Le Pen y Mélenchon compiten por captar el movimiento «chalecos amarillos»

Crece el apoyo nacional a los «chalecos amarillos», un movimiento sin líderes, sin organización, sin exigencias muy concretas, que se propone dar un nuevo aldabonazo contra Emmanuel Macron y su gobierno, acusados de manera de incrementar los impuestos, disminuir el poder adquisitivo y agravar las tensiones y divisiones entre la Francia rica de las grandes ciudades y la Francia pobre y profunda que tiene peores servicios y peores condiciones de vida. Convocados a través de las redes sociales, los «chalecos amarillos» estarán este sábado y quizá este fin de semana, al frente de una nueva gran jornada nacional de bloqueos de cortes de carreteras y autopistas, culminando con una gran manifestación en París, en uno o varios lugares altamente simbólicos.

Según un sondeo publicado por «Le Figaro», 7 u 8 de cada 10 franceses consideran «justificado» el movimiento de los chalecos amarillos, que se ha convertido en un fenómeno social de nuevo cuño -que inquieta a Macron-, que está apoyado moralmente por la extrema derecha y la extrema izquierda, y es objeto de incontables análisis de historiadores, sociólogos, demógrafos.

Alain Duhamel, politólogo, comenta: «Un movimiento sin líderes, sin organización, sin objetivos claros y precisos, corre el riesgo de caminar hacia ninguna parte. Pero, ojo, ese “ninguna parte” puede tener muchas consecuencias para todo el sistema políticos francés, que se descompuso con la elección de Emmanuel Macron y no ha vuelto a recomponerse».

Incertidumbre y angustia

Jean-Pierre Le Goff, historiador, pone en perspectiva un movimiento que tiene raíces históricas inmediatas: «En el fondo, los chalecos amarillos son una suerte de venganza de los franceses a quienes se ha tratado de arcaicos y pueblerinos, en oposición a las élites bien pensantes que creen comprender la mundialización, la ecología y los “ajustes necesarios”… esa Francia profunda, y sufriente, quizá no esté organizada ni tenga líderes, pero se echa a la calle para protestar y dar visibilidad a su incertidumbre, su angustia».

Hervé Le Bras, demógrafo, ha estudiado la geografía de la movilización nacional de los chalecos amarillos, y llega a esta conclusión: «De entrada, parece evidente que la movilización de fondo del movimiento es más profunda en los territorios, departamentos y regiones que tienen peores servicios, con modelos agrícolas y económicos en crisis… en esos territorios, el francés medio se siente abandonado y sin representación».

Christophe Guilluy, geógrafo, lleva años anunciando la crisis y enfrentamientos de fondo entre la Francia periférica (suburbios y territorios con peores servicios) y la Francia parisina, urbana y relativamente elitista. A su modo de ver, los chalecos amarillos anuncian un movimiento de mucho fondo: «Se trata de una revuelta de la Francia periférica, que se siente abandonada, un poco o un mucho perdida en los suburbios y las poblaciones medianas o pequeñas. Esos franceses de muy diversa sensibilidad tienen algo en común: se sienten menos preciados por el resto de la Francia urbana, comparativamente elitista».

¿Hacia donde va el movimiento de los chalecos amarillos? Nadie lo sabe. Jérôme Fourquet, director del departamento de opinión del Instituto francés de la opinión pública (IFOP), evalúa varias posibilidades: «De momento, los chalecos no son un movimiento frontista, pero… Jean-Luc Mélenchon, desde la extrema izquierda, y Marine Le Pen, desde la extrema derecha, compiten para intentar recuperar en beneficio propio una revuelta sin cabezas ni programa visible, por el momento». Jacques Julliard, historiador de las ideas, insiste en la «fragilidad» de las libertades y los modelos democráticos: «Más allá de las fronteras nacionales francesas parece evidente la emergencia de nuevos movimientos, que ponen de manifiesto una contradicción aparente: la libertad y la democracia pueden disociarse. Las nuevas formas de inseguridad ciudadana engendran nuevas formas de incertidumbre, tomando formas políticas imprevisibles».

En la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon sueña con transformar los «chalecos amarillos» en una suerte de Podemos a la francesa. En la extrema derecha, Marine Le Pen, con ponerse al frente de un hipotético Movimiento 5 Estrellas italianos.

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