Leopoldo Pomés, adiós a un grande de la fotografía

Con Leopoldo Pomés desaparece un grande de nuestra fotografía. Sus primeros pasos los dio como poeta, con un libro de versos en catalán que sólo recientemente publicaría: «Vidre de nit» (2015). Pronto descubrió la fotografía, y le descubrieron a él los de «Dau al Set». Una de sus primeras instantáneas, «Nena a la neu» (1954), ya es magistral. Llenos de verdad y misterio sus retratos: Cirlot, Brossa sentado en un sillón en plena calle, Tàpies sobre fondo de paredes con grafitis, Cuixart, Moisés Villèlia, Saura, Millares y Elvireta Escobio en las Ramblas, y más tarde Teresa Gimpera, Raimon, Xavier Valls, Luis Marsans, García Márquez, Cortázar… Inolvidables los que le hizo a su mujer, Karin Lenz, en la playa, o de espaldas, caminando Balmes arriba. No olvidemos tampoco sus visiones taurinas, entre las que se encuentra otra de sus obras maestras, tomada en la localidad sevillana de La Algaba, en 1957.

Estuvo en AFAL, aquel grupo con epicentro ¡en Almería! que revolucionó la fotografía española. Su primer fotolibro fue una joyita: «Les fenêtres» (1957), editado por el gran RM: imágenes suyas de casas barcelonesas, para acompañar la célebre suite de poemas franceses de Rilke, traducida por Gerardo Diego. Luego preparó uno sobre la ciudad, que iba a editar Seix y Barral, a cuya colección de cubiertas había contribuido. Carlos Barral se entusiasmó con el material. Víctor Seix en cambio, encontró que aquella era una Barcelona poco enseñable: pocos monumentos, demasiada calle, mucho arrabal… Las fotos durmieron décadas en un cajón.

Hace ocho años, visité a Pomés en su estudio de Gracia, que había sido el de su admirado Modest Urgell. Se trataba de comisariar una exposición que le iba a dedicar la Galería ArteSonado, de La Granja, sala de feliz recuerdo. Empezamos a ver fotografías. En el ordenador, salió aquel conjunto de fotos rechazadas. Decidimos que había que hacer algo con ellas. En 2012, Colectània lanzó un volumen de aire deliberadamente «fifties»: «Barcelona 1957», que lleva prólogo mío, seguido de una magnífica conversación suya con Eduardo Mendoza, otro de sus retratados. Cuesta trabajo jugar a decidir cuáles son las mejores instantáneas ahí recogidas. Una de mis candidatas es el suburbial «Homenaje a Giorgio de Chirico». Pero también están Ramblas; las monjas en el metro; los colegas en la playa de la Barceloneta; «un señor de Barcelona», a lo Josep Pla, ante la Catedral; la portera del Ensanche dominical; la sombra de unas ramas, sobre una pared cualquiera… Siempre en torno a su ciudad natal, son también importantes los libros que en 1968 dedicó a la arquitectura modernista, y a Gaudí, con textos respectivamente de Oriol Bohigas, y Joan Perucho.

Luego vino el Pomés del Studio Pomés y la Agencia Tiempo, de las modelos fotografiadas en blancos espacios «sixties», del homenaje a Romero de Torres (tiene otros a Zurbarán), de las eficaces campañas publicitarias televisivas para las «burbujas» de Freixenet, del celebérrimo anuncio de Terry con la hermosa caballista, o de su largometraje «Ensalada Baudelaire» (1977). Entonces ganó mucho dinero, premios en Cannes, Venecia y otros festivales del género, y una merecida celebridad, rematada con su papel como publicista de la candidatura olímpica barcelonesa.

Gastrónomo

Por último, el gastrónomo. Para su libro «Comer es una fiesta» (2004), inventó un cuestionario Pomés, a modo del Proust. Publicó varios más sobre el tema, entre ellos un manual del pan con tomate, y otro de tortillas. Además montó restaurantes. Socio de Las Siete Puertas, del que escribiría la historia, sobre los muros blancos de su mítica tortillería Flash Flash (1970) imprimió retratos de Karin manejando una cámara con flash. En la misma calle, montó luego Il Giardinetto. Cenar ahí con ellos: una delicia, entre los guisantes del Maresme, el «tremendo plato de rigatoni» y la música de un pianista a lo Vázquez Montalbán.

Que la tierra le sea leve al gran fotógrafo y exquisito amigo, que al menos recibió, aunque escandalosamente tarde (2018), el premio Nacional de su especialidad, y vio publicadas, este mismo año, sus memorias: «No era pecado».

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