Las impresionantes marcas de Jon Rahm a la misma edad que Tiger Woods

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Cuando las sensaciones se acompañan con datos, las opiniones ganan muchos enteros. Y cuando se someten a comparaciones y las aguantan, se puede tener la certeza de que no se está faltando a la verdad. Trasladada esta digresión a la carrera profesional de Jon Rahm, es posible afirmar que la irrupción del español en el golf profesional es de las más explosivas de la historia.

Si el de Barrica ya había entrado en los libros de registros al superar a su ídolo Severiano Ballesteros en precocidad triunfadora (necesitó 40 pruebas para lograr seis títulos continentales, por 52 el cántabro), ahora lo ha hecho con su otro referente, Tiger Woods, en cuanto a promedio de golpes en sus primeros torneos. Después de noventa pruebas entre los mejores ya acumula un promedio más bajo que el californiano a las mismas alturas de su palmarés (69,3 contra 70,3). Un golpe de renta es una barbaridad, porque supone un total de noventa en solo tres años completos como profesional. «Siempre he dicho que si juego al golf no es solo para ganar torneos, sino para dejar mi huella y poder ser recordado», apuntó el vizcaíno. Y lo está consiguiendo a base de lograr unas cifras espectaculares, sobre todo cuando se miden directamente con las Woods. Están en todos los parámetros muy igualados y solo aparece claramente por detrás en cuanto a grandes ganados y al ranking mundial.

Con noventa citas el estadounidense ya tenía un Masters en su esportón y era el número uno del planeta, lo que estimula aún más a Rahm. «Cada año he ido aprendiendo a preparar mejor los majors y ojalá caiga el primero en 2020 –confirmó–. Sé que es muy difícil, pero ya he estado cerca otras veces y sé que puedo conseguirlo». Con un reto tan claro, el estímulo se vuelve aún más fuerte.

Con respecto a la lista universal, no es menos optimista, pues «ya estuve de número dos la campaña pasada y en cualquier momento puedo llegar al primero (ahora es el tercero); lo que pasa es que el ranking es muy complicado y depende de muchos factores, por eso no me gusta obsesionarme con él. Al final es una consecuencia del buen juego y si acompañan los resultados, al final se puede alcanzar».

Lo que está consiguiendo Jon en su aún corta carrera internacional es asombroso, pues sus éxitos se están manteniendo en el tiempo. No es cuestión de una racha inspirada sino de una gran regularidad, como lo demuestra el hecho de que es el jugador con más victorias en los últimos tres años, por delante de Dustin Johnson y Justin Thomas (9) y el número 1 mundial, Brooks Koepka (7). Pero lo que más le satisface es que está siendo capaz de ganar en todo tipo de condiciones: saliendo de líder con amplia ventaja, viniendo desde atrás o, como hace diez días en Dubái, recuperando en el último hoyo lo que había perdido en los anteriores. «Lo que más valoré de esa victoria fue que no me vine abajo por perder los seis golpes de renta que tenía a mitad de la vuelta y de mantener la cabeza fría para reaccionar», reconoció con orgullo, aparte de darle más valor aún al hecho de que cada vez que sale a un campo de golf tiene en el punto de mira la victoria. En la mitad de los torneos que ha disputado (45) ha terminado entre los diez primeros, una absoluta locura.

Cara a cara en Bahamas

Jon participa esta semana en el Hero World Challenge (el torneo promovido por Tiger) en su condición de campeón de defensor y es el centro de todas las miradas. Aparte de por ver si es capaz de aguantarle de nuevo la mirada a Tiger en su propio terreno, porque llega con el título de mejor jugador europeo bajo el brazo. En este recorrido bahameño se encuentra como pez en el agua. «Me gusta mucho y disfruto jugando aquí porque me encanta pelear contra el viento», argumentó. Aunque al terminar la primera jornada estaba a cuatro golpes de Gary Woodland (-6), sabe que tiene mucho camino por delante y que en esta semana no cabe presionarse, sino disfrutar con lo que se le presenta por delante. «Para mí es como estar de vacaciones, porque es una competición para elegidos, con sólo dieciocho de los mejores jugadores del mundo y me lo tomo como un premio. A partir de la semana que viene, cuando vuelva a Bilbao para mi boda, empezaré a estresarme con lo que tengo por delante», bromeó.

El viernes 13 se unirá en matrimonio a Kelley Cahill, pero no tendrá una luna de miel al uso. Comenzará la temporada la primera semana de enero en Hawái y le esperará un 2020 de aúpa, con los majors, los Juegos Olímpicos y la Ryder en el horizonte. «Será un año precioso y quiero preparame a fondo para disfrutarlo». Huele a gloria.

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