Leandro Erlich: “Me gusta caminar en el borde”

Viernes 14 de junio. “5.04 AM ac√°. Te llamo en un rato”, dice el mensaje que llega desde China. Son las 18 en la Argentina y desde hace una semana intento comunicarme con Leandro Erlich, uno de los artistas contempor√°neos argentinos m√°s reconocidos en el mundo, para hablar sobre sus muestras Liminal, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) -la primera antol√≥gica que exhibe en el continente americano- y de Pr√≥ximamente, en la galer√≠a Ruth Benzacar, transformada por √©l en una antesala de cine. As√≠ que espero. El siguiente mensaje llega a las 22.30, sobre el final de una semana agitada: “¬ŅPod√©s hablar?”.

Acostumbrado a vivir sin l√≠mites de horarios ni fronteras, Erlich es el artista sobre el cual hablaban hasta los taxistas en septiembre de 2015, cuando simul√≥ con maestr√≠a el robo de la punta del Obelisco para exhibirla en la explanada del Malba. Ya hab√≠a representado a la Argentina en la Bienal de Venecia de 2001, con una pileta que produce un efecto de vida humana subacu√°tica y que ahora es uno de los principales atractivos de Liminal, junto con el cartel de venta colgado en la fachada del museo, destinado a volver a sembrar la inquietud entre los porte√Īos.

Este √ļltimo golpe de efecto es un secreto que guarda bajo siete llaves cuando me atiende desde Pek√≠n, donde mont√≥ otra exposici√≥n que duplica en tama√Īo la del Malba. Una vez m√°s, como ocurre con muchas de sus obras, el cartel requiere que el espectador confunda -aunque sea por un rato- la ficci√≥n con la realidad, y que llegue a desconfiar incluso de su propia percepci√≥n.

Erlich junto a Swimming Pool (La pileta), una de las obras de Liminal Fuente: LA NACION РCrédito: Ignacio Coló

Algo de eso aprendi√≥ Erlich en su adolescencia, cuando no exist√≠a el celular y √©l se pasaba horas mirando pel√≠culas. Uno de sus primeros trabajos, a los 13 o 14 a√Īos, consisti√≥ en recorrer con su bicicleta el barrio de Florida para entregar a domicilio casetes de VHS con historias relatadas por Alfred Hitchcock, Roman Polanski o Francis Ford Coppola. Una manera, ya entonces, de invitar a ver el mundo de otra forma.

¬ŅQu√© influencia tuvieron esas pel√≠culas en tu obra?

El cine es una literatura visual, y sin duda hay algo que tiene que ver con la estructura narrativa que existe en mi trabajo. Hay en mi obra una situaci√≥n espacial, que muchas veces identifico como un escenario, y el p√ļblico en su participaci√≥n termina siendo actor. Hay una suerte de guion escondido en el espacio, en muchos casos: entr√°s en un cuarto, identific√°s elementos e interactu√°s de una manera que parece ser espont√°nea. Hay algo de eso que tiene que ver con el cine.

Tanto el cine como tus obras provocan la sensación de que cualquier cosa puede pasar.

Ese todo es posible que nos transmite a veces el cine, que me encanta y nos libera de un montón de cosas, al mismo tiempo nos limita, porque no te cuestionás por qué sale volando una vaca. Estás siendo testigo de fenómenos que son imposibles.

Ponés en suspenso el pensamiento crítico.

Exactamente. Siempre me pareció interesante dejar ese lugar donde se pueda entender de qué manera eso es posible. En una de mis obras parece que estás colgado de una fachada y me interesa que exista eso que rompe con el orden de lo posible y, al mismo tiempo, que quede abierto el proceso analítico de entender las cosas.

Port of Reflections (Puerto de memorias)
Port of Reflections (Puerto de memorias) Fuente: LA NACION РCrédito: Ignacio Coló

¬ŅCu√°les fueron las pel√≠culas que m√°s te impactaron?

Miles. De g√©neros distintos. Hitchcock me parec√≠a impresionante; Metr√≥polis, o las pel√≠culas de los 60 de Polanski, o m√°s tarde las de David Lynch. Son pel√≠culas donde el espacio no apoya solamente una situaci√≥n, sino que se transforma en el eje de muchas cosas. Las pel√≠culas de Hitchcock tienen una estructura muy racional; las cosas pueden ser bastante extra√Īas, pero todo encaja. Los misterios que requieren de una verificaci√≥n y resoluci√≥n siempre me sedujeron.

Ese clima est√° en tu obra.

Sí.

La muestra de la galería también tiene algo de liminal, de esa zona existente en el umbral de otro espacio. Porque recrea la antesala de un cine, te deja ese suspenso de que vas a pasar a una realidad que todavía no llega.

Sí, totalmente.

En tu vida personal, tambi√©n est√°s justo en la mitad de tu carrera, reci√©n separado de Luna Paiva , presentando una muestra antol√≥gica. ¬ŅY despu√©s qu√©?

Para m√≠ es siempre un despu√©s qu√©. Siempre hay un desaf√≠o de inventar otra cosa. Ahora estamos por inaugurar una muestra en CAFA, el museo de la Academia de Arte, que es el coraz√≥n del arte de China. Es la primera vez que el museo le da todo el espacio a un artista, y hay algo vinculado con los contextos que me genera mucha emoci√≥n. Hoy, en China pasan muchas cosas, desde lo pol√≠tico, lo social, lo econ√≥mico, y hay tambi√©n hay una gran transformaci√≥n en aspectos culturales. Este museo pertenece al gobierno y cuando termine mi muestra se va a hacer otra sobre Mao, donde entra con todo el partido. Y cuando termine esa, toma todo el museo Anish Kapoor. Est√°n dando acceso a artistas internacionales y seguramente, dentro de unos a√Īos, este museo va a llegar a tener una programaci√≥n muy sofisticada. No es como la Tate, o el MoMA, que son instituciones irrefutables dentro del arte contempor√°neo. Y por eso me interesa: hay un desaf√≠o en todo esto. Lo otro es buen√≠simo, yo vivo dentro del sistema del arte. Pero me gusta ese borde, caminar en el borde.

The Classroom (El aula), una propuesta "contemplativa"
The Classroom (El aula), una propuesta “contemplativa” Fuente: LA NACION – Cr√©dito: Ignacio Col√≥

Liminal.

S√≠, exacto. Despu√©s, en diciembre, inauguro una muestra en Se√ļl, donde ya expuse dos veces. Tambi√©n particip√© de una bienal en Corea del Sur.

¬ŅPor qu√© cre√©s que tus obras tienen tanta repercusi√≥n en Oriente?

Siempre me fascinó mucho Oriente. Porque al trabajar en las antípodas geográficas y teniendo realidades tan distintas, uno tiene una distancia para ver las cosas. La distancia es un gran aliado para poder reflexionar, te saca de tu zona de confort.

Mi√©rcoles 27 de junio. “Estar en Buenos Aires habla del espacio en el cual crec√≠, en el que comenc√© a hacer arte”, dice Erlich ante un grupo de periodistas en la galer√≠a Ruth Benzacar, en Villa Crespo, horas antes de inaugurar -con pochoclo incluido- la muestra Pr√≥ximamente. A modo de precuela de su exitosa carrera, est√° compuesta por afiches pintados al √≥leo de pel√≠culas ficticias. Todas filmadas por un tal Charlie Lendor -anagrama de Leandro Erlich- y exhibidas en la antesala de un cine. Tambi√©n hay un espacio m√°s dom√©stico, con un mueble repleto de pel√≠culas en VHS, como las que compraba su padre. “Todo eso constituy√≥ mi formaci√≥n, los est√≠mulos que me llevaron a hacer lo que hago hoy”, explica el artista.

¬ŅEsta muestra complementa la del Malba?

Conceptualmente, hay una relación, está absolutamente vinculada. La muestra del Malba es una antológica, no tiene un sentido cronológico y, sin embargo, uno puede hacer un recorrido y una lectura. En este caso, es una mirada retrospectiva para transformar todo eso en otra cosa. Llevarlo a la pintura y, a su vez, pensar que esas pinturas no van a ser colgadas en la pared de una galería, sino en un espacio ambientado. Es una reflexión y una acción. Esta muestra es como una cebolla conceptual.

¬ŅPor qu√© los afiches son pinturas?

Yo pintaba al √≥leo a los 14 o 15 a√Īos. No pintaba bien, pero pintaba mucho y me lo tomaba muy en serio. La muestra se constituye por p√≥steres de pel√≠culas que nunca existieron. Son im√°genes de obras m√≠as. Lo que hice fue mirarlas nuevamente e inventarles t√≠tulos, que no tienen nada que ver con la naturaleza de esas obras. Con La democracia del s√≠mbolo hice una pel√≠cula clase B que se llama Invasi√≥n. Parece que vinieran los marcianos a robarse la punta del Obelisco, aunque nada de eso estuvo en mi cabeza al pensar en ese proyecto. A partir de los t√≠tulos, uno ya va construyendo una ficci√≥n. Toda esa detonaci√≥n del imaginario me pareci√≥ interesante.

El cartel de venta es "la pieza clave de Liminal -dice el autor-. Es ese umbral entre el afuera y el adentro"
El cartel de venta es “la pieza clave de Liminal -dice el autor-. Es ese umbral entre el afuera y el adentro” Fuente: LA NACION – Cr√©dito: Ignacio Col√≥

Viernes 29 de junio. En pleno montaje en el Malba, Erlich solo se detiene para posar ante el fot√≥grafo. La muestra abarca una veintena de instalaciones y son miles los detalles a contemplar. El que responde ahora es el curador, Dan Cameron, que conoce al artista desde hace un cuarto de siglo. Ten√≠a entonces 21 a√Īos y participaba del Taller de Barracas, dirigido por Pablo Su√°rez y Luis Benedit, con el proyecto de instalar en La Boca un Obelisco de metal, r√©plica exacta del que est√° en la Avenida 9 de Julio.

Lo primero que se ve en las obras de Erlich es el juego entre fantas√≠a y realidad, pero. ¬Ņqu√© hay del otro lado del espejo, detr√°s de ese juego de la percepci√≥n?

Creo que la realidad es una construcci√≥n social. No es s√≥lida ni estable, es un acuerdo entre nosotros. Y para el arte es muy importante introducir la duda en la experiencia del espectador. La conciencia cr√≠tica de analizar, cuestionar, a veces rechazar, el testimonio de tus sentidos. Creo que esa ha sido una contribuci√≥n muy relevante del arte en los √ļltimos cien a√Īos. Y el trabajo de Leandro introduce esa duda, esa posibilidad de que la vida cotidiana sea una forma de sue√Īo.

Provoca que después volvamos a nuestra realidad cotidiana con esa misma capacidad crítica.

Exactamente. Sus obras son s√ļper entretenidas mientras interactu√°s. Pero, una vez que sal√≠s del museo, el mundo ya no parece tan seguro, tan verdadero, tan aut√©ntico.

¬ŅHay algo m√°s que puedas decir sobre su trabajo que est√© en un nivel m√°s profundo?

Sí. En nuestro mundo todo tiene que ser tan pragmático que no hay mucho espacio para el poder de la imaginación. En el arte de Leandro, el espectador completa la obra. Uno no está en una posición pasiva, hay que interactuar con ella.

Erlich junto a Swimming Pool (La pileta), una de las obras de Liminal
Erlich junto a Swimming Pool (La pileta), una de las obras de Liminal Fuente: LA NACION РCrédito: Ignacio Coló

Para m√≠ tiene una relaci√≥n con el arte cin√©tico de Julio Le Parc . √Čl dice que lo que buscaba en los a√Īos 60 era que el espectador, al sentir que la obra lo tomaba en cuenta, pod√≠a trasladar esa sensaci√≥n a otros √°mbitos de la vida y decir: ¬Ņpor qu√© ac√° no me tienen en cuenta? En ese sentido, creo que las obras de ambos tienen un contenido pol√≠tico.

Totalmente. No es necesario leer a Wittgenstein para entender su trabajo, pero lo genial es que sí podés analizarlo de una manera crítica. Y salen frutos.

Resiste el an√°lisis intelectual, tiene muchas capas.

Claro. Y tienen la misma riqueza.

Martes 2 de julio. Son las 2 de la tarde y Buenos Aires está revolucionada. No solo por el inminente eclipse de Sol sino también porque el Malba, uno de los museos más importantes de la región, acaba de colgar en su fachada un enorme cartel que dice Se vende.

Excepcional propiedad, detalla el anuncio, que incluye un n√ļmero de contacto y las caracter√≠sticas del edificio: 7455 metros cuadrados, apto todo destino, con 680 obras y piscina climatizada, entre otras. De inmediato, la imagen comienza a viralizarse en redes sociales. Incluso en la cuenta Instagram de Eduardo Costantini, el empresario que lo fund√≥ en 2001, con el siguiente comentario: “Malba se vende, luego de 18 a√Īos de existencia”.

“Me parece una idea genial, porque saca de contexto el museo, te hace pensar cosas, plantea preguntas. Es como el urinario de Duchamp: un ready made al que se le cambia el uso”, opina Costantini por tel√©fono mientras me dirijo al museo, y explica que le dio completa libertad a Erlich para volver a salirse con la suya.

En el cat√°logo dedicado a La democracia del s√≠mbolo, aquella intervenci√≥n en la cual este maestro de los efectos visuales le puso un capuch√≥n al Obelisco para simular la desaparici√≥n de su punta, se incluye una fotograf√≠a de Leandro Katz, en 1972. All√≠ se puede ver a este √ļltimo sosteniendo un cartel con la leyenda Se vende, mientras se√Īala el monumento con la otra mano como parte de una acci√≥n art√≠stica. “La idea del cartel del Malba, ¬Ņtiene alguna relaci√≥n con la obra de Katz?”, le pregunto a Erlich cuando lo encuentro en la explanada del museo.

No, esta obra tiene que ver m√°s con la idea de Liminal… Creo que el 98 por ciento de las personas que pasen por el Malba van a pensar que se est√° vendiendo.

Parece que es en serio. No es como la obra de Katz, en la cual él sostenía el cartel.

El artista, de 46 a√Īos, propone efectos que ponen al visitante en "estado de alerta"
El artista, de 46 a√Īos, propone efectos que ponen al visitante en “estado de alerta” Fuente: LA NACION – Cr√©dito: Ignacio Col√≥

Claro. Jug√°s con elementos del sistema, que terminan de convencerte de una determinada situaci√≥n. El efecto de este cartel no ser√≠a igual si estuviera en la fachada del Museo Nacional de Bellas Artes; que al ser p√ļblico, es m√°s improbable que se venda. Es una obra site specific y dudo que sea repetible en otro contexto. Tiene que ver con el museo, con la Argentina, con Buenos Aires, con un museo privado… Son muchas cosas que se alinean para que esa obra se articule. En Buenos Aires, hoy hay miles de locales en alquiler, vac√≠os o en venta.

Tiene que ver con la situación de crisis actual del país.

También, inevitablemente. Lo que me dejó el proyecto del Obelisco como experiencia interesante fue que hacer cosas fuera del museo es poner la acción artística en otro territorio. Adentro de un museo, podés hacer lo que quieras: desnudarte, pintarte el cuerpo y frotarte contra las paredes. Ahora, si hacés eso en la calle, vas en cana o al Borda. En el museo, todo vale, todas las acciones son materia de interpretación. Cuando lo hacés afuera, estás fuera de la zona de protección. Y este cartel en particular, está afuera y está sobre la piel. Es la pieza clave de Liminal. Es ese umbral entre una cosa y la otra; entre el afuera y el adentro, entre la posibilidad de que esto sea una realidad o que no lo sea.

Mi√©rcoles 3 de julio. “En estos d√≠as habl√© m√°s con vos que con mi familia”, dice Erlich mientras me abraza durante la presentaci√≥n a la prensa en el Malba. Son las 12 del mediod√≠a y estamos en contacto desde la madrugada, a ra√≠z de un reclamo que lleg√≥ desde Colombia sobre la originalidad del cartel colgado en la fachada. El a√Īo pasado, el Museo de Arte Moderno de Bogot√° hizo lo propio con otro que dec√≠a se arrienda, como una forma de generar conciencia sobre una crisis econ√≥mica real.

“Yo no conoc√≠a el proyecto en Colombia. Mi obra fue inspirada por el marco de crisis en la Argentina y tambi√©n con un humor vinculado con la idea de un museo privado que todos sabemos que es deficitario, y como un gui√Īo de ojo y llamado de atenci√≥n a la gente, que por un segundo crey√≥ que esta realidad fuese posible”, afirma Erlich, y se√Īala que hay una infinidad de acciones con carteles en la historia del arte. Por ejemplo, la de los artistas Michael Elmgreen & Ingar Dragset, quienes pusieron en venta el pabell√≥n dan√©s y n√≥rdico en la Bienal de Venecia, en 2009. “Este es un a√Īo muy fuerte, muy importante”, agrega minutos m√°s tarde, a modo de balance, en el bar del Malba, mientras pide una cerveza y comienza a relajarse.

¬ŅHace cu√°nto no hac√≠as una muestra como esta?

La primera muestra grande la hice en Jap√≥n, en 2013, en el Museo de Kanazawa, que compr√≥ la pileta. La del Mori Art Museum, en 2017 en Tokio, fue r√©cord de visitas: fueron m√°s de 600.000 personas en cuatro meses. Fue un punto de inflexi√≥n, donde se pudo comprender que se pod√≠a generar un recorrido amplio, que permite ver algo del cuerpo de obra. Uno va entendiendo cu√°l es el sentido de los intereses y la b√ļsqueda.

¬ŅCu√°l ser√≠a ese sentido?

Hay un hilo conductor relacionado con cuestionar cosas y situaciones, que en general no demandan particular atención en lo cotidiano, y que en esta acción de descontextualizarlas y de transformarlas en otra cosa activan un proceso en el pensamiento. Que no solamente afecta la mirada sobre la obra, sino también sobre las cosas a las cuales la obra remite en la vida cotidiana, donde se plasma con más fuerza la identificación de aquello que entendemos como real.

¬ŅHay alg√ļn objetivo que todav√≠a te gustar√≠a alcanzar en tu carrera, como exponer en la Documenta de Kassel?

La verdad que no. He tenido la suerte de participar de muestras en Venecia, el Pompidou o en MoMA PS1… Por supuesto, son muy importantes para la profesi√≥n de artista, pero de la misma manera me estimula hacer una obra en un espacio imprevisto, que no necesariamente tiene que estar vinculado con el prestigio de lo que el sistema del arte plantea. Si me interesa cuestionar la estructura de las cosas, dentro de esa estructura tambi√©n est√° el propio sistema del arte.

Me parece más interesante que un taxista se pregunte qué pasa con la punta del Obelisco que estar en Documenta exponiendo para un circuito de gente que ya está habituada al arte.

Totalmente. Abrir el juego, porque todos somos participantes de la construcci√≥n de la realidad. Hay situaciones que son s√ļper interesantes en espacios como Documenta, o las bienales, donde se da lugar a una mirada cr√≠tica dentro del sistema del arte. Pero me parece importante en lo personal, como desaf√≠o, salir de la estructura de los guetos. Poder dialogar con el sistema del arte o con gente que est√° fuera de ese sistema.

Pienso en la obra de las pelotas gigantes que hiciste para los Juegos Ol√≠mpicos de la Juventud: es un buen ejemplo de c√≥mo llegar a otros p√ļblicos. ¬ŅQu√© te atrae de los golpes de efecto, de tomar desprevenida a la gente de esta manera?

Me parece que hay algo en ese efecto sorpresa que nos pone en un estado de alerta. Es lo que nos permite entrar en el juego, tratar de entender. No es un acto de magia efectista, en el cual lo √ļnico que uno busca es llamar la atenci√≥n, sino que es el detonador de una experiencia, el primer paso. A veces necesit√°s jugar con estrategias que son las que permiten comunicar. No todas las obras tienen esto: si entr√°s en la de la vereda, o en The Classroom… Hay situaciones que son m√°s contemplativas.

Jueves 4 de julio. Hay largas filas en la vereda para entrar en el Malba el d√≠a de la inauguraci√≥n, con entrada gratis. Tambi√©n para acceder a cada una de las instalaciones creadas por Erlich, custodiadas por guardias que se esfuerzan por contener al p√ļblico.

El nivel de estr√©s baja por fin horas m√°s tarde en el taller de Erlich en Villa Crespo, donde la noche termina de la mejor manera: con una fiesta para decenas de invitados de todas las edades, que hablan distintos idiomas. Se respira un bohemio clima berlin√©s en este edificio de doble altura. Est√°n los hijos de Erlich, Iara y Romeo; su abuela, Teresa Anchorena, y una representante de Casa Naranja, instituci√≥n cordobesa donde Erlich expuso hasta hace unas semanas, que destaca el enorme profesionalismo de todo el equipo. “Ac√° tuvimos muchas reuniones; el esfuerzo de producci√≥n fue enorme”, coincide Victoria Giraudo, jefa de curadur√≠a del Malba.

Para muchos de los que bailan ahora, eso es ya es cosa del pasado. Pero Erlich no tiene previsto detenerse: ma√Īana al mediod√≠a ya estar√° volando una vez m√°s hacia China, donde nuevos desaf√≠os lo esperan.

Línea de tiempo

  • 1973. Nace en Buenos Aires, ciudad donde a√ļn tiene su taller. Hoy reside tambi√©n en Montevideo y sus proyectos lo llevan a distintos pa√≠ses.
  • 1994. Obtiene una beca de la Fundaci√≥n Antorchas para participar del Taller de Barracas, dirigido por Pablo Su√°rez y Luis Benedit. All√≠ conoce a Dan Cameron, curador de la muestra actual en el Malba.
  • 2000. Participa de la Bienal de La Habana con Turismo, instalaci√≥n realizada con Judi Werthein, una ambientaci√≥n invernal que permit√≠a posar para una foto en la nieve y llev√°rsela como suvenir.
  • 2001. Swimming Pool, obra que integra las colecciones permanentes del 21st. Century Museum of Art of Kanazawa (Jap√≥n) y del Voorlinden Museum (Holanda), se luce en la Bienal de Venecia. Hoy est√° en el Malba.
  • 2004. Crea para la Noche Blanca parisina la fachada de un edificio que produce la ilusi√≥n de que es posible desafiar la Ley de la gravedad. Har√° una versi√≥n porte√Īa en 2012, para la inauguraci√≥n de la Usina del Arte.
  • 2014. Realiza en Se√ļl Port of Reflections, una de sus instalaciones site specific m√°s ambiciosas, que recrear√° en 2016 en el Hotel de Inmigrantes.
  • 2015. En La democracia del s√≠mbolo, simula la desaparici√≥n de la punta del Obelisco y la reproduce en la explanada del Malba. Tambi√©n instala en las calles de Par√≠s Maison Fond, una casa derretida.
  • 2018. Participa con Ball Game, unas pelotas deportivas gigantes empujadas por el p√ļblico en las calles porte√Īas, de la celebraci√≥n en Buenos Aires de los Juegos Ol√≠mpicos de la Juventud.
  • 2019. Exhibe en Malba Liminal, su primera exposici√≥n antol√≥gica en el continente americano, y otra muestra que ocupa todo el museo CAFA de Pek√≠n.

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