La UE da hoy su visto bueno al Brexit al que May vincula su futuro

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, envió ayer tarde la carta de invitación a los líderes comunitarios, para la reunión extraordinaria prevista para hoy domingo a primera hora de la mañana. El documento es una benéfica declaración hacia la labor del negociador europeo Michel Barnier, de quien dice que ha logrado que se respeten los derechos de los ciudadanos europeos actualmente instalados en Gran Bretaña, que se mantenga la situación de paz en Irlanda del Norte y que se garantice que el Reino Unido seguirá pagando sus obligaciones financieras hacia la UE.

Al tiempo, dice, la carta garantiza cierta claridad legal en el proceso de retirada. Esa efusión satisfactoria contrastaba con las ráfagas de indignación crítica por parte de los patidarios más acérrimos de la salida del Reino Unido de la UE que afirmaban con todo tipo de argumentos que pueden garantizar que este acuerdo no será ratificado en el Parlamento Británico porque, como ya decía el último ministro para el Brexit Dominic Raab, -y no solo él- creen que «es peor que seguir siendo miembros de la UE». La puntilla más dolorosa se la ha clavado la dirigente del Partido Unionista del Ulster (DUP) Arlene Foster que ha dicho que este acuerdo para el Brexit «es una amenaza mayor que un Gobierno liderado por Jeremy Corbyn», el líder laborista. Los diez diputados del DUP son necesarios para mantener al Gobierno de May y el exministro de Exteriores, Boris Johnson, calificó a este partido como si fuera la quintaesencia del patriotismo británico.

La mala noticia pues para las buenas palabras de Tusk es que si ahora es seguro que el Tratado de Retirada será aprobado hoy en términos políticos por Theresa May y sus todavía socios europeos, también lo es que existen muchas probabilidades de que sea destruido en el debate parlamentario.

La carta de Tusk especifica, en efecto, que después de que los Veintisiete den su visto bueno al acuerdo en una cumbre que, como se quería desde un principio, durará apenas unos minutos, después de esta reunión entrará May a la sala «para estudiar los próximos pasos a seguir», en un territorio desconocido para todos.

Así que todo el dramatismo que se había vivido durante unas horas en Bruselas por la posición española en relación al futuro de Gibraltar estalló al otro lado del Canal de la Mancha ante la evidencia de que lo que se va a bendecir mañana en el Consejo Europeo es algo que no dejará satisfecho a nadie. Ni a los partidarios del Brexit más radical ni a los que aún sueñan con un milagro que frene el divorcio con el continente. Y el futuro de May se vuelve más negro que nunca.

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