Las negociaciones del Brexit vuelven a encallar en la frontera irlandesa

Las negociaciones sobre el acuerdo de salida del Reino Unido de la Unión Europea se encaminan hacia un colapso en la delicada cuestión de la frontera inter irlandesa. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dijo ayer a su llegada a Salzburgo que el Reino Unido deberá reelaborar sus propuestas para resolver este asunto y la primer ministra británica, Theresa May contestó que le corresponde a la parte europea revisar su posición si quieren desbloquear la situación: «Si queremos llegar a una solución, la UE deberá darle una vuelta a sus posiciones, igual que ya ha hecho el Reino Unido», dijo May.

El problema aparentemente insoluble consiste en conciliar la premisa de que no haya una frontera física que impida la libre circulación entre la República de Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte con el hecho de que la primera seguirá estando en el mercado único y el Ulster sale del espacio europeo con el resto de Gran Bretaña. Para los católicos de Irlanda del Norte y la gran mayoría de sus habitantes que votaron masivamente para quedarse en la UE, la idea de una frontera con controles con el resto de la isla es impensable. La Comisión propone entonces que haya un control de salvaguardia entre el Ulster y el resto del Reino Unido, lo que para la opinión pública británica es sencillamente inaceptable. La situación se podría resolver más fácilmente cuanto mayor integración económica acepte Londres, pero eso irritaría a los partidarios del Brexit más radical.

De todos modos, Tusk ha admitido que las cosas «van en la buena dirección», al menos en otros campos, como la cooperación en materia de defensa y seguridad, un terreno en el que el negociador europeo, Michel Barnier, ha reconocido que los representantes británicos aceptan ahora cláusulas que rechazaron siendo miembros de pleno derecho.

Y en lo que volvió a insistir Tusk es en la premura del tiempo, puesto que es necesario que las negociaciones lleguen a buen puerto con tiempo suficiente para que se complete el proceso de ratificación. Se había previsto acabar en octubre, pero eso ahora se da por imposible. La idea de una segunda cumbre en noviembre, además de la que ya está prevista en octubre, está prácticamente aceptada por todos.

May había dicho a su llegada a Salzburgo que su Gobierno «no convocará jamás un segundo referéndum» y que espera que no le pongan sobre la mesa «propuestas inaceptables» en referencia a la cuestión de la frontera irlandesa. La primera ministra ha empezado a difundir la tesis de que su propuesta para el Brexit es la única posible para evitar una separación traumática el 29 de marzo próximo. Además de los debates internos en el seno del Partido Conservador, May depende de un pequeño partido de los protestantes norirlandeses que podría ser mucho más letal para la estabilidad de su gabinete y que se opone a cualquier asomo de que se instaure una diferencia entre esa provincia y el resto del país.

La primera ministra británica expuso estas ideas en la cena de ayer a todos sus todavía socios comunitarios, que hoy se reuniran sin ella para perfilar su posición común en esta recta final de las negociaciones.

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