Las protestas de Hong Kong ocupan el aeropuerto para propagarse por todo el mundo y llegar a China

Las protestas de Hong Kong contra la ley de extradición a China, suspendida pero no retirada, toman altura. En otro movimiento sorpresa, varios cientos de manifestantes han ocupado este viernes el vestíbulo de llegadas del aeropuerto -una de las terminales que más viajeros recibe del mundo- para darle una bienvenida muy particular a los pasajeros que acaban de aterrizar.

«Time for freedom, free Hong Kong!» («¡Tiempo de libertad, Hong Kong libre!»), gritan haciendo un pasillo en las dos salidas de la llegada, donde reparten folletos explicativos de las protestas en mandarín, con los caracteres simplificados del continente y tradicionales del cantonés, inglés y coreano. Los manifestantes, en su mayoría jóvenes ataviados con las camisetas negras características de la protesta, muestran pancartas criticando a la Policía y alertando a los turistas de que Hong Kong, hasta ahora una de las ciudades más tranquilas del mundo, se ha vuelto un lugar peligroso. «La Policía de Hong Kong ejerce la violencia sobre gente inocente», reza un cartel criticando su pasividad –cuando no connivencia– con el salvaje ataque del domingo a manifestantes contra la ley de extradición por parte de matones de las triadas y simpatizantes del régimen chino.

Para protestar contra dicha violencia, este sábado hay convocada una manifestación en el distrito donde tuvo lugar el asalto, Yuen Long, a una hora del centro en la zona de los Nuevos Territorios. Aunque la Policía ha prohibido dicha marcha por motivos de seguridad, los organizadores pretenden seguir adelante y la protesta del aeropuerto llama a participar en la misma.

«El bando pro-gubernamental ha amenazado a la Policía haciéndola responsable de los incidentes que pudieran ocurrir y esto es inaceptable. El Gobierno no puede quitarnos el derecho a expresar nuestra opinión», explica Matt, un piloto de avión de 26 años que se ha unido a la protesta cuando lo han llamado sus compañeros de aerolínea desde el aeropuerto.

Otro Tiananmen

Movilizados a través de las redes sociales, como viene siendo habitual desde que empezaron las protestas hace un mes y medio, los jóvenes han empezado a acudir al aeropuerto a las doce del mediodía (seis de la mañana, hora peninsular española) y pretenden quedarse hasta la medianoche (seis de la tarde en España).

«Esta es una forma de que los viajeros que llegan a Hong Kong conozcan lo que está pasando, sobre todo los que proceden de China continental, pero muchos se ríen de nosotros y nos miran con desprecio», cuenta Eugenia, ceramista de 26 años. Aunque las noticias sobre las protestas han sido censuradas en los medios y las redes sociales de China, la propaganda del régimen ha difundido algunas informaciones culpando a EE.UU. de ser la «mano negra» detrás de la revuelta y acusando a los manifestantes de antipatriotas por su vandalismo del domingo contra la Oficina del Gobierno central. Apelando a este sentimiento nacional, la propaganda pretende galvanizar a la sociedad china en torno al Partido Comunista. Se abre así aún más la división entre la comunidad local hongkonesa, que habla cantonés y goza de más libertades que el resto del país, y los chinos del continente, muchos de los cuales interpretan las protestas contra la ley de extradición como un ataque directo a la soberanía nacional. A los turistas chinos se les queda la cara hecha un poema cuando, nada más salir de recoger su equipaje, se encuentran con algo imposible de imaginar en el continente, donde cualquier atisbo de protesta es abortado de inmediato por la Policía.

«Estamos esperando a que venga el Ejército. No vamos a parar», reta Matt cuando se le pregunta por el aviso lanzado este miércoles por el Ministerio de Defensa, que ha recordado que puede desplegar a su guarnición en la ciudad si lo pide el Gobierno local. «Aunque las autoridades lo niegan, puede haber otro Tiananmen en Hong Kong 30 años después», advierte recordando la matanza que aplastó las protestas pro-democráticas en la céntrica plaza pequinesa en junio de 1989.

Para que una masacre así no vuelva a ocurrir, Jeff, otro piloto de 29 años que ha estado en todas las protestas, llama a seguir con las movilizaciones. Demostrando que la agitación social en Hong Kong ya no es una protesta, sino una revuelta, asegura que «aunque tenemos miedo a ser arrestados o atacados por las triadas pro-China, tenemos que ir todos mañana a Yuen Long y continuar las manifestaciones convocadas para este mes».

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