La segunda vida de butroneros y aluniceros: de rateros a ciberdelincuentes

«Solo se necesita un ordenador, nociones básicas de informática y pagar lo que cuesta crear una página web. Con estas herramientas, los amantes de lo ajeno pueden lucrarse engañando a los demás a través de compras ‘on line’ o de medio de pago, lo que se denomina ‘phishing’: obtención de la contraseña de la tarjeta de crédito de la víctima u otra información bancaria confidencial». Así lo asegura a ABC Roberto Fernández Alonso, inspector jefe de la Sección Operativa de Redes de la Unidad Central de Ciberdelincuencia. Todo ello está haciendo que butroneros, aluniceros, descuideros o expertos en forzar coches se reconviertan y pasen a infringir la ley del mundo real al virtual.

Una prueba son los detenidos con antecedentes policiales que, una vez traspasada esa barrera, en ocasiones reinciden también en la delincuencia «on line». Lo más llamativo es que estos sujetos cometen fraudes o estafas de pequeñas cantidades que pueden rondar los 60, 80 o 100 euros, pero que son difíciles de investigar, explica el mando policial. No faltan las estafas más lucrativas y puntuales, que pueden alcanzar el medio millón de euros.

El número de denuncias por estos fraudes (compras por internet y «phishing») crecieron un 33 por ciento en el último año, al pasar de las 45.000 a las 60.000 en toda España. Aunque no se dispone de datos por comunidades autónomas, a tenor del número de habitantes, este tipo de delito es más frecuente en las regiones con más población: Andalucía, Madrid, Cataluña o Comunidad Valenciana.

Falsos chollos

Los ciberdelincuentes utilizan varios métodos. Uno de los más habituales es «piratear» o crear una página de venta haciéndose pasar por la empresa legal. La persona hace la transferencia, nunca le llega el pedido y ellos se embolsan el dinero. Así de fácil. Ofrecen cualquier producto, de temporada (aires acondicionado, gafas de sol, bolsos); aparatos electrónicos (iPhone, Playstation); artículos de piel… Explotan la página al máximo hasta tener constancia de que corren riesgo y ven en foros a personas explicando el timo del que han sido objeto.

Otras veces, crean una página sin que haya nada real detrás o juegan con apetitosas ofertas cuyo plazo acaba en un día, por ejemplo. Si a ello le añaden la presión del factor tiempo, descontando los minutos que restan para que acabe esa «gran oportunidad» en la parte superior de la página, no es raro que muchos piquen el anzuelo ante el miedo a perder el «chollo».

Un ejemplo frecuente es anunciar un móvil de última generación con un valor en el mercado de 1.400 o 1.500 euros por menos de la mitad. También se dan estafas a título individual utilizando plataformas de productos de segunda mano, ajenas al timo. Una de las clásicas es el típico anuncio de un apartamento en la playa o de un vehículo que oferta su legítimo propietario. En este último caso, adjunta la ficha técnica y demás datos. El defraudador se hace pasar por el dueño, obtiene sus datos y recibe la transferencia en concepto de señal que este pedía; por ejemplo, 400 euros. Además, para que caigan más personas en la trampa, rebaja el precio de los 8.000 a 4.000 euros.

En cuanto al «phishing», se trata de una modalidad de estafa en la que los ciberdelincuentes obtienen los datos personales de la víctima: DNI, cuentas bancarias, claves de las tarjetas de crédito o el acceso al correo. Lo hacen para usarlos de forma fraudulenta y robarles el dinero a través de correos electrónicos pidiendo datos bancarios, sms, llamadas de teléfono, etc.

Alta rentabilidad

Los autores de estos delitos varían en función de la especialidad. Los hay españoles, rumanos, nigerianos… El motivo del trasvase de parte de la delincuencia común al mundo virtual es la rentabilidad. «El riesgo que corren de que sean detenidos es menor y el beneficio, mayor», recalca el inspector jefe de esta unidad. Esto obedece a que el botín se prolonga en el tiempo de un modo u otro y aunque con un solo butrón obtengan más dinero, cada vez se producen menos y las posibilidades de que sean cazados es mayor».

«A ello se suma que la pena que conlleva el fraude es menor, de seis meses a tres años, una cifra que difícilmente alcanza los ocho años si se suman un sinfín de agravantes», recalca Fernández. Hay que añadir lo complejo de estas investigaciones. Como los estafados son de varias provincias, las competencias judiciales se van pasando de una a otra y el caso queda en nada.

Para no picar el anzuelo, el jefe de la unidad recomienda siempre verificar que la página web es la real, que funciona y que sea segura; que tenga el protocolo http y https. En caso de duda, evitar la compra, los chollos, las prisas y no enviar ni facilitar datos ni documentos y usar tarjetas prepago. En relación a los bancos, que la dirección exista y no sea, por ejemplo: bancodesantader001.es si no bancosantander.es. «No hay ningún campo delictivo que evolucione tanto como el de la ciberdelincuencia», concluye.

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