La suciedad, el vandalismo, el trapicheo y la inseguridad reinan en Caño Roto 

Son las cinco de la tarde y en la vía pública, junto a una zona ajardinada, un grupo de hombres hace una barbacoa. Asan panceta, chorizo y chuletas. La zona se inunda de humo. Ellos siguen jaleándose e invitando a todo el que pasa, que evita mirarles. «¿Eh, quieres un poco?», inquieren ellos. Un coche patrulla de la Policía Municipal se acerca y para de manera intimidatoria. Les ha llamado una vecina. Un agente se dirige a ellos. «Es el pan nuestro de cada día. Esto es territorio comanche», dice a su regreso, resignado. Alude al barrio de Caño Roto (Latina).

«Esto es un mundo aparte», indica Pedro (nombre ficticio), que hace de cicerone. Estamos en la plazoleta de la calle de Escalonilla. En la zona de los contenedores la basura está fuera, junto a carros de supermercado. Hay restos de espuma de los bomberos. Acudieron horas antes porque alguien dejó abandonado un tresillo que acabó siendo pasto de las llamas. Una mesa de camping y un par de hamacas están enganchadas con cadenas a un árbol como si de una bici o moto se tratara.

Los carros de supermercados abundan en las calles, junto a otros enseres
Los carros de supermercados abundan en las calles, junto a otros enseres – Guillermo Navarro

«Mientras tú agaches la cabeza no hay problema, ellos son los dueños, pero como les digas algo saltan chispas», precisan portavoces de la Asociación de Vecinos La Fraternidad. Por si a alguien le queda alguna duda, un mensaje escrito en una pared advierte: «”Chibatos” (sic) aquí no. Me cago en tus muertos».

Viven en la calle

«Los críos tiran petardos continuamente, da igual la época del año y la hora que sea. Grandes y chicos hacen un ruido insoportable. Los pequeños con los quads; que un día van a atropellar a alguien. Y los mayores con sus juergas y sus líos. Viven en la calle. Este verano hasta sacaron un frigorífico para no tener que subir a casa a por refrescos». Así resumen el problema de convivencia que generan algunas personas de etnia gitana los residentes de Caño Roto. No es el único. «A mí no me molesta que estén en la calle. Lo que me molesta son los restos del melón que se comen y dejan en el suelo y toda la guarrería. Se creen que las latas se deshacen solas, y que destrocen porque sí», subraya Pedro.

Encadenan las sillas a las farolas, como si estuvieran en la terraza de un bar
Encadenan las sillas a las farolas, como si estuvieran en la terraza de un bar – Guillermo Navarro

Ocurre en la calle de Ariza, Alcaraván, Ateca, Duquesa de Parcent, Plazas de Tauste, de la Ricla, de Gelsa del Ebro, etc… La suciedad y el incivismo imperan. Hay botellas y todo tipo de desechos depositados en los alcorques o entre los coches. Además, latas de conservas, cáscaras de plátano, latas, compresas y todo tipo de envases se alinean junto a las fachadas. «Los arrojan desde las ventanas. Hasta pañales sucios he visto a veces. Todos los miércoles viene una brigada municipal y lo deja todo como la patena, pues mira como está, con el dineral que nos cuesta a todos…», dice indignada una portavoz de La Fraternidad. «Son como Atila, por donde pasan, arrasan», añade otra compañera.

La mayoría de los inquilinos proceden del poblado chabolista del Cerro de la Mica. Las pintadas inundan las fachadas de ladrillo rojo de los edificios del IVIMA, marcando el territorio. En cada manzana hay un patio interior con bancos ideado como zona de esparcimiento. Las vallas y las rejas han sido arrancadas, los adoquines del suelo están levantados y las raíces de los árboles han destrozado un pavimento que nadie se ha molestado en arreglar.

No hay comercios, por lo que okupan los locales para vivir o traficar con droga
No hay comercios, por lo que okupan los locales para vivir o traficar con droga – Guillermo Navarro

El estado de abandono es palpable. Es raro el portal que mantiene la cerradura intacta. En el interior y en el exterior se ven todo tipo de cachivaches: ruedas, cajas, banquetas, tablones y hasta tendederos… Salvo farmacias, no hay ni un solo comercio y las calles lucen desiertas. «En este barrio ningún coche para en los pasos de peatones, te tienes que parar tú. Uno se llevó a una mujer con el carrito de un bebé por delante», hacen lo que quieren, recalca el grupo. Eso, sin contar con los bicicletas de BiciMad que vienen a morir aquí. «Cada dos por tres llaman al Ayuntamiento para que los recojan», precisan.

No es raro ver coches aparcados sobre las aceras con total impunidad
No es raro ver coches aparcados sobre las aceras con total impunidad – Guillermo Navarro

Caño Roto sufre también los problema de las okupaciones mafiosas y los narcopisos. «No nos libramos. Ellos pagan alquileres de 50 euros, se marchan y, luego, otros piden 300. Hay muchos locales vacíos que usurpan para trapichear con droga, al igual que en los pisos. Cada vez vemos más yonkis, algunos de la Cañada por el aspecto que tienen».

En el último censo de viviendas ocupadas, Latina ocupa el cuatro puesto, con 228, por detrás de Carabanchel (282), Puente de Vallecas (506) y Usera (516), según los datos de octubre de la Delegación de Gobierno.

Zona prioritaria policial

Aluden también a la delincuencia. «A una mujer le dislocaron el hombro para quitarle el bolso. Aquí han hecho operaciones en las que han decomisado hasta armas de fuego; yo no dejo a mi hija de 11 años sola. No me siento seguro», tercia Pedro. Para la Policía Municipal la zona es territorio hostil. «Nos lanzan objetos, nos insultan… Cuando hacemos alguna intervención ponemos los controles antes, para evitar altercados», indican portavoces sindicales.

El Ayuntamiento reforzó hace un mes la presencia policial, incluyendo unidades caninas y a caballo en este barrio, al igual que hizo en los más conflictivos de Villaverde, Usera o Carabanchel. El plan acabará en Reyes. «No hemos visto esos animales ni en pintura», denuncian los vecinos. El área de Seguridad afirma que equinos no han llevado, porque hay pocos, pero que hay más patrullas y que en la primera quincena de enero se evaluará el resultado.

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