La RAE limpia, fija, da esplendor… y ahora barre en Twitter

En el mundo digital, donde todo se mueve entre extremos y la brevedad es la norma, el «zasca» se ha convertido en todo un arte. El palabro viene a denominar esas «respuestas cortantes» que tanto proliferan en Twitter, esos «chascos» o «escarmientos» que reciben los que se pasan de listos (o listas). Esa es, al menos, la definición que daba la Real Academia Española (RAE) el pasado 11 de febrero en la red social, al mismo tiempo que anunciaba que ya estaban estudiando la inclusión del término en el Diccionario.

Puede parecer una anécdota, pero el reconocimiento académico del «zasca» es, de alguna forma, la confirmación de que esta se ha convertido en una de sus mejores herramientas para llegar al público. La Docta Casa lo cultiva con frecuencia en sus tuits. «Puedo decir que una correa es negrA, pero no que es marronA. ¿Por qué? ¿Estamos discriminando a las marronAs? Gracias por tu atención», preguntaba una usuaria hace unos días. «Hay adjetivos de dos terminaciones, como “rojo, -ja”, “amarillo, -lla” o “listo, -ta”, y otros de una sola terminación, válida para el masculino y para el femenino, como “marrón”, “azul” o “imbécil”», replicaron desde la institución. La irónica elección de los ejemplos no tardó en correr como la pólvora y la contestación terminó por ganarse el adjetivo « viral». Ya ven: una precisión lingüística convertida en éxito de masas… El sentido del humor, que todo lo puede.

En los tiempos analógicos, cuando todavía se vendían diccionarios en papel, las consultas de los hispanohablantes llegaban por fax o por teléfono. Y eran más privadas: no iban más allá de los límites de la institución. Entonces, el departamento de «Español al día» se dedicaba a «resolver dudas de carácter lingüístico (ortográficas, léxicas y gramaticales) desde la perspectiva de la norma que regula hoy el uso culto del español», tal y como explican en su página web. Hoy, ese mismo departamento tiene la misma función, pero se ha digitalizado por completo y su artilugio más poderoso la consiguieron en 2012, cuando abrieron su perfil de Twitter, en el que ya acumulan más de 1,3 millones de seguidores.

Desde entonces, la RAE atiende diariamente alrededor de 300 preguntas por esa vía pública. La cuenta la gestionan conjuntamente un equipo de lingüistas y de profesionales de la comunicación. Su premisa es responder a todo, pero siempre en serio y con tono solemne. Y ahí está la clave de la gracia. «Desde que aceptaron almóndiga se puede esperar cualquier cosa», le reprochaba un tuitero (uno de tantos con la misma cantinela) hace un tiempo. La réplica, por precisa, fue antológica: «La variante de “almóndiga” existía en español antiguo y está en el dicc. académico desde su 1ª ed. en 1726». Pero desde la Academia insisten: no lo hacen con mala uva, «pero al final se hace viral todo».

El sentido del humor

«La gente en Twitter reacciona ante dos cosas: ante aquello que le enfurece, que le da rabia, o ante esas cosas que le hacen mucha gracia», explica José Manuel Rodríguez, que asesoró a la Academia en sus inicios en las redes sociales. Para él, esta es una buena forma de crear imagen de marca, pues lo que ocurre en Twitter luego se comparte por Whatsapp u otras plataformas. «El humor utilizado en ciertas dosis te puede ayudar a llegar a más gente. Si tienes un mensaje que ofrecer y le das un toque de humor te puede ir mejor. Pero si te pasas de frenada puedes tener una crisis de marca rápidamente», alerta el experto.

En sus inicios, la RAE, siguiendo un temor generalizado, adolecía de un exceso de seriedad en Twitter. Pero entonces llegó la Policía Nacional, la gran pionera en flexibilizar la comunicación institucional en las redes sociales, que se inventó una nueva forma de acercarse al público que cambió por completo el panorama de las redes sociales. «El problema es que creíamos que siendo aburridos y sosos y rancios éramos más institución. Lo que hay que hacer es estar dispuestos a orientarse al ciudadano y no al jefe, a conectar con la gente. Para la seriedad están las páginas web. Al principio esto era muy polémico. A mí llegaron a llamarme terrorista por hacer lo que hacía… Y luego eso ha pasado a ser imitado por muchos», recuerda Carlos Fernández Guerra, autor de aquella revolución y hoy responsable digital de Iberdrola.

Para él, la buena estrategia de comunicación en este ámbito se basa en el I+U+I. En otras palabras: despertar el interés, dar utilidad y conseguir un gran impacto. Esto se consigue, sobre todo, tirando de ingenio, estando al día, compartiendo los códigos de la comunidad y, en este caso, sacándole punta a la lengua desde la actualidad. Hay que probar, errar, y volver a probar. Y todo sin olvidarse del contenido, que siempre tiene que ser de calidad.

Con un ejemplo se entiende mejor. Meses después de la última final de la Copa Libertadores, que enfrentó al River Plate y con el Boca Juniors, y que se disputó el pasado diciembre en Madrid, un hincha del primer conjunto le preguntaba a la RAE: «Quisiera saber si la frase «Y va el tercero y va el tercero y va el tercero y gol de River y gol de River» no quedaría mejor separada por comas». Y la Docta Casa le siguió el juego: «Efectivamente, entre cada sintagma repetido debe escribirse coma: “Y va el tercero, y va el tercero, y va el tercero, y gol de River, y gol de River”».

Ese gesto, aparentemente una nimiedad, fue un gran acierto que acumuló más de 14.000 retuits. «La respuesta es brutal. Entraron muy bien ahí. ¿Qué ocurrió? Que toda la afición de River lo compartió. Es una obra de arte, un anuncio gratis. Porque Twitter sigue siendo una plataforma muy influyente. Para fans, para gente informada», subraya Fernández Guerra.

La envidia de las empresas

Esta una de las muestras de cómo la Academia se acerca sus seguidores, que ha sido la fórmula de su éxito reciente, porque no siempre han seguido este «modus operandi». De hecho, al principio siempre iban un paso por detrás de la Fundación del español urgente (Fundéu BBVA), su gran competidora en estos terrenos. Ahora, sin embargo, se han convertido en el gran referente. «Es muy difícil sorprender positivamente, como lo hacen. Son muchos los que quisieran tener esa capacidad de mover a la gente. Es la envidia de muchísimas empresas privadas. Y esto no ocurría hace 5 o 6 años. Es cosa de hace un par de años, y en los últimos meses han mejorado», defiende.

La historia de este éxito no tiene tanto que ver con algoritmos como con inteligencias humanas. Esto no sería posible sin el talento y el conocimiento exacto de la lengua de quienes manejan esa ya famosa cuenta de Twitter (ninguno es «community manager», por cierto). «Hay que tener mucha habilidad para adaptarte a las circunstancias inmediatas y al entorno. No son humoristas, ni quieren serlo. Pero sus respuestas son elegantes y tienen varias lecturas. Eso un bot no lo podría hacer. Un chatbot jamás lo haría», afirma Fernández Guerra. Porque para conseguir esa popularidad y esa cercanía con el público, es necesario que haya personas detrás de la pantalla, y que se note. «Tienes que humanizar tu discurso, dar a entender que hay alguien detrás esforzándose por lograr que el mensaje sea ameno», apostilla Rodríguez.

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