Los aranceles impuestos por Trump perjudicarán a los ciudadanos americanos

El televisor LED marca TCL de 55 pulgadas que Walmart vende por 379 dólares, puede llegar a costar 473 en cuatro meses. El sofá de dos plazas Mainstay, que ahora vale 199 dólares, puede ascender a 250. El juego de maletas Protege, de 49,99 dólares podría pasar a 60. Son todos ellos productos baratos hechos en China, y si las repetidas advertencias de las empresas y patronales norteamericanas se cumplen, finalmente será el consumidor norteamericano el que tendrá que pagar de su bolsillo los aranceles impuestos el lunes por Donald Trump a importaciones de ese país por valor de 200.000 millones de dólares (172.000 millones de euros).

Hay una pregunta que guía los impulsos de Trump en política internacional: «¿A cuánto asciende nuestro déficit comercial?». Surge en prácticamente todas las reuniones bilaterales que mantiene el presidente norteamericano, incluida la que tuvo el año pasado con el expresidente del Gobierno español Mariano Rajoy. Es en realidad un baremo muy sencillo: cuanto más grande es el déficit fiscal de EE.UU. con respecto a otro país, mayor es la probabilidad de que Trump pida medidas punitivas. Y de entre todos los déficits comerciales, el de China es insuperable. Sólo el año pasado China exportó a EE.UU. bienes por valor de 505.000 millones de dólares, 375.000 millones más de los que importó. Eso explica la guerra comercial, que esconde otra diplomática, entre las dos primeras economías del mundo.

«Sin medidas agresivas, EE.UU. puede encontrarse con que en dos décadas se ha reducido de forma drástica el número de puestos de trabajo en sectores tan diversos como la fabricación de semiconductores, ordenadores, fármacos y automóviles, debido a la estrategia china de atacar comercialmente esos mercados en otros países», opina Robert Atkinson, presidente de la Fundación para la Innovación en la Tecnología de la Información, el principal ‘think tank’ del sector. Aún así, cree que «no está claro que la estrategia actual del Gobierno vaya a funcionar».

Em junio, Trump impuso a China aranceles por valor de 50.000 millones. Hace una semana, los incrementó en 200.000 millones. En total 5.745 productos —alimentos, textiles, electrodomésticos, muebles, entre otros— están sujetos ya a impuestos fronterizos de un 10%, que ascenderá al 25% en enero.

Trump quiso tomar esta medida en cuanto llegó a la Casa Blanca, pero sus asesores más moderados —el director del Consejo Económico Gary Cohn o el asesor de Seguridad Nacional H. R. McMaster— se lo impidieron. Todos ellos han dimitido o sido despedidos. Su opinión, ampliamente compartida por los economistas, era que los déficits comerciales en realidad no tienen efecto sobre la economía. «Productos de México, Canadá y China inundan el mercado norteamericano porque son baratos. Los americanos que gastan menos dinero en esos productos, tienen más dinero para comprar otros productos, gastar en servicios o ahorrar», le dijo Cohn a Trump en una ocasión, según detalla el periodista Bob Woodward en su reciente libro Miedo.

¿Cuál es el motivo de estos aranceles? Tras una investigación, el departamento de Comercio concluyó que China es capaz de vender a precios baratos por una serie de prácticas que violan los tratados internacionales, entre ellas el espionaje industrial y el plagio de patentes. «A partir de ahora esperamos que el comercio con China sea justo y recíproco», dijo Trump al anunciar las medidas.

Grandes tecnológicas como Apple y distribuidoras como Walmart o Target se han opuesto a la medida. «Los aranceles son un impuesto que acabarán pagando las familias norteamericanas. Es desafortunado que, a pesar de las quejas de los perjudicados, este Gobierno siga persiguiendo una política comercial cuya principal consecuencia puede ser el debilitamiento de la economía», asegura Matthew Shay, presidente de la Federación Nacional Minorista, la patronal del sector.

Estas advertencias no parecen calar en Trump, quien ya ha anunciado que prepara una tercera ronda de aranceles a más productos chinos por valor de 267.000 millones de dólares.

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