«La primera vez que jugué al baloncesto me echaron por mala»

Acaba de terminar el partido contra Senegal y Laura Nicholls (Santander, 1989) resopla sobre la pista. Es el segundo encuentro en el que está por encima de los treinta minutos en pista y su rostro refleja el cansancio. Mientras camina hacia el túnel de vestuarios, recibe el cariño de la grada y su cara se transforma. Deja a un lado la fatiga y sonríe. «El público se lo merece todo, porque sin ellos no estaríamos aquí», reconoce a ABC antes de medirse hoy a Canadá en busca de las semifinales del Mundial.

El primer contacto con Nicholls (1,93 metros) es frío, pero esa coraza inicial se rompe rápido en mil pedazos. Lo suyo, afirma, es jugar al baloncesto, pero cuando va desapareciendo la timidez surge un discurso sereno y contundente. Como su juego en la cancha. «Hemos ido aprendiendo partido a partido. Nos hemos dado cuenta de que podemos crecer si mejoraramos los errores y ese es el objetivo ahora», explica. Se refiere a las dudas que la selección ha dejado en la primera parte del torneo y al duelo que hoy disputarán ante Canadá, «un equipo muy físico que está jugando a su mejor nivel». Sabe Nicholls que para estar en semifinales España debe dar un paso adelante tanto en el aspecto táctico como mental. «Este día de descanso nos ha venido muy bien. Lo necesitábamos después de un torneo tan duro. Son solo 24 horas, pero estoy segura de que las aprovecharemos para mejorar en la dirección adecuada», afirma la jugadora, que aún no tiene equipo para la temporada que viene.

Laura es una de las veteranas del equipo. Habitual en las concentraciones desde hace diez años, reconoce que jugar en la selección es lo mejor que le ocurre cada año en el plano deportivo. «Me emociono cada vez que me pongo la camiseta de España. De verdad. Es una responsabilidad, porque cuando luces este escudo, de repente, dejas de ser un individuo para ponerte al servicio de un grupo que representa a toda una nación. Es algo indescriptible y muy bonito a la vez», apunta. La primera vez que tuvo ese sentimiento fue durante los Juegos de Pekín 2008. «Yo era muy jovencita, no tenía minutos ni nada, pero al escuchar el himno a miles de kilómetros de casa sientes una responsabilidad de tenerlo que hacer lo mejor posible», explica con un punto de emoción.

Entre Marte y la Tierra

Desde entonces, Nicholls acumula ya casi 200 participaciones con la selección, con la que ha ganado siete medallas en grandes campeonatos, pero ninguna de ellas ha llegado en casa. «Está claro que no es un año más. Es un regalo poder jugar ante tu público y queremos devolver ese cariño dejándonos todo sobre la cancha. Solo pido que lleguemos donde lleguemos estemos satisfechas del trabajo que hemos hecho», señala la cántabra, que hoy tendrá que vérselas sobre la cancha con Kia Nurse, una de las grandes figuras del Mundial.

Ayer, durante el medio día de descanso que les dio Mondelo, Nicholls aprovechó para hacer lo que más le gusta. «Me encanta dormir. No tenemos mucho tiempo libre en las concentraciones, así que cuando tienes un rato, aprovechas para descansar. Algunas compañeras me dicen que soy un poco rarita y es verdad, porque soy mucho de estar a mi bola. Mi pareja me dice que a veces me voy a Marte (se ríe)… Pero vamos, que yo pienso que soy muy normal. De hecho, es de lo que más orgullosa me siento. Me gusta salir a pasear y hablar con la gente. Ser cercana y tener los pies en la tierra», reconoce.

Del balonmano a la canasta

Porque Nicholls nunca ha tenido grandes sueños ni metas más allá de «ser mejor cada día» en todo aquello que hace. «Le mentiría si le dijera que de pequeña soñaba con jugar en la WNBA o algo así. La primera vez que jugué al baloncesto en un equipo me echaron por mala. A mí lo que me gustaba era el fútbol. Ganaba a los chicos, pero acabé jugando al balonmano por tradición familiar. Al final, volvieron a llamarme para jugar al baloncesto, y aquí estoy. No se me ha dado tan mal», bromea antes del trascendental duelo frente a Canadá.

Ahí, Nicholls sabe que no hay margen para el error, porque una derrota les deja fuera del campeonato y de la lucha por las medallas. «Va a ser el partido más físico de lo que llevamos de torneo. Tenemos que igualar eso en la pista, jugar con nuestras armas y luchar como un equipo», reconoce la cántabra, consciente de que es en las situaciones límite cuando este equipo da lo mejor de sí.

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