La vuelta al mundo en quinientos a√Īos

En la madrugada del 10 de agosto de 1519, unos centenares de hombres rezan en la capilla de la Virgen de la Antigua en la catedral de Sevilla. Unas horas despu√©s un gent√≠o bullicioso desciende desde Triana a los arenales del Guadalquivir. Al frente, un portugu√©s membrudo y elegante, a pesar de su marcada cojera, Fernando Magallanes, capit√°n general de una flota de cinco naves y 239 hombres, cuya intenci√≥n era alcanzar las islas de la especer√≠a navegando hacia el poniente. Al mediod√≠a los barcos abandonan el muelle de las Mulas y descienden el Guadalquivir hasta Sanl√ļcar, donde permanecer√°n ultimando los bastimentos. El 20 de septiembre, finalmente en mar abierto, enfilan con rumbo sur hacia Tenerife. El maestre de la nao Victoria era Juan Sebasti√°n Elcano, un experimentado marino y soldado vasco que purgaba una deuda en Sevilla.

Tras un par de semanas de descanso y avituallamiento, la expedición abandonó Tenerife costeando tierras africanas hasta Sierra Leona. Cuatro meses les costó cruzar el océano y arribar a la bahía de Río de Janeiro, luego descendieron hasta encontrar un gran canal que penetraba hacia el interior. Creyendo que era el ansiado paso al mar de Balboa, lo navegaron hasta comprender que era el estuario de un gran río, la desembocadura del Plata. De nuevo en el Atlántico descendieron por la costa meridional argentina, pero el invierno austral, marzo de 1520, les sorprendió cerca de una abrigada ensenada, a la que llamaron San Julián. Allí fondearon los barcos y pasaron cinco meses de reparaciones. El frío, el hambre, las duras jornadas de trabajo y las escasas perspectivas de éxito alentaron un motín capitaneado por Juan de Cartagena, veedor de la expedición. Le apoyaban los capitanes de las naves, excepto la capitana que mandaba Magallanes. A Magallanes no le tembló la mano, abrió fuego contra las naves rebeldes, ajustició a los capitanes desleales y dejó abandonado en la costa a Cartagena.

Hacia el sur

Tras estos graves incidentes, el mando de los barcos fue tomado por portugueses leales al capitán general, y el 21 de agosto, terminado el invierno y realizado el carenado de las naves, la expedición zarpaba de San Julián hacia el sur. El navío Santiago, destacado unos meses antes para explorar la costa, naufragó despedazado en unos bajíos rocosos. La tripulación pudo salvarse y redistribuirse en los otros barcos.

El primero de noviembre, a pesar de los fuertes vientos contrarios, se adentraron por el estrecho, al que llamaron de Todos los Santos. La infinidad de ramales acu√°ticos les obligaba a perderse en los continuos cauces, haciendo la navegaci√≥n pesada y tortuosa. Por la noche, la costa se iluminaba de infinitas hogueras, por lo que Antonio Pigafetta, cronista de la expedici√≥n, dej√≥ escrito para la posteridad el nombre de aquella regi√≥n como la ¬ęTierra del Fuego¬Ľ. En aquel laberinto de aguas, canales e islas, y con el objeto de explorar mejor la salida, Magallanes dividi√≥ la flota, lo que aprovech√≥ el capit√°n Esteban G√≥mez para huir con su nave y regresar a Espa√Īa, donde ser√≠a encarcelado por un tiempo.

Desembocadura

A finales de noviembre alcanzaron la desembocadura del estrecho, y las tres naves supervivientes salieron al inmenso mar de Balboa, al que ante sus tranquilas aguas llamaron Pac√≠fico. Aquellos fam√©licos y cansados marineros fueron ya conscientes de su inmensa gesta. Hab√≠an hallado el camino occidental y americano para navegar hasta Oriente, hab√≠an trazado una nueva ruta mar√≠tima sin tener que circunnavegar √Āfrica, y lo m√°s importante de todo, hab√≠an ensanchado el mundo y en breve confirmar√≠an la esfericidad de la Tierra.

Pero lo peor estaba por llegar. Tres meses de desolada navegaci√≥n, en un enorme oc√©ano en el que solo avistaron un par de islotes, diezmaron a una mariner√≠a enferma de escorbuto y con hambre cr√≥nica. Los hombres de Magallanes llegaron a comerse el cuero que recubr√≠a m√°stiles y velas. Los barcos, agujereados por la broma, ese peque√Īo molusco que destroza la madera, apenas eran gobernables.

La muerte de Magallanes

Cuando el espanto del continuo azul del cielo y de las aguas, como defini√≥ aquella navegaci√≥n Pigaffeta, estaba a punto de acabar con toda esperanza, el 6 de marzo de 1521, con las luces del alba avistaron las primeras tierras del archipi√©lago de las Marianas, y en pocas jornadas m√°s arribaron a la isla de Samar, ya en lo que se conocer√≠a como islas Filipinas. D√≠as despu√©s, en la isla de Mactan, Magallanes quiso interponerse en una disputa entre raj√°s locales, y de forma imprudente atac√≥ las tierras del cacique Cilapulapu con medio centenar de hombres. El 27 de abril, los espa√Īoles fueron sorprendidos por dos millares de nativos; Magallanes muri√≥ en el combate.

Asumi√≥ el mando Duarte de Barbosa, cu√Īado del fallecido capit√°n general. Poco despu√©s Barbosa morir√≠a asesinado junto a otros capitanes y marineros en una trampa tendida por el raj√° de Ceb√ļ. Huidos y refugiados en la isla de Bohol, los 115 hombres supervivientes designaron al piloto Juan L√≥pez de Carballo jefe de la flota. Tambi√©n decidieron quemar la nave Concepci√≥n, infestada de broma y desencuadernada por las tempestades.

Elcano, capit√°n

A finales de septiembre, y ante la manifiesta ineptitud de mando, Carballo fue destituido, asumiendo la capitan√≠a de la nao Victoria el guipuzcoano Juan Sebasti√°n Elcano y G√≥mez de Espinosa de la Trinidad. Las dos naves, cargadas de clavo y otras especias, llegaron a Tidore, en las Molucas, a principios de noviembre. Ante el lamentable estado de la Trinidad decidieron que, mientras se reparaba, Elcano partir√≠a hacia Espa√Īa lo antes posible por la ruta de la India, intentando esquivar a los portugueses.

La nao Trinidad, una vez reparada, intent√≥ regresar a Am√©rica por el Pac√≠fico, pero una fuerte tormenta le oblig√≥ a pedir auxilio a los portugueses, quienes retuvieron a los 17 marineros supervivientes, de los cuales solo cinco regresaron a Europa a√Īos despu√©s.

Por su parte, Juan Sebasti√°n Elcano pilot√≥ su nave alejado de los portugueses. Cruz√≥ el oc√©ano Indico, atraves√≥ el peligroso cabo de las Tormentas, dobl√≥ el cabo de Buena Esperanza y siguiendo la costa occidental africana arrib√≥ a la isla de Cabo Verde, donde fue retenido por el gobernador luso, aunque merced a un enga√Īo logr√≥ escapar y llegar finalmente e Espa√Īa.

La ma√Īana del 9 de septiembre de 1522, dieciocho quijotes fam√©licos procesionaban desde su barco hasta la iglesia de Nuestra Se√Īora de la Victoria y a la capilla de la Virgen de la Antigua en la catedral. Daban gracias por culminar la formidable haza√Īa de circunnavegar el orbe, 14.440 millas n√°uticas -unos 79.500 kil√≥metros- y seguir vivos. El mundo se hab√≠a ensanchado y se abr√≠a la posibilidad cierta de conectar a todos los pueblos que habitaban la Tierra.

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