La trampa recurrente de evitarlas reformas necesarias

Desde la recuperaci√≥n de la democracia, la sociedad argentina est√° atrapada en un juego de suma cero que ha determinado la ca√≠da en la pobreza de millones de nuestros compatriotas. Aun coincidiendo con quienes remontan al Rodrigazo el inicio de los a√Īos pobres del pa√≠s, los acontecimientos vividos desde 1983 son suficientes para explicar nuestro retroceso. En ese a√Īo comenz√≥ la trayectoria hist√≥rica democr√°tica, la cuarta gran trayectoria de nuestra historia luego de las trayectorias liberal, nacionalista y populista, signada por el triunfo de una nueva coalici√≥n sociopol√≠tica que tuvo la fuerza necesaria para liquidar el predominio del poder militar. La llegada de la democracia alent√≥ la esperanza de que bajo el imperio de la Constituci√≥n Nacional se consolidar√≠a una √©poca de desarrollo y equidad. Lamentablemente, esa esperanza se vio frustrada y una interminable secuencia de crisis pol√≠ticas y econ√≥micas nos condujo al presente, cuando por en√©sima vez hemos ca√≠do en una trampa que no es una fatalidad del destino de los argentinos, sino el resultado de nuestra incapacidad para evitarla.

¬ŅCu√°l es la trampa hist√≥rica en la que vivimos prisioneros desde 1983? Es una trampa sencilla de explicar, pero dificil√≠sima de desmontar. Consiste en la imposibilidad de hacer las reformas estructurales que el pa√≠s requiere para salir de su penoso estancamiento. Esta trampa se desarrolla en un ciclo repetido que se asemeja a una tragedia griega cl√°sica. El primer episodio se desarrolla durante los gobiernos peronistas y kirchneristas, que acostumbran al pueblo a vivir por encima de sus posibilidades. Sus pol√≠ticas econ√≥micas no son sustentables y generan desequilibrios macroecon√≥micos que se suman a los acumulados por la econom√≠a argentina desde hace d√©cadas. Pero la clave de estos gobiernos es que no intentan acometer reformas estructurales para reducir el peso y la ineficiencia del Estado y se limitan a dejarles una pesad√≠sima herencia a sus sucesores. Es el componente populista de la trampa. Y, lo que es peor, al ser sucedidos por gobiernos no peronistas que despiertan mayor confianza en el mundo, sus desastres econ√≥micos no concluyen con el estallido de una crisis. Es decir, el populismo contribuye a perpetuar la trampa por partida doble: por su negativa a hacer reformas y por dejarles incubadas crisis grav√≠simas a gobiernos no populistas.

El segundo episodio se produce con la llegada de un gobierno no peronista. En t√©rminos generales, est√°n en minor√≠a en el Congreso, controlan pocas provincias y el poder sindical responde al peronismo. La suma de esas carencias disminuye dram√°ticamente su capacidad para mantener la gobernabilidad y se deben apoyar en la opini√≥n p√ļblica que los vot√≥ para desarrollar su gesti√≥n. La pretensi√≥n de hacer reformas estructurales es frenada por su menor capacidad de gobernabilidad y ni siquiera las intentan llevar a cabo. Es el componente no populista de la trampa. Para colmo, ante la posibilidad de ser sucedido por un opositor populista los problemas de gesti√≥n se multiplican, los inversores externos, y tambi√©n los argentinos, huyen del peso y se genera una crisis como una profec√≠a autocumplida. Todos los factores que reducen el riesgo de una crisis cuando un gobierno populista abandona el poder se potencian en la secuencia inversa. En este sentido, el ejemplo del gradualismo de Macri, el resultado electoral de las PASO y la crisis de confianza posterior son de manual. Si en las elecciones de octubre se ratificaran esos resultados, parecer√≠a que nos encaminamos a un nuevo ciclo de la trampa en la que estamos sumergidos desde hace d√©cadas. El populismo asume en medio de una crisis, exacerbada por su retorno el poder, maneja a su antojo la mayor parte de los poderes de la Rep√ļblica y se dedica a usufructuar los esfuerzos de racionalidad econ√≥mica logrados por Macri. Y de reformas estructurales no se habla.

Sin embargo, podr√≠amos estar ante una mutaci√≥n profunda de esta secuencia cl√°sica de la decadencia argentina. He sostenido en mi libro Las trayectorias argentinas que en 2015 se inici√≥ una quinta gran trayectoria hist√≥rica en el pa√≠s, que denomino la trayectoria institucional. Esta trayectoria se define por la pretensi√≥n de la sociedad argentina de conservar la vigencia de los principios formales que establece la Constituci√≥n de 1994 para elegir los representantes del pueblo y de avanzar en lograr la instauraci√≥n plena de sus principios republicanos. El punto de partida de cada una de las cuatro grandes trayectorias argentinas ha estado asociado a un pu√Īado de nuevos principios y valores enfrentados a la pretensi√≥n colectiva anterior, que significaron la p√©rdida del poder de la clase dirigente hegem√≥nica a manos de nuevas coaliciones de poder. Cambiemos encarn√≥ claramente esta pretensi√≥n, pero a primera vista el posible triunfo de Alberto Fern√°ndez en las elecciones presidenciales parecer√≠a representar un freno a la consolidaci√≥n de una trayectoria institucional. Creemos que no ser√° as√≠. En las PASO los ciudadanos demostraron que no le dan un cheque en blanco a nadie. Si el peronismo/kirchnerismo ganara finalmente las elecciones y creyera que el pueblo le ha dado un mandato para reincidir en los errores de Cristina Kirchner se equivocar√° por completo. Y los argentinos se lo har√°n saber r√°pidamente. Esta vez la trampa perenne de la pol√≠tica argentina no les jugar√° a favor. Quien gane las elecciones no tendr√° recursos para despilfarrar y de una vez por todas se ver√° obligado a materializar las reformas estructurales pendientes. La sociedad argentina le ha tendido una trampa perfecta a su clase pol√≠tica: las principales fuerzas deber√°n trabajar juntas o la inestabilidad pol√≠tica provocar√° crisis econ√≥micas y pol√≠ticas que el peronismo no ha conocido en tiempos de democracia. En los tiempos que se avecinan, de resultar elegido Alberto Fern√°ndez, el peronismo tambi√©n estar√° expuesto a sufrir una crisis de gobernabilidad. Por la presi√≥n de la sociedad y por la interna entre su ala tradicional y el kirchnerismo.

Con su voto, la sociedad argentina ha montado una trampa perfecta en la que nadie puede escabullirse de su responsabilidad. Desde el fondo de su historia, ha vivido sujeta a los vaivenes de l√≠deres personalistas en cada cambio de trayectoria y ello ha impedido que se logren consensos b√°sicos permanentes. Poniendo la mirada en los candidatos que han competido en las PASO, se aprecia que ha llegado la hora de los consensos econ√≥micos, en salud, en educaci√≥n, en relaciones exteriores, en la b√ļsqueda de la equidad, en pol√≠ticas de seguridad y en casi todos los campos del quehacer nacional. Solo la materializaci√≥n de un in√©dito consenso entre las fuerzas pol√≠ticas tendr√° la potencia suficiente para escapar de las crisis recurrentes argentinas y consolidar a largo plazo una trayectoria institucional que nos devuelva la esperanza, el progreso y la equidad. Por debajo de la superficie electoral, la tect√≥nica de una nueva trayectoria institucional teje sus redes invisibles. Entonces la trampa no ser√° una trampa del pasado, sino una puerta hacia el futuro.

Miembro del Club Político Argentino

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