La «turista quince millones» de 1968

Ya llegaba el verano a su fin (era 11 de septiembre) cuando una joven maestra italiana se convertía, a su llegada a Madrid, en la «turista quince millones» del año 1968. Stella di Goia, que así se llamaba, era recibida a bombo y platillo en el aeropuerto de Barajas por varios representantes del Ministerio de Información y Turismo, que la obsequiaron con un ramo de flores, una antología del cante flamenco y un juego de maletas. El asunto adquirió tal trascendencia que llegó a la portada del ABC del día siguiente. Mucho ha cambiado el turismo (y, por supuesto, los turistas) desde aquel verano de hace cincuenta años en la capital.

Cosa de turistas

Llegaban en coche. Eran, en su mayoría, franceses, ingleses o portugueses, de clase acomodada y, sobre todo, bastante menos numerosos que hoy en día. Los turistas han cambiado mucho desde aquel verano de hace cincuenta años en que Stella di Goia se convirtió en la «turista quince millones» en viajar a España. La cifra se alcanzaba a principios de septiembre; hoy son más de 80 millones los que nos visitan en un solo año.

«Hemos venido para ver el Santiago Bernabéu, nos encanta el Real Madrid», explica Simo, un joven marroquí que pasea con su madre y su hermano por la Puerta del Sol. Han venido en avión y se quedarán cinco días en la capital. Para muchos viajeros, el estadio de fútbol es una de las principales atracciones de la ciudad, aunque otros están solamente de paso. «Venimos de Kentucky, vamos a pasar un día aquí y luego nos vamos a Canarias», dice un grupo de jóvenes, blancos como un vestido de novia, embadurnados en crema solar y vistiendo bermudas y alpargatas. La imagen no es, desde luego, insólita, y muy pocos podrían llegar a verla con malos ojos.

Joven extranjero paseando por Madrid – ABC

Una situación bien distinta a la que se vivía en los pimeros años de la década de los sesenta, cuando se afirmaba (del joven a la derecha de estas líneas), en las páginas de Blanco y Negro: «Choca en algunos visitantes extranjeros su desaseo en el vestir y en el calzar. Ignoramos a qué razones obedece tal desaliño».

Pero la estampa más común durante estos días de esparcimiento estival, junto a los monumentos y frente a las plazas, es la de las colas: ríos de gente esperando su turno para hacerse una foto con la atracción turística más cercana en el fondo. Mucho les habría sorprendido a aquellos redactores, severos censores del vestir de los jóvenes, ver a decenas de asiáticos cargados de bolsas arremolinarse frente a la estatua del oso y el madroño, gritándose en su idioma para hacerse oír sobre el barullo de sus propios compatriotas.

Arte o fútbol

A Stella di Goia, a su llegada a Madrid, también la interrogaron sobre sus motivos para visitar la ciudad. «Piensa visitar el Prado. Como pintora prefiere el arte moderno, y dentro de él el expresionismo italiano más que el alemán», reza el artículo de 1968. Angeline y Cédric, por su parte, turistas franceses que han venido a pasar cuatro días a la capital, aseguran que «no tienen tiempo» para museos (aunque su itinerario sí contempla una visita al Bernabéu).

Jóvenes ingleses recorren España en un destartalado «Leyland», en 1963
Jóvenes ingleses recorren España en un destartalado «Leyland», en 1963 – ABC

El abaratamiento de los medios de transporte se deja notar en la cantidad de idiomas que uno puede oír sencillamente dándose un paseo por el Triángulo del Arte, junto al Parque del Retiro. Por eso hasta sorprende escuchar el español. Sebastián (nombre ficticio) ha venido desde Colombia con su madre para hacer un viaje por Europa. Lo que más les ha sorprendido: la seguridad. «Aquí se puede pasear tranquilo por la noche», dice. También las calles, estrechas, y el transporte público, por lo barato y amplio de su red.

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