La oposición cuela a Vox y a Casado en el debate sobre igualdad previo al 8-M

El debate parlamentario sobre igualdad previo al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, viene siendo una constante en los últimos años. Pero dos circunstancias distinguieron el celebrado el año pasado del que tuvo lugar ayer: el peso creciente del feminismo en la agenda política, especialmente a raíz de las manifestaciones masivas del 2018, y el fragor preelectoral que empaña cualquier atisbo de unidad. Así se comprenden mejor las continuas invocaciones a Vox —partido en ebullición, pero sin escaños ni en Madrid ni en Santiago— o las llamadas de la oposición al presidente de la Xunta para que se desmarque del «machismo verbal» que entienden que profesa su líder en el PP, Pablo Casado.

O Hórreo, pues, no ofreció la mejor imagen del consenso en torno a la igualdad. Frente a los «avances» reivindicados por AlbertoNúñez Feijóo gracias a su gobierno, el BNG le acusó de llevar «diez años» poniendo en práctica la agenda de la «extrema derecha» en la Junta de Andalucía, el PSdeG le instó a retirar la «solución Ceacescu» de favorecer la natalidad con la «restricción de los derechos de las mujeres» y En Marea le pidió que aclarase los «pactos secretos» que según él mantiene el PP con Vox. «Nunca en Galicia se adoptaron más medidas a favor de la igualdad que en el gobierno que me honra presidir», contraatacó el popular.

En eso se basó buena parte de la sesión de control. La portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, denunció una «menor protección» hacia las mujeres que sufren violencia de género, la precariedad que padecen buena parte de las trabajadoras o el «incumplimiento» de la Xunta con respecto a las leyes de igualdad. «El camino de la extrema derecha lo ha abierto usted», embistió contra Feijóo la líder del frente. Desde En Marea, Luís Villares cargó contra las políticas de «humo de contrabando» detrás de las cuales solo hay «recortes» en derechos laborales o sanidad.

Las preguntas agrupadas de ambas formaciones dieron tiempo a Feijóo en sus réplicas para asegurar, por ejemplo, que en el 2019 el ejecutivo manejará el presupuesto en igualdad «más alto de toda la historia» o que la inversión supera en un 67% lo que estaba previsto durante el bipartito. «Queda mucho por hacer, pero avanzamos de forma adecuad», dijo, mientras reclamaba la apertura de un debate ajeno al partidismo. La petición no surtió efecto.Al final, el jefe del Gobierno gallego tuvo que condenar «el sectarismo político» que supone afirmar que las mujeres que simpatizan con el PP «no quieren igualdad». ¿De qué se nos acusa?», clamó, «¿de ser el partido que gana democráticamente cada cuatro años las elecciones?».

Otro de los puntos de choque tuvo que ver con las condenas que el TSXG impuso el año pasado a la Xunta por la configuración de unos servicios mínimos «abusivos» en la huelga del 8M. Tras escuchar de las bancadas de En Marea y BNG que intentó «boicotear» los paros, Feijóo matizó que solo cinco servicios fueron tumbados por la Justicia, de los 120 departamentos de la administración.

Un certificado

Ligeramente distinto fue el careo entre el presidente y Xoaquín Fernández Leiceaga. El portavoz de los socialistas le afeó el «fracaso» en las políticas de natalidad y reclamó un esfuerzo extra para «hacer compatibles los derechos individuales», en este caso de la mujer, con la «necesidad» de Galicia de paliar la sangría demográfica.

En eso está la Xunta. Feijóo recogió el guante y reveló una de las medidas que se incluirá en la primera ley de impulso demográfico de la Comunidad. Se trata de un certificado que reconocerá a las empresas que apuestan por la igualdad «real» y los planes efectivos de conciliación. Si lo logran, obtendrán una mayor puntuación para acceder a los contratos públicos que cada año oferta la autonomía.

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