La prudente y medida visibilidad de los hermanos Urdangarin

Cuando en 2017 el Rey se llevó a sus sobrinos Urdangarin a navegar en la lancha Somni y a pasar el día en la isla de Cabrera junto a Doña Sofía, la periodista de ABC Almudena Martínez-Fornés ya publicó que Don Felipe mantenía una cariñosa relación con los hijos de la Infanta Cristina, unos niños que debían «estar al margen» del proceso judicial que afectaba a su padre. Aquel verano se veía cumplido uno de los anhelos de la Reina Sofía desde que su hija e Iñaki Urdangarin se instalaron en Ginebra, en 2013, para poner distancia entre sus cuatro vástagos y el «Caso Nóos»: reunir a sus ocho nietos en Mallorca.

Normalizada la situación de los niños Urdangarin respecto a su familia materna, el «regreso» de la Infanta Cristina fue más fácil cuando su marido entró en la prisión de Brieva (Ávila), en junio del pasado año. Meses después, en noviembre, el 80 cumpleaños de Doña Sofía sirvió como escenario de una reunión familiar que no se producía desde ocho años atrás. La fotografía de la Familia del Rey al completo corrió como la pólvora.

Después de esta pausada vuelta, lo raro hubiera sido que la Infanta Cristina no hubiera acudido al hospital Quirón de Madrid a visitar a Don Juan Carlos tras ser intervenido quirúrgicamente el pasado 24 de agosto, con objeto de realizarle un triple bypass. Lo hizo en compañía de sus hijos Juan Valentín (19 años), Miguel (17) e Irene (14). Este verano solo se ha visto públicamente en Mallorca a la pequeña, por lo que la última vez que hay constancia de una visita de todos fue en el aniversario de Doña Sofía. La imagen que acompaña este artículo ha servido para concluir que los Urdangarín ya no son unos críos.

Quien más sufrió

Los tres viven en Ginebra junto a su madre. El mayor, que cumplirá 20 años a finales de septiembre, es el más tímido de los nietos de Don Juan Carlos y Doña Sofía, y quien más sufrió los estragos de la imputación de su padre. Quienes le conocen afirman que es un chico muy solidario e implicado en tareas de voluntariado, un apasionado de los deportes y que está muy unido a sus hermanos. Mientras que Pablo Nicolás (18), el segundo, optó por abandonar Suiza tras terminar sus estudios en la escuela Ecolint de Ginebra para dedicarse al balonmano, Juan se quedó en casa con su familia, ya que el ingreso en prisión de Iñaki Urdangarin en Brieva era inminente.

Miguel ha sido quien más titulares ha acaparado esta semana. Ocupa el noveno puesto en la línea de sucesión y, desde el cumpleaños de su abuela hasta ahora, ha pegado un sorprendente estirón. El pelo más largo y la raya al lado le confieren un aire más adulto, y ha sorprendido constatar que lleva gafas. Miguel se lleva muy bien con su primo Jaime de Marichalar, le encanta esquiar, patinar, navegar y practicar surf, un deporte que aprendió junto a Kyril de Bulgaria. Este nuevo curso será el último de su etapa escolar y en 2020 comenzará la Universidad.

La benjamina

Al ser la pequeña de la familia, a Irene es a quien en apariencia menos le afectó el proceso judicial de su progenitor. Se lleva muy bien con sus primas Leonor y Sofía y gusta de la compañía de Victoria Federica. Es espontánea, risueña y muy sociable, y dicen ya apunta maneras de relaciones públicas.

Pablo (al fondo) con su equipo, el HBC Nantes
Pablo (al fondo) con su equipo, el HBC Nantes – ABC

El único que no pudo visitar a su abuelo fue Pablo, quien se instaló en Francia tras fichar por el club de balonmano HBC Nantes después de un año militando en el TSV Hannover. Las escasas imágenes que su pasión deportiva ha regalado muestran a un joven entregado a un oficio con el que seguramente se gane la vida los próximos años. Al cabo, cada vez más cerca de la bendita normalidad.

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