La revuelta de Hong Kong se enquista como el mayor desafío para el régimen chino

Las protestas de Hong Kong, que ya son una revuelta que dura ocho semanas, se han enquistado como el mayor desafío para el autoritario régimen de Pekín, incapaz de atajarlas pese a su advertencia de que puede desplegar el Ejército. Por segundo fin de semana consecutivo, ayer se libró una nueva batalla campal entre la Policía y los manifestantes de Hong Kong contra la ya suspendida ley de extradición a China, que sigue revolucionando a la ciudad porque todavía no ha sido retirada, como piden.

Seg√ļn informa el peri√≥dico ¬ęSouth China Morning Post¬Ľ, en los enfrentamientos resultaron heridas 17 personas, dos de consideraci√≥n, y la Polic√≠a practic√≥ varias detenciones. Al igual que el domingo pasado en el centro de la isla, los agentes antidisturbios dispararon gases lacrim√≥genos y espray de pimienta para dispersar a los miles de manifestantes que hab√≠an montado barricadas al t√©rmino de una marcha prohibida en el distrito de Yuen Long, pr√≥ximo a la frontera con China y desde donde se ven los rascacielos de la vecina ciudad de Shenzhen. El domingo pasado, en su estaci√≥n de tren fueron atacados brutalmente los manifestantes que volv√≠an de las protestas en el centro de la isla. Armados con ca√Īas de bamb√ļ, entre 200 y 300 hombres vestidos de blanco, supuestos matones de las triadas y partidarios del autoritario r√©gimen de Pek√≠n, dejaron 45 heridos. El salvaje asalto y la pasividad de la Polic√≠a, que apareci√≥ 35 minutos despu√©s y no detuvo a nadie esa noche, han encendido a√ļn m√°s a la mayor√≠a de la sociedad hongkonesa. En medio de fuertes cr√≠ticas, desde entonces han sido arrestados media docena de sospechosos, algunos mafiosos de las triadas.

Desafiando la prohibici√≥n de la Polic√≠a, que no la hab√≠a permitido por motivos de seguridad, decenas de miles de manifestantes marcharon ayer por las calles de Yuen Long, donde vive una abundante poblaci√≥n aut√≥ctona que, llamados los ¬ęnativos¬Ľ, se muestran leales a China y estar√≠an tras el ataque de hace una semana. ¬ęEsto es inaceptable. En lugar de protegernos, la Polic√≠a no solo se ha unido a los matones, sino que no quiere que nos manifestemos¬Ľ, denunciaba una mujer de unos 40 a√Īos, apellidada Chin.

Protegi√©ndose del sol con paraguas, los manifestantes inundaron las calles bajo un calor asfixiante. Ante la ausencia de la Polic√≠a, los empleados de la compa√Ī√≠a de autobuses se vieron obligados a desviar el tr√°fico. Al paso de la manifestaci√≥n por las zonas de los ¬ęnativos¬Ľ, donde estos se parapetaban con cascos y barras, la tensi√≥n fue en aumento por los insultos y amenazas que se cruzaban. Al mismo tiempo, cientos de personas rodeaban la comisar√≠a del barrio, lo que hac√≠a temer un nuevo cerco del edificio policial como los de semanas anteriores.

Cortando por lo sano, y sin esperar al anochecer como el pasado domingo, los antidisturbios se desplegaron por las calles. Aprovechando que la marcha prohibida ya había terminado y la mayoría de sus asistentes se habían marchado, los agentes empezaron a disparar gases lacrimógenos para dispersar a los miles de jóvenes que quedaban en Yuen Long.

¬ęVenimos a luchar¬Ľ

Durante más de seis horas, la Policía se batió con ellos haciéndolos retroceder con sus cargas mientras los manifestantes trataban de frenarlos montando barricadas. Además, les lanzaban piedras, botellas y un líquido negro al parecer irritante en vasos de plástico. Pertrechados con su ya habitual uniforme de batalla, compuesto por camiseta negra, casco, máscara, gafas, escudo y paraguas, los manifestantes jugaban al ratón y al gato con la Policía porque, desde el primer momento, tenían claro que no se iban a quedar de noche en Yuen Long, donde podían volver a ser atacados por los mafiosos y simpatizantes de China. Entre ellos había unos pocos, solo tres o cuatro, que captaron la atención de los fotógrafos ondeando sus banderas de EE.UU. y de la época colonial británica.

¬ęVenimos a luchar no solo por la ley de extradici√≥n o contra la brutalidad policial, sino por el futuro de las libertades en Hong Kong, que est√°n amenazadas por el r√©gimen del Partido Comunista chino¬Ľ, razonaba Kathy, una estudiante de 17 a√Īos, que pertenece a la nueva generaci√≥n de j√≥venes muy activos pol√≠ticamente que ha surgido en esta ciudad hasta ahora pragm√°tica y m√°s centrada en el dinero. ¬ęNo estamos en contra de China ni pedimos la independencia, sino que se cumpla el modelo de ňĚun pa√≠s, dos sistemasňĚ para que Hong Kong siga teniendo su autonom√≠a¬Ľ, a√Īad√≠a Michael, otro adolescente. Aunque los medios oficiales han censurado la noticia de las protestas, en los √ļltimos d√≠as est√°n publicando algunas informaciones donde acusan a los manifestantes de antipatriotas y separatistas para unir a la sociedad china en torno al r√©gimen.

En medio de los manifestantes y la Polic√≠a, diputados como el dem√≥crata Andrew Wong intentaban mediar para acabar con los enfrentamientos. ¬ęLos agentes han dise√Īado su estrategia muy mal, pero es dif√≠cil negociar con los j√≥venes porque hay algunos radicales¬Ľ, explicaba a ABC meg√°fono en mano tras intentar buscar una soluci√≥n con el comandante de los antidisturbios.

Entre idas y venidas, la Policía arrinconó a los manifestantes en la estación de tren al anochecer. Allí, y cuando parecía que todo había acabado ya y los jóvenes se disponían a marcharse, la Policía volvió a disparar gases lacrimógenos y luego entró de repente al asalto, desatando el pánico y nuevos choques violentos.

Algunos manifestantes resultaron heridos por los porrazos de los agentes, dejando un peque√Īo reguero de sangre en el suelo, y otros fueron sido detenidos, alargando la tensi√≥n. Los manifestantes les respondieron lanz√°ndoles el humo de los extintores hasta que finalmente se retiraron en el tren en direcci√≥n al centro de Hong Kong. Antes, muchos de ellos se cambiaban en los ba√Īos sus camisetas negras por otras ropas para no ser reconocidos. Y, para que no constara que hab√≠an estado all√≠, recomendaban no usar su tarjeta Octopus de pre-pago para el transporte p√ļblico, ya que las m√°quinas expendedoras estaban fuera de servicio y no pod√≠an comprar un billete sencillo y an√≥nimo. Pero la Polic√≠a los estaba esperando en otras estaciones para identificarlos.

Tras batirse un d√≠a m√°s con los antidisturbios, los j√≥venes se marchaban de Yuen Long, pero prometen volver hoy domingo porque hay convocada otra manifestaci√≥n en el centro de Hong Kong. ¬ęLas protestas empezaron hace casi dos meses exigiendo la retirada de la ley de extradici√≥n y luego derivaron hacia la petici√≥n de una comisi√≥n de investigaci√≥n de la fuerza policial, pero ahora reclaman un cambio del sistema pol√≠tico porque el ataque de los matones pro-China ha demostrado que el Gobierno no puede gobernar¬Ľ, analiza para ABC Wong Yam-hong, columnista pol√≠tico del peri√≥dico ¬ęMing Pao¬Ľ y antiguo presentador de la radio p√ļblica RTHK. A su juicio, ¬ęlo que la gente reclama ahora, para 2020 o para ya, es democracia y pleno sufragio universal porque ha perdido su confianza en el Gobierno¬Ľ.

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