La salida del poder y la ausencia de sucesor abren a Sánchez las puertas del PSOE andaluz

Vientos de cambio en el socialismo andaluz. Pedro Sánchez quiere ver cómo se desarrollan los acontecimientos en Andalucía y esperar a la definitiva pérdida del poder por parte de los socialistas para actuar en la federación más importante del partido, que es a la vez en la que menos presencia tiene la dirección federal. Pero Susana Díaz aguanta y mantiene la idea de resistir. Detrás de ella un partido que no es monolítico en su base pero que en el ámbito de la dirección es fiel a la todavía presidenta. Ese es el mapa de un 2019 que entre la pérdida de la Junta de Andalucía y la sentencia del caso de los ERE convertirán este nuevo año en el peor de la historia para el socialismo andaluz.

Tras el varapalo en las urnas el 2 de diciembre la Ejecutiva del PSOE andaluz renovó por unanimidad la confianza en Susana Díaz. Se acordó que el mensaje sería el de tratar de salvar el Gobierno de la Junta de Andalucía poniendo en valor haber sido la primera fuerza y demonizando el papel de Vox. Una operación que se ha demostrado imposible y que no se ha sustentado en ningún tipo de negociación. Y es que el mensaje iba realmente dirigido a la dirección federal.

El día antes el secretario de Organización, José Luis Ábalos, apuntaba a la «necesaria renovación del PSOE andaluz». Sus palabras causaron conmoción por venir de él, en quien Díaz y sus íntimos mantienen una confianza como único interlocutor en Ferraz. Las palabras de Óscar Puente o Alfonso Gómez de Celis apuntando expresamente a la figura de Díaz no sorprendían. Pero en boca del hombre fuerte del PSOE en el Gobierno todo adquirió la forma de un plan: Pedro Sánchez ha decidido que es el momento de poner fin a la realidad que consiste en que la influencia de la dirección federal en Andalucía brilla por su ausencia. A eso se refirió Ábalos cuando afirmó que «el PSOE en Andalucía va a abrir una reflexión sobre los resultado y nosotros queremos también implicarnos en ese proceso, contribuyendo a la necesaria regeneración de nuestro proyecto en Andalucía».

Un día después dio un paso atrás. En Ferraz son conscientes de que se precipitaron. La consigna ahora es esperar a que se produzca la pérdida efectiva del poder institucional para tomar alguna decisión. Pero tampoco se tiene claro de en qué dirección. Una cosa sí está clara, y es que Sánchez quiere participar en el proceso que se abrirá: «Ferraz estará presente en Andalucía», asegura un miembro de la dirección. Un proceso que se asume que será de sucesión, pese a la voluntad de Díaz de resistir y encabezar la oposición. «No sabemos qué va a hacer el día siguiente a la investidura de un presidente del PP», asegura un integrante del Gobierno central.

También se quiere esperar para ver cuál es la respuesta y la reacción que empiezan a tener los secretarios provinciales y los candidatos a las alcaldías. En la dirección andaluza no se expresa en privado certezas sobre lo que va a hacer Díaz. Si bien nadie se anima todavía a recomendar su relevo, pero incluso en su dirección tampoco existe un fervor por su continuidad. El momento actual se enmarca en pedir que se le conceda tiempo para reflexionar. Aseguran personas de la dirección andaluza que la presidenta en funciones está haciendo autocrítica sobre lo sucedido.

Los socialistas andaluces, aunque no exentos de pugnas y facciones, siempre han esquivado las sucesiones convulsas. «No puede pasarnos lo mismo que al PP», reflexiona un veterano dirigente andaluz que pone de ejemplo cómo después de un liderazgo sin contestación la sucesión se solucionó con unas primarias con múltiples contendientes. Solo a partir de la decisión de Díaz y de cómo se posicionen los líderes provinciales se podrían abrir otros escenarios.

Un diputado recomienda «no descabezar» el partido en estos momentos. Otros apuntan que el momento debe ser «a partir de ahora», en referencia a la salida de la Junta, cuando debe estudiarse si procede un relevo.

Las posibilidades de Sánchez

La posibilidad de implantar una comisión gestora, por lo que se preguntó abiertamente a Ábalos y que rechazó un día después para no provocar una fractura irreversible, es un elemento que está encima de la mesa de esta partida. Sánchez tiene instrumentos para hacerlo. Ya lo hizo con Tomás Gómez en febrero de 2015 a solo tres meses de las autonómicas.

Está claro que Andalucía no es la Comunidad de Madrid. Pero el precedente está encima de la mesa. También como advertencia para quienes dudan de que pueda hacerlo tan cerca de unas elecciones. Aunque no es la hipótesis más clara, apuntándose más a la celebración de un Congreso Extraordinario.

Sánchez no lo tiene sencillo. En las primarias de 2017 se plasmó el siguiente reparto de fuerzas: el 63,2% de la militancia apoyó a Díaz, un 31,7% votó por Sánchez y un 5,2% por Patxi López. Cerca de un 40% de la militancia andaluza no votó por Díaz, en un momento en el que su figura no tenía esa erosión y era la presidenta de la Junta. Ferraz interpreta este escenario como muy abierto. Aunque hay perfiles más prudentes que insisten en «esperar» a Díaz. Además se apunta a que la pérdida del poder institucional puede provocar un terremoto de lealtades en torno a Díaz.

En cualquier caso es la falta de sucesión clara a Díaz lo que anima a la dirección federal a plantear que hay que «corregir», en palabras de un dirigente cercano a Sánchez, la imagen de Andalucía como una suerte de aldea gala frente al poder de Ferraz, multiplicado con la llegada de Sánchez a La Moncloa. «Sea quien sea el líder, incluso si siguiese Susana, eso hay que corregirlo», apuntan en la dirección.

Esa base de apoyo militante no se traslada en el ámbito orgánico del partido. Tras llegar a Ferraz como responsable de Organización Ábalos priorizó la pacificación y no desembarcó en Andalucía. No se presentó un rival contra Díaz en 2017 a nivel regional y ahora se le ha permitido confeccionar las listas a su voluntad. Algo que no gustó a muchos sanchistas andaluces. Sánchez ha colocado a su fiel Gómez de Celis como Delegado del Gobierno y dio un golpe de efecto al quitar a Díaz los servicios de María Jesús Montero para convertirla en su ministra de Hacienda. Ella lo niega, pero su nombre suena fuerte para la sucesión. Aunque en el entorno de Díaz se la rechaza por no tener conocimiento del partido.

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