La represión de baja intensidad, otra táctica chavista contra la oposición

El chavismo desencadenó la caza y captura de todo lo que tenga que ver con Juan Guaidó, presidente encargado que lidera el desafío contra Nicolás Maduro. Se trata de una persecución de calculada baja intensidad, que hace el mayor daño posible sin levantar la indignación de la comunidad internacional. Sin prisa, pero sin pausa; sin levantar grandes titulares, pero ejemplarizante.

Muy parecida, en el fondo, a la estrategia que se sigue contra el propio líder opositor: lo hostigan, se le inician procedimientos, lo amenazan con inhabilitarlo, pero no lo detienen. En el juego del gato y el ratón, el oficialismo cree que ahora pierde más que gana si ordenara su encarcelamiento. De momento.

La salvaje represión de enero, con más de 40 muertos entre el 21 y el 24, provocó el rechazo dentro y fuera del país. Amnistía Internacional incluso reportó que se produjeron cinco ejecuciones selectivas. En un intento de “blanquearse” ante el mundo para mantener su “victimismo” frente al imperio, la revolución cambió de estrategia: efectividad sin mucho ruido. Un síntoma también de debilidad frente al crecimiento de la figura de Guaidó.

Las prácticas abusivas y anticonstitucionales continuaron de modo selectivo, extendiéndose también contra quienes airean el desastre humanitario del país, desde médicos y activistas de ONG hasta luchadores sociales. Uno de los casos más llamativos de las últimas horas es el de la doctora Ledys Mata, psiquiatra del Hospital de Trujillo, que fue arrestada por la policía acusada de instigar el odio por informar de las carencias del centro médico. Precisamente uno de los argumentos para reclamar la ayuda humanitaria.

Tampoco se salvan los defensores de derechos humanos: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresó anteayer su preocupación por el “continuo hostigamiento” que sufren. Entre ellos está Marco Antonio Ponce, presidente del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, organización que contabilizó las víctimas mortales de la represión contra barriadas populares en los días que precedieron y sucedieron a la juramentación de Guaidó como presidente interino.

El penúltimo latigazo sucedió anteayer, ni bien terminó la actuación del español Miguel Bosé, en las primeras horas de la transmisión del Venezuela Aid Live desde Cúcuta, en Colombia. Pese a la envergadura del concierto, incluidas varias estrellas venezolanas de primera línea muy cotizadas para los canales locales, ningún canal ni radio retransmitió el acontecimiento. Solo cadenas internacionales, como Antena 3 y NatGeo, lo emitían para sus suscriptores en canales de pago. La señal se cortó y de inmediato los venezolanos que presenciaban las actuaciones supieron que para ellos se había acabado el concierto.

La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), dirigida por el coronel Jorge Elieser Márquez como si fuera un cuartel de la Guardia Nacional, a la que pertenece, dictó la orden de sacar del aire a las emisoras que retransmitían un concierto musical. El militar, antiguo edecán de Maduro, también ejerce como ministro del despacho presidencial. Anteriormente también han sufrido las iras bolivarianas NTN24, CNN en Español, las colombianas Caracol y RCN, Todo Noticias, TV Azteca, entre otras.

Redes

La sofisticación de la censura revolucionaria es tal que no se conforma con estos golpes tan abruptos. También dispararon contra las redes sociales y contra YouTube, según reportó la ONG NetBlocks Group. Desde enero, son frecuentes las interrupciones ya sea en Twitter o Instagram, además de YouTube, durante los discursos de Guaidó, cuyo nombre y cargo (presidente encargado) están prohibidos decir en todos los canales. Los periodistas que no han cumplido las órdenes fueron despedidos u hostigados; las emisoras que retransmitieron algún acto del presidente de la Asamblea Nacional, cerradas.

“Este gobierno sobredimensiona todo lo mediático, como con el abuso de las cadenas presidenciales. Demostraron una preocupación desmedida por un concierto y bloquearon las cadenas que lo emitían, generando más ruido con el propio bloqueo”, explicó a LA NACION Carlos Correa, director de la ONG Espacio Público.

La sofisticación alcanzada por el chavismo en materia de comunicación revela la importancia que la cúpula gubernamental otorga a la propaganda. El último informe del Instituto y Prensa Sociedad Venezuela (IPYS) detalla los bloqueos, robos de datos personales en la red y agravios digitales contra el infoactivismo de la Plataforma Voluntarios Venezuela, los encargados de proteger la entrada de ayuda humanitaria.

No contentos con eso, los trolls revolucionarios acusaron a un conocido activista venezolano de robarse 10.000 dólares por vender el listado de voluntarios. Otra táctica común en estos días es la dispersión de fake news para luego achacar su creación a respetados periodistas independientes. Cuanto más aparece el nombre de Guaidó en un medio independiente, más perseguido es su responsable.

“Alerta, avanza un blackout general de comunicaciones vía internet y satelital en Venezuela, que hasta ahora ha sido selectivo”, advirtió ayer Rocío San Miguel, presidenta de la ONG Control Ciudadano.

Lee más: lanacion.com.ar


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