Las enseñanzas nada abstractas de un grupo de «irascibles»

MADRID Guardar

Una interesante exposición abre en Madrid nuestra mirada hacia un acontecimiento importante en el despliegue del arte en EE.UU. tras el final de la II Guerra Mundial. Era la época en la que se configuraba la llamada Escuela de Nueva York, centrada en la afirmación del Expresionismo Abstracto, que acabaría alcanzando una importante estela de reconocimiento en el arte del siglo XX.

El acontecimiento significativo fue una carta de protesta contra los criterios de organización y exclusión en una muestra del Metropolitan, Pintura americana de hoy: 1950, de diciembre de ese año. La carta fue firmada por 18 pintores y 10 escultores. Ante ello, se preparó un reportaje en la revista Life, en la que desempeñó un importante papel una fotografía de Nina Leen donde aparecían 15 de los 18 pintores. Sólo «pintores», y ningún «escultor», por el hecho de que el motivo de la protesta era una exposición de «pintura». Esa foto alcanzaría una importante relevancia posterior, con réplicas y reelaboraciones de 1985 hasta 2009, en las que se subraya la importancia de la protesta en el medio artístico.

Solo dos mujeres

Señalemos que entre los diez escultores firmantes sólo había dos mujeres: Louise Bourgeois y Mary Callery. Y que entre todos los pintores, únicamente una creadora: Hedda Sterne. Algunos de estos pintores alcanzarían un gran reconocimiento, como De Kooning, Motherwell, Barnett Newman, Pollock o Rothko. Los demás tendrían una valoración más oscilante.

La publicación en Life llevaba como titular «Un grupo irascible de artistas avanzados ha liderado la lucha contra la exposición». De ahí el título de la muestra en Madrid, en la que se presenta la foto de Leen a gran formato, una obra de cada uno de los 18 pintores firmantes de la carta, y un importante espacio de documentos.

«Yellow Islands [Islas amarillas]» (1952). Óleo sobre lienzo de Pollock

En Life se señalaba que el entonces director del Metropolitan, Francis Henry Taylor, había comparado a los firmantes con «pelícanos de pecho plano pavoneándose sobre las tierras baldías intelectuales». ¿Qué es lo que ellos habían escrito en la carta? Los «irascibles» llamaban la atención sobre que la selección de obras en la muestra no daba «ninguna esperanza de que una proporción justa de arte avanzado» estuviera incluida. Para, después, subrayar «el hecho histórico de que, aproximadamente en cien años, sólo el arte avanzado ha hecho alguna contribución importante a la civilización».

No quedarse quietos

Ahí se sitúa el núcleo central de los procesos artísticos: o quedarse quietos, o ir hacia adelante. Y eso es lo que plantea esta exposición, esto es: las 18 obras de los «irascibles», junto a la reconstrucción precisa de lo que pasó entonces, además de la pregunta de cuál debe ser la actitud de los creadores ante los museos y las instituciones artísticas.

Algunos de estos pintores alcanzarían un gran reconocimiento, como De Kooning, Motherwell, Barnett Newman, Pollock o Rothko. Los demás tendrían una valoración más oscilante

En definitiva, de aquel suceso concreto se extrae una consecuencia importante: las buenas prácticas en los museos con el arte que se hace en el tiempo presente exigen una actitud abierta, receptiva y alejada de los cánones excluyentes. Algo que comenzó a abrirse paso con la reivindicación de la plena libertad de cada artista en el Romanticismo, y que se intensificaría después con las vanguardias. En las artes, conociendo lo que ha habido en el pasado, hay que mirar siempre hacia adelante.

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