Libertades cercenadas

El pasado domingo la libertad en esta otrora tierra de acogida sufrió un nuevo ataque, que se suma a la lista de libertades perdidas en un proceso que mantiene rota a la sociedad catalana como único logro incontestable. Miles de catalanes clamaban en la calle contra la imposición lingüística y sus gritos fueron silenciados a golpe policial.

El hecho de que los mossos frenaran una manifestación en beneficio de quienes querían acallar las voces, da muestra de cómo están las cosas. Cuando la libertad no se respeta…

De eso sabemos mucho los aficionados a los toros. Años acudiendo a la Monumental soportando insultos de piquetes protegidos por policías, y la mentira política de una prohibición, que no fue más que un duro ataque a la libertad de unos ciudadanos catalanes a acudir a una plaza de toros.

Poco les importó a aquellos políticos que en el Parlament votaron la abolición de las corridas de toros que el Tribunal Constitucional revocara la prohibición, pues la libertad ya estaba cercenada. A quién le importa la ley cuando se pueden arrasar los derechos a conveniencia, parece la máxima aplicada durante años de imposición nacionalista.

Lo he comentado muchas veces, el acoso y derribo a los toros marcó el punto de partida identitario del asalto final hacia la independencia. Y la prueba esta en que un hecho ejecutado al margen de la ley ya no puede revertirse porque el miedo social y económico ya no permite la libertad. Se prohibió, el Constitucional dijo a los seis años que no era legal, y el sector empresarial que tiene la libertad para volver a poner en funcionamiento la plaza Monumental de Barcelona, no lo hace porque ese miedo le paraliza de tal manera que cercena su propia libertad y la de miles de ciudadanos a volver a vivir una afición. El pasado domingo, la libertad volvió a desaparecer de las calles de Barcelona. Demasiadas veces ya.

Ángel González Abad

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