La última bala para Alejandro Valverde

A Alejandro Valverde le despiden dos de sus cuatro hijos en un pueblo de diseño en los Alpes austriacos como dicen adiós los niños a sus padres camino del empleo. Un tierno beso en los labios de ambos retoños, que escuchan esto de uno de los favoritos a ganar el Mundial de ciclismo, hoy (9:40 h., Eurosport y Teledeporte) en Innsbruck : «Papá se va a trabajar. Portaos bien y no crucéis la carretera». Sale escopetado Valverde con sus compañeros de la selección al último entrenamiento antes de la que es, probablemente, su oportunidad final. Es ahora o nunca para el español de 38 años, propietario de 121 victorias y seis medallas en los mundiales, pero nunca campeón del mundo. «Solo me ha faltado suerte», razona en la previa «el Bala», así lo apodan en el pelotón.

Con sus niños retozando alegres por Hopfgarten im Brixental, su feria rural, ovejas esquiladas, vacas floreadas y alargadas mesas de madera repletas de muslos de pollo, salchichas y cerveza, Valverde trata de considerar al Mundial de Innsbruck una carrera más, otro renglón más en su hoja de servicios. «La presión es para él», señala el novato aspirante a estrella Enric Mas, segundo en la Vuelta, gafas rojas ayer, despreocupado antes del entrenamiento. «Y un cuerno –replica Valverde–. Presión ninguna».

Después de concursar en once Mundiales y arañar dos medallas de plata y cuatro de bronce, Valverde no se siente en la obligación de nada, aunque la pieza de oro haya escapado siempre a su periscopio de cazador. «El que tuve más cerca de la victoria fue el primero que disputé, 2003, el que ganó Astarloa. En 2005 (otra plata) me superó claramente Boonen».

Varias generaciones de puncheurs ciclistas, como denominan los franceses a los francotiradores, han pasado a la posteridad o a la jubilación (el cántabro Óscar Freire, Paolo Bettini, Tom Boonen, Alessandro Ballan, Thor Husvod, Mark Cavendish…) y el único que sigue es Valverde, incombustible y educado en el triunfo. «Algo nervioso siempre te pones ante un Mundial, claro –comenta–. Pero hay que correr sin obsesiones. Los demás no son cojos».

Cambio de registro

El Mundial ha variado su registro en la capital del Tirol, imponentes las postales de los Alpes nevados dominando el valle. El trazado penaliza al gobernador de los últimas tres ediciones, único en la historia con un triplete consecutivo, Peter Sagan. Son 252 kilómetros en una sinfonía de seis vueltas a un circuito escarpado de 23,9 kms., (seis subidas al puerto de Igls –7,9 kms al 5,7 % de desnivel medio) y una giro final de 31 kilómetros con escalada al muro de Holl (2,8 kms. al 11,5 % de desnivel y un tramo al 28%). Una pared cierra el campeonato en Innsbruck.

El francés Alaphilippe colgó un vídeo en las redes en modo amenaza, trepando como una liebre por la tremenda cima del 28%. Es el anti-Valverde, poderoso llegador a bordo de un potente equipo francés (Bardet, Pinot). Los italianos, selección de referencia en cualquier Mundial, presentan a Nibali y su delfín Moscon, que lo gana todo después de cinco semanas de sanción por su agresión en el Tour. Colombia nunca ha logrado este título y confía en la bendición de la montaña para Urán, Sergio Henao, «Supermán» López o Nairo Quintana. Quedan los versos sueltos: el esloveno Roglic, el irlandés Dan Martin, el polaco Michal Kwiatkowski o los gemelos británicos Yates.

Todos poseen virtudes y motivos para neutralizar la última bala de Valverde, quien lejos de pensar en el adiós con sus 38 años, pretende seguir disfrutando del ciclismo. «¿Retirarme si gano? Ni de coña. Habrá que lucir el arcoíris el año que viene».

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