Llega a Madrid el «boom» del pistacho

La demanda de pistacho crece en el mundo. Es un fruto seco cuya producción resulta muy rentable por sus altos precios de venta y la escasa oferta en Europa –especialmente, el de cultivo ecológico–. Y la mayor parte de Madrid posee las características climatológicas ideales para su desarrollo. De hecho, en los últimos años el crecimiento de las superficies dedicadas a su cultivo han crecido exponencialmente: la región vive el «boom» del pistacho.

En el Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (Imidra) llevan años trabajando en esta línea, para fomentar una actividad que cada vez resulta más atractiva para los agricultores y que también favorece al campo porque crea riqueza y fija población. Lo hacen en la finca experimental La Isla, donde un equipo de profesionales mima desde 1999 su plantación de pistacheros, investigando sobre suelos, riego o los tratamientos que más benefician a la abundancia y calidad del cultivo.

El kilo de pistachos abiertos se pagaba el año pasado al agricultor a 7,5 euros, que subían hasta 9,2 euros si era de cultivo ecológico. Aunque los grandes productores del mundo son Estados Unidos, Irán y Turquía, ninguno de estos países trabajan el cultivo ecológico, que es lo que más demandan los mercados de Europa. Y ahí es donde entran los cultivadores de pistachos españoles, que se asientan sobre todo en Castilla-La Mancha y donde Madrid está entrando cada vez con más fuerza.

En muchos casos, explica Pablo García Estringana, investigador del Imidra, quienes se interesan por esta alternativa son agricultores que hasta ahora se dedicaban al cereal, y ven en esta vía una manera de rentabilizar su trabajo: una hectárea de cereal puede suponer 100 euros de ingresos; una de pistacho, de 5.000 a 6.000, calculan. En otros casos, son inversores interesados en la alta rentabilidad del producto.

Cultivo por injertos

El pistacho es un frutal que nace mediante injerto. Las plantas son clonadas, buscando la máxima calidad del producto y también adaptaciones que agilicen el proceso. Porque ese es el principal inconveniente de este cultivo: con él hay que tener un poco de paciencia. Desde que se produce la inversión hasta que se rentabiliza, pueden pasar unos 10 años.

Las mejores semillas se cultivan in vitro y se clonan; se busca producir más o acortar el proceso

Es un cultivo de secano que también funciona en regadío. Necesita , explica Pablo García Estríngana, «frío en invierno y calor en verano, y la humedad les va fatal». Parece una definición del clima madrileño, porque además su floración se produce, en las variedades tardías, hacia el 15 de abril, cuando ya por regla general está libre de las heladas primaverales. De hecho, este frutal de origen asiático comenzó a cultivarse en los años 70 en Cataluña, pero allí no se adaptó bien por la alta humedad. El paso siguiente lo dieron en Castilla-La Mancha en 1986, en la finca El Chaparrillo. Ahora, de las 30.000 hectáreas que hay cultivadas, 22.000 están en la región castellano-manchega. Y Madrid tiene unas 400, y creciendo.

En el Imidra transmiten ahora su experiencia a todo aquel agricultor que lo solicita, a través de unas visitas guiadas a La Isla los últimos jueves de cada mes, o mediante llamadas telefónicas: el «telepistacho» recibe más de 10 consultas diarias.

A la hora de la recolecta, en estas fechas, el árbol se varea o se utiliza una máquina vibradora, y el fruto cae a unas redes, en un procedimiento muy similar al de los olivos y que puede usar sus mismas herramientas. Los frutos abiertos son los más caros, pero los cerrados también se comercializan, sobre todo para hacer con ellos preparaciones como helados.

Recogida de la cosecha del pistacho en la finca del Imidra, similar a las de almendros u olivos
Recogida de la cosecha del pistacho en la finca del Imidra, similar a las de almendros u olivos

Los primeros años,explican los expertos, son los más duros, porque la planta debe injertarse. Se hace en el «cornicabra» (pistacia terebinthus). «Necesitan unos cuidados profesionales, pero es una muy buena alternativa a otros cultivos», explica Francico Molina, director del departamento Agroforestal del Imidra. «Genera riqueza y fija población», recuerda.

Hay pistachos macho y hembra, en una proporción que suele ser de 1 a 8 en la plantación. Aunque tarde en producir unos 7 u 8 años, «luego tiene muy buen resultado, sufre pocas plagas y da frutos durante 150 años». De hecho, asegura Jesús Alegre, investigador del Imidra, «es muy difícil encontrar un producto con esta rentabilidad».

Reservar las plantas

Desde que la consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid inició este programa, los agricultores han ido animándose progresivamente a cambiar otros cultivos por éste. Primero, de forma gradual, «igual destinaban un porcentaje de su tierra de cereal a esto». Y luego, cada vez más a la vista de los resultados. «Al principio, claro, eran más reacios; hubo un señor en Tielmes que se lanzó y allí le llamaban el loco del pistacho». La aventura salió bien, lo que animó a otros: «Que los vecinos vean que funciona, eso es el mejor reclamo», afirman los expertos.

En los últimos cinco años se ha disparado el cultivo de pistacho: ya hay 400 hectáreas en la región

La demanda crece: «De hecho, se ha disparado en los últimos 5 años y las plantas para injertar las tienen que reservar de un año para el otro», explican. Mientras, el Imidra sigue trabajando por mejorar la producción y hacerla más eficiente. Acaba de aprobar un grupo operativo que mejorará los patrones, buscando «madres» que produzcan semillas sobresalientes, y las cultivarán in vitro para clonarlas. Se busca que las plantas produzcan más «o que acorten el proceso».

También se trabaja en otro proyecto, plantando diferentes variedades de pistacho en zonas más frías, para ver cómo se adaptan. Jesús Alegre explica las tres líneas de investigación en que se está poniendo más énfasis: «El uso eficiente del agua», a la busca de la dosis de riego que haga más eficiente el cultivo; la investigación en fertilizantes ecológicos; y el trabajo en colaboración con el sector privado para seleccionar el portainjerto habitual, el cornicabra, y clonar los mejores ejemplares.

Los investigadores de La Isla también participan en u proyecto nacional, Go-pistacia: harán un seguimiento fenológico de la floracón del pistacho en toda España, a través del estudio de 15 parcelas concretas. En la actualidad, España, con sus 1.500 toneladas anuales, es el noveno productor mundial de pistacho. Su ambición es convertirse en el tercero.

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