraltar

El estatus de Gibraltar en el acuerdo para materializar el Brexit aparta a España del consenso sobre el acuerdo entre el Reino Unido y la UE. El Gobierno rechaza el artículo 184 del proyecto de Tratado que deja abierto el futuro del peñón a una negociación entre Reino Unido y la Unión Europea, sin mencionar expresamente la participación de España. El presidente del Gobierno va a tener un papel central en el consejo europeo extraordinario del próximo domingo, porque deberá defender su amenaza de votar en contra del acuerdo en una situación extremadamente delicada para todos. Además, el Gobierno británico insiste ahora en que la colonia debe estar incluida en las negociaciones con Bruselas, es decir, que contesta a la amenaza de veto de Sánchez con un ultimatum. En declaraciones de un portavoz oficial recogidas por Europa Press, el Gobierno británico aseguraba ayer que «la primera ministra ha sido clara en que no excluiremos a Gibraltar ni a los otros territorios de ultramar y dependencias de la Corona de nuestras negociaciones sobre la relación futura».

Había avisado en la víspera el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, y ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, rompía la baraja, «lamentando» que «un Gobierno proeuropeo como es España votará no al Brexit en estos términos». El presidente del Gobierno reclamó cambios en el texto respecto a esta materia: «A día de hoy, si no hay cambios con respecto a Gibraltar, España votará no al acuerdo sobre el Brexit». Visiblemente irritado y muy contundente, Sánchez manifestó que «si tenemos este acuerdo es que alguien no hizo bien su trabajo en Bruselas». No se quiso decir más, pero en privado se apuntaba al negociador Michael Barnier.

Fuentes del Gobierno se manifestaban ayer «optimistas» sobre que puedan obtener cambios. Se asegura en La Moncloa que ningún mandatario europeo les ha reprochado su posición. En el día de ayer el presidente del Gobierno habló con autoridades europeas como Jean Claude Juncker o Donald Tusk y también tenía previsto hacerlo con la primera ministra británica, Theresa May, que hoy se reune con el presidente de la Comisión Jean-Claude Juncker.

«Lo que pide España es algo razonable», aseguran desde la presidencia del Gobierno, desde donde se reprocha que «el artículo 184 ha aparecido en las últimas 72 horas y nadie nos ha dicho nada, lo han metido en el último minuto». El Gobierno español desea que se clarifique que el futuro de Gibraltar dependerá de la relación bilateral entre España y Reino Unido. Y quieren que eso figure «tanto en el acuerdo de retirada como en la declaración política». Desde Moncloa se asegura que este era el planteamiento que «estaba aceptado y lo han cambiado».

Y aunque se reconoce que España no puede vetar el acuerdo porque requiere simplemente de mayoría cualificada y no de unanimidad consideran a su vez que «políticamente no parece razonable que salga con el voto en contra» de un país «tan europeísta e importante como España». Y se insiste en que se llegará hasta el final: «Estamos legitimados. Esto es demasiado grande para dejarlo pasar».

La Comisión recuerda que ya hay tres declaraciones del Consejo Europeo en las que se afirma con toda claridad que cualquier decisión de las relaciones futuras con Gibraltar debe ser negociada entre España y el Reino Unido. De hecho, el documento específico que han negociado Londres y Madrid ya está prácticamente cerrado. Pero ningún gobierno español puede aceptar que la UE pudiera asumir un cambio legal en el estatus de Gibraltar que llegase a dañar las aspiraciones a la soberanía de este territorio.

Nadie ha explicado formalmente de donde ha salido el artículo 184 del tratado de retirada del Reino Unido de la UE que ha sido la causa de esta repentina posición del Gobierno. El problema para Pedro Sánchez es que este es el peor momento para romper la unidad del conjunto de la UE, que es el argumento más importante para garantizar que el proyecto sobreviva al Brexit.

El portavoz de la Comisión Europea no quiso dar ayer muchas precisiones sobre las discusiones en curso, salvo las que daban a entender que al negociador jefe de la UE Michel Barnier no le han convencido para que acepte cambiar el proyecto de tratado de retirada -que si tiene valor jurídico- pero si acepta la posibilidad de hacer algo en la declaración sobre las relaciones futuras, que aún no se conoce.

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