la provocación eclipsa la feria

La estatua hiperrealista de Don Felipe, que busca comprador-pirómano en ARCO, ya tiene proposiciones. Más de una decena, según la galería Prometeo, que la expone en su estand. Se habló, incluso, de un museo de Panamá, donde, suponemos, el dinero no falta. Pero todavía no se ha cerrado nada: no es tan fácil desembolsar 200.000 euros y luego tener que montar el espectáculo de quemar tu escultura, algo que se exige en el contrato de compraventa. Aunque los responsables de la obra tienen claro que la venderán antes de que termine la feria, a pesar del precio.

«Ha costado mucho realizar esta pieza… Quien la compre tiene que cumplir con el contrato. Más que comprar un objeto, se compra un proceso. Se graba en vídeo, se hacen fotografías… Y al final la persona se quedará con la foto, el vídeo y la calavera», explica su galerista, Ida Pisano. ¿Y si dice que la va a quemar y luego no lo hace? «No, no. Hay un contrato que se escribe».

El estand donde se expone la pieza se convirtió en un ir y venir de curiosos a la caza de la foto de rigor: ¡un posado con el Rey! «Es que si no se la hago, explota», comentaba una mujer, iPhone en mano retratando a su marido. Y así toda la mañana, variando las edades y los sexos, hasta que poco antes de las doce del mediodía Pisani decidió que no había más fotos. Como si se pudiera parar el espectáculo. A partir de ahí, fotos de tapadillo, como disimulando que se observaban los detalles del traje azul del Monarca, y olisqueando el perfume, ese «Dark blue» de Hugo Boss con el que lo rocían a cada poco. Ya lo decía el ministro de Cultura y Deporte, José Guirao, en los pasillos del Congreso, tal y como recogían las agencias: esto hay que «enmarcarlo en el espectáculo» y no «en el arte».

«Para nosotros es muy importante que todos los artistas tengan visibilidad. Sobre todo este año los artistas peruanos, que son los invitados de honor a la feria. En ese sentido, me parece siempre injusto que unos artistas se lleven toda la visibilidad frente a los otros que están en la feria», lamenta Carlos Urroz, que recoge un sentimiento generalizado entre las galerías: el de ver cómo una obra polémica absorbe toda la atención de la feria.

Urroz, por cierto, afronta su última edición al frente de ARCO. Porque sí, hay vida (y noticia) más allá de todo el jaleo provocado por Sierra y Merino. Para empezar, que este es el año del relevo en la dirección, que recaerá en Maribel López, actual codirectora. Además, en las siguiente edición no habrá país invitado, sino que la feria girará en torno a un tema, como el año pasado, que trató sobre el futuro.

Pero eso es adelantarnos. En esta ocasión, Perú es el invitado de honor, y por eso la charla inaugural de ayer corría a cargo deMario Vargas Llosa, que conversó con Juan Manuel Bonet sobre la vanguardia artística de su país. «Me parece maravilloso que el Perú esté presente en Madrid como hecho cultural. Que no sea porque hay dictaduras, porque hay guerras, porque hay terrorismo… No, que sea porque hay exposiciones, porque hay pintores, porque hay artistas que han venido aquí», celebraba a la salida. ¿Pero y el «Ninot»? ¿Cómo no va a opinar el Nobel de Literatura del «Ninot»? «Creo que es una provocación de mal gusto, no tiene ninguna gracia. No hay ninguna inventiva, ninguna creatividad. Es la pura provocación. Aunque que esté ahí me parece bien. Me parece bien que ARCO permita que estén esas crianzas», respondía Vargas Llosa tras la pregunta de rigor.

El «Ninot» del Rey todavía no ha ardido, pero los pabellones de ARCO ya están llenos de humo por la enésima provocación de Santiago Sierra y Eugenio Merino. Su gamberrada ha acaparado todos los focos de una edición en la que exponen más de dos centenares de artistas. Y parece que la cosa no termina aquí. Porque hoy los Reyes inauguran la feria con el presidente de Perú, Martín Vizcarra, y su esposa, Maribel Díaz Cabello, aunque su recorrido estará condicionado por el arte peruano, que es lo que importa en esta visita. «Los Reyes van a ver mucho arte peruano, muchos contenidos de Perú. Van a enfocarse en otros temas», avanza Urroz.

Sin embargo, parece que el «Ninot» aún tiene recorrido. ¿Quién lo comprará?¿Lo quemará? Y, si es así, ¿cuándo y dónde lo quemará? Son las preguntas que todavía quedan por responder de una obra diseñada y pensada para eso: para hacer ruido. El problema es el humo que deja por el camino, mucho antes de arder. Si es que arde.

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