La ratonera

Al hacer un poco de turismo político y sentimental, la semana pasada estuve en Londres. Y al doblar una esquina del West End me topé con el Saint Martin, teatro donde se representa «La Ratonera» de Agatha Christie desde marzo de 1974. La obra, que presume de más funciones continuadas en todo el mundo, es el clásico misterio sobre un asesinato perpetrado en una remota casa de campo inglesa donde se congregan unos personajes tan dispares como sospechosos.

El eslogan de esta longeva trama teatral anima a «sospechar de todo el mundo». Exactamente el mismo que podría aplicarse a lo que, según anticipa «The Economist», será una de las preguntas del millón de libras para el año que viene –¿Quién mató al Brexit? – sin respuesta satisfactoria cualquiera que sea su desenlace final entre ordenado o caótico.

De acuerdo a los cánones más chauvinistas de un murder mistery, las primeras sospechas caerán seguramente en un extranjero. En este caso, los negociadores de la Comisión Europea encargados de encontrar una salida ordenada para el Reino Unido con un acuerdo que según el consenso político alcanzado en Bruselas es el mejor posible sin opción para concesiones adicionales.

En la lista de sospechosos también destaca, como no podría ser de otra forma, el establishment tan establecido de Gran Bretaña que no comparte la voluntad popular expresada en el referéndum de junio de 2016. Una mayoría de los parlamentarios de Westminster están a favor del Remain, lo mismo que el Chancellor of the Exchequer (ministro encargado de todos los asuntos económicos y financieros de Reino Unido), el gobernador del Banco de Inglaterra y la mayoría de los altos funcionarios británicos.

En la búsqueda de culpables tampoco se va a librar Theresa May que empezó a negociar el Brexit sin aclararse de qué tipo de acuerdo quería exactamente y sacrificó su mayoría parlamentaria por el oportunismo de unas elecciones adelantadas. Y al final, la solución a este misterio puede ser que realmente nadie mató al Brexit porque para empezar nunca estuvo vivo.

Pedro Rodríguez

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