La oposición nicaragüense convoca una nueva huelga contra Ortega

La oposición en Nicaragua contra el presidente Daniel Ortega recobra fuerzas. La Unidad Nacional Azul y Blanco -organismo compuesto por al menos 43 organizaciones del país que incluyen desde asociaciones de estudiantes, feministas o empresarios- convocaron una nueva huelga general para el jueves 20 de diciembre, fecha en la que esperan celebrar un paro masivo para exigir a Ortega y su mujer, la vicepresidenta, Rosario Murillo, que dejen el poder. «Llamamos a todos los sectores empresariales, comercios formales y ciudadanía en general», expresó en un comunicado este movimiento que vuelve a elevar la presión contra el régimen.

La agresión del pasado fin de semana contra diversas ONGs opuestas al gobierno, incluido el medio independiente «Confidencial», cuya redacción fue asaltada y confiscada por efectivos policiales, ha sido la mecha que ha vuelto a prender la llama de las protestas que iniciaron en Nicaragua hace ocho meses. Desde el pasado 18 de abril, miles de personas han tomado las calles para expresar su rechazo a la presidencia de Ortega, quien gobierna ininterrumpidamente el país desde 2017. A pesar de la fuerte presión en su contra, el sandinista ha conseguido acallar muchas de las concentraciones en los últimos dos meses tras declarar ilegales todas las manifestaciones contrarias a su gobierno desde finales de septiembre.

De acuerdo con la Unidad Nacional Azul y Blanco, la huelga persigue demandar la libertad de los «presos políticos» y exigir la justicia con los «hermanos nicaragüenses asesinados» por el gobierno de Ortega. ONGs locales calculan que han muerto un total de 545 personas desde el inicio de las protestas, una estimación que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, reduce el número a un total de 326 fallecidos. A su vez, varias ONGs nicaragüenses cifran en 674 personas detenidas por participar en las manifestaciones, mientras que Naciones Unidas, por su parte, calcula que hay más de 400 arrestados por oponerse al régimen orteguista, número entre el que se encuentran unas 135 personas acusadas de terrorismo y de pertenencia a bandas crimen organizado.

La convocatoria de la Unidad Nacional Azul y Blanco para el 20 de diciembre será la quinta jornada de huelga que se celebra en el país en los últimos ocho meses. La primera, que tuvo lugar el 14 de junio, fue masivamente secundada por la ciudadanía, un acto de protesta con el que se trató de obligar a Ortega a retomar el fallido diálogo con la oposición en el que la Iglesia católica juega un importante papel de mediación. Ante la negativa de Ortega de adelantar las elecciones de 2021 a 2019, como forma de lograr una solución negociada al conflicto, estudiantes y empresarios organizaron una segunda huelga de 72 horas en julio que también obtuvo un apoyo significativo.

De gozar de nuevo un gran respaldo ciudadano, la huelga ahondaría en el daño económico que sufre el país que, a cifras de octubre, había sufrido u nas pérdidas económicas de 1.180 millones de dólares, según un informe publicado por el Ministerio de Hacienda. Turismo y transporte han sido los sectores económicos más impactados por la inestabilidad, de acuerdo con dicho reporte. Por su parte, la patronal nicaragüense, Cosep, alza hasta los 1.3000 millones las pérdidas económicas como consecuencia de la crisis política.

Ante la crisis política y económica, miles de nicaragüenses han abandonado su hogar con destino al vecino Costa Rica. La Organización Internacional de las Migraciones -entidad asociada a Naciones Unidas- estima que han salido un total de 80.000 nicaragüenses de su país este año y unos 50.000 se han marchado a Costa Rica. Ya por agosto, la ONU estimaba que había un total de 23.000 nicaragüenses que habían pedido asilo en Costa Rica, dato que tras conocerse provocó que Ortega exigiera al gobierno ‘tico’ un listado con la información de las personas que buscaban refugio.

Ortega, líder Frente Sandinista de Liberación Nacional, fue uno de los guerrilleros que consiguieron acabar con la dinastía de los Somoza en 1979. Sin embargo, la violenta represión que ha ejercido por aplastar unas protestas, que empezaron siendo contra un recorte del sistema de seguridad social y que acabaron exigiendo su renuncia, le acercan cada vez más a aquel dictador contra el que luchó por echar del país.

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