«Lo mío es un oficio, lo de Pedro Sánchez es un negocio para la editorial»

Recorriendo los sórdidos corredizos de la cárcel de Hohenschönhausen, en Berlín Este, el sótano que los presos apodaron «el submarino» por la ausencia de luz y de aire fresco, en el que miles de ciudadanos sufrieron las torturas de la temible Stasi y que oficialmente figuraba como una «prisión de investigación», Paloma Sánchez-Garnica reflexiona sobre el determinismo histórico y sobre ese estrecho margen que las circunstancias dejan al individuo para construir su propia historia.

«Muchas veces, tenemos la libertad de elegir nuestro destino, pero tenemos miedo. Nos acomodamos a lo que no nos gusta, porque nos da miedo equivocarnos o estrellarnos. Hay ocasiones en que esa parálisis viene forzada, no hay gran cosa que puedas hacer, como en las dictaduras, pero incluso en esos casos hay personas que, como Bettina, luchan por la libertad, libertad simplemente de pasar la frontera, de salir», dice, en referencia a uno de los personajes de su novela «La sospecha de Sofía» (Planeta), que llega hoy a las librerías como avanzadilla de la celebración del 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín, en noviembre de este año.

La historia discurre entre el Madrid del tardofranquismo y el Berlín dividido por el Muro, tras el que la RDA, la Alemania comunista, determina cruelmente la vida de un grupo de personajes desangelados, conectados entre sí por lazos de sangre y fatalidad en los que desdoblan sus sentimientos y sus fidelidades.

Entre el coro de personajes, destacan las voces de un catálogo de mujeres, un muestrario de formas de vivir la feminidad, la maternidad y las relaciones en el que cada una de ellas opta, en la medida de lo posible, por diferentes modelos. «Nací en ese tardofranquismo, he conocido a mujeres como Sofía, que se plegaron al rol de madre y esposa que imponía esa sociedad; también a otras como Carmen, que rompe el techo de cristal y sacrifica el amor para poder vivir como ella quiere», comenta la autora, legitimando cada una de las opciones de búsqueda de su lugar en el mundo y subrayando el valor de todas ellas para luchar por lo que quieren.

En el caso de las mujeres a las que les tocó lidiar con el feminismo comunista, que igualmente destroza sus vidas y sus esperanzas, Sánchez-Garnica afirma haberse inspirado en «Los hermanos» (1963) de Brigitte Reimann, el ensayo personal del chileno Roberto Almuero «Detrás del Muro», o películas como «Good bye Lenin», pero sobre todo «Bárbara», «una película que me impactó muchísimo y de la que salen esas mujeres constantemente vigiladas, constantemente amenazadas, paralizadas por la sospecha de la traición, esa mirada de miedo…». Sus referencias fílmicas se extienden también a «Dreamers», de Bernardo Bertolucci, en la que halló «esa mujer con la boina roja, que representa la enorme libertad interna que hay en ella».

Logros

Sánchez-Garnica recuerda que estuvo en Berlín, con su marido, poco antes de la caída del Muro. Pudo experimentar en primera persona esos universos paralelos que se desarrollaban a uno y otro lado del Telón de Acero. Todavía busca instintivamente el aire limpio al rememorar el polvo que cubría los estantes de los escaparates de las tiendas, en las calles del Berlín Este, en los que apenas había productos para comprar y donde los turistas se las veían y se las deseaban para gastar la cantidad designada de marcos orientales que estaban obligados de desembolsar durante la visita. Hoy, a la luz de los acontecimientos, le resulta difícil entender que sean puestos en cuestión determinados logros de la Historia.

«Viví toda la evolución. Viví la España en dictadura, la muerte de Franco. No nos despertamos al día siguiente como un país democrático, fue necesario mucho esfuerzo y mucho encaje de bolillos. Al final, con la Constitución, llegamos a un acuerdo para seguir adelante. Teníamos mucho lastre, no solamente de la dictadura sino también de la Guerra Civil, pero estábamos de acuerdo en que era necesario seguir adelante. Han pasado cuarenta años, tal vez tengamos que estar preparados para mirar con cierta naturalidad una posible modificación o adaptación a los tiempos de la Constitución, no tiene por qué ser malo si en el proceso no la destrozamos, porque, con sus fallos, evoluciones, lastres, hemos conseguido encajar una sociedad democrática y próspera», previene. Esa misma prudencia muestra la autora al ser preguntada por otro libro con el que el suyo competirá a partir de hoy en las librerías, el firmado por el presidente Pedro Sánchez.

«Como estoy aquí en Berlín, me voy enterando a trompicones de lo que dice. No lo he visto personalmente», trata de evadir la respuesta. «De antemano, creo que en el hueco de las estanterías caben todos. Los libros no se hacen competencia porque uno puede comprar un libro y, aunque le guste, puede después comprar otro igualmente», expone a modo de preámbulo y ante la insistencia en la pregunta, «pero sí, lo mío es un libro, lo otro no sé lo que es. Lo mío es un oficio, lo suyo supongo que es un negocio para la editorial y para él… no alcanzo a entender lo que es. Yo no lo entiendo».

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