La odisea de una familia argentina de visita en Chile

Juana Pereda junto a sus hijas María, Lucía, Clara y Juana Ocampo

Juana Pereda se qued√≥ con las ganas. Tiene 91 a√Īos y acaba de recuperarse de una fractura de f√©mur. Como se hab√≠a pasado toda la internaci√≥n mirando videos en YouTube del violinista holand√©s Andr√© Rieu y diciendo que esperaba alg√ļn d√≠a poder ir a un recital de √©l, sus cuatro hijas le organizaron una sorpresa. La llevaron a Santiago de Chile, donde este fin de semana se iba a presentar el m√ļsico con su orquesta. Pero la crisis social que estall√≥ en las calles de la ciudad les cambi√≥ los planes. “Llegamos el jueves, paseamos un poco y el viernes empez√≥ el l√≠o”, cuenta Juana Ocampo, una de sus hijas.

Cuando surgi√≥ la idea del recital, Mar√≠a, Luc√≠a y Clara estuvieron de acuerdo. Alquilaron un departamento en la zona de Las Condes, y pensaron en pasear y recorrer un poco. Llegaron el jueves pasado. Y el viernes al mediod√≠a ya empezaron a ver algunas advertencias en la televisi√≥n. Hab√≠an ido a un shopping y la gente local les dijo que ni se les ocurriera ir al centro o moverse en subte. Ese mismo d√≠a por la noche, Rieu dio el √ļnico de los tres conciertos programados. Pero los otros dos, los del s√°bado y el domingo, se suspendieron. Ellas ten√≠an entradas para el recital del s√°bado.

“Decidimos quedarnos ac√°. Alg√ļn restaurante pudimos visitar, pero por ejemplo, desde que empez√≥ el toque de queda, se cierra cada vez m√°s temprano. Pensamos en adelantar los pasajes, pero despu√©s nos enteramos de que en el aeropuerto hab√≠a mucha gente varada y preferimos esperar”, cuenta Juana, que tiene 64 a√Īos, es profesora de literatura y se dedica a una terapia alternativa llamada memoria celular. “Igual fue lindo haber viajado las cuatro con mam√° y haber pasado este tiempo juntas”, dice.

Sus pasajes de vuelta son para ma√Īana, por eso las hermanas Ocampo decidieron esperar, pensando que la situaci√≥n se iba a tranquilizar. “Una amiga que vive en Santiago iba a festejar su cumplea√Īos el domingo, pero me llam√≥ para avisarme que lo suspend√≠a porque no se sab√≠a a qu√© hora empezaba el toque de queda y era mejor no estar circulando”, cuenta Juana.

Pese a las ganas que ten√≠a de ver a Rieu, su madre se lo tom√≥ bien. “Ser√° la pr√≥xima vez”, les dijo a sus hijas.

Thiago, el bebé que nació en mitad del caos

Mat√≠as y Nadia son argentinos y viven juntos en Santiago de Chile desde hace m√°s de dos a√Īos. Primero se instal√≥ √©l; despu√©s se casaron y se mud√≥ ella. Pero su primer hijo, Thiago, no pod√≠a haber nacido en un momento m√°s convulsionado: el mi√©rcoles Nadia ten√≠a programada la ces√°rea en la Cl√≠nica de la Providencia. Todo sali√≥ perfecto. La mam√° de ella viaj√≥ desde Salta para acompa√Īarla. La tarde del viernes, mientras el m√©dico le anunci√≥ que al d√≠a siguiente se iban a su casa, comenz√≥ el caos en la ciudad.

Desde la ventana del séptimo piso de Matías y Nadia se ven varios focos de incendio

La primera reacci√≥n de Mat√≠as fue llenar el tanque. Cuando sali√≥ a la calle, despu√©s de varios d√≠as de estar entre pa√Īales y llantos, se encontr√≥ con una ciudad desconocida. Militares en todas las esquinas, tanquetas de guerra y una sensaci√≥n muy parecida a la que tuvo en 2001, cuando trabajaba en el centro de Buenos Aires. “Quiz√°s a√ļn peor. Porque es muy fuerte encontrarte con la ciudad militarizada”, dice. Hizo una hora y media, y logr√≥ llenar el tanque. El s√°bado a la ma√Īana le dieron de alta a Thiago y la familia cruz√≥ la ciudad con una doble sensaci√≥n de fragilidad: por llevar por primera vez a su hijo en el auto en medio de una ciudad literalmente en llamas. “Por suerte, en la zona donde vivimos estaba todo m√°s tranquilo”, cuenta Mat√≠as. Ellos viven en Huechuraba, que es una comuna que est√° en las afueras y es como un espejo de Las Condes, del otro lado del cerro San Crist√≥bal.

Pero tambi√©n all√≠, aunque se trata de una zona donde reside clase media profesional, varios supermercados fueron saqueados. Por eso, cuando la familia volvi√≥ a casa se encontr√≥ con que era una misi√≥n muy compleja comprar comida. “Por suerte pa√Īales y las cosas m√°s b√°sicas tenemos para estos d√≠as. El domingo sal√≠ a recorrer y, como los supermercados estaban todos cerrados, fui a una feria de barrio donde se vende fruta y verdura. Hab√≠a alcanzado a comprar un poco de provisiones cuando de pronto vino como una horda de gente y saquearon los puestos. Yo alcanc√© a subirme al auto. Fue indescriptible la sensaci√≥n”, recuerda.

Por suerte, dice Nadia, √©l y Thiago est√°n en el “limbo” del reci√©n nacido. “En este momento, desde mi ventana, en un s√©ptimo piso veo cinco focos de incendio en la ciudad. Y faltan 15 minutos para el toque de queda. Y hay m√°s de 20.000 personas en la plaza. No s√© qu√© va a pasar”, cuenta.

El casamiento que nunca fue

Mar√≠a y Juan son otros dos argentinos que este fin de semana se encontraron en mitad de la crisis chilena. Hab√≠an viajado a un casamiento de unos amigos y dejaron en Buenos Aires a sus dos hijos de tres y un a√Īo. Llegaron el jueves, descansaron en el hotel, en la zona de Las Condes. Y el viernes dieron una vuelta por el shopping cercano. Les llam√≥ la atenci√≥n que los locales de Apple y Nike estaban cerrados. Y que en las otras tiendas anunciaban que en 10 minutos los locales cerraban las puertas.

Así estaba la ciudad cuando María y Juan salieron del shopping
Así estaba la ciudad cuando María y Juan salieron del shopping

All√≠ se enteraron de lo que estaba pasando. Cuando salieron, se encontraron con que en la calle no hab√≠a casi nadie. Volvieron al hotel y all√≠ sus amigos les dijeron que el casamiento se pasaba para el d√≠a siguiente. Despu√©s, pas√≥ para el domingo y finalmente se suspendi√≥. “No tengo idea de si al final se pudieron casar o no. Yo lo √ļnico que quer√≠a era salir del pa√≠s porque me daba mucho miedo lo que estaba pasando; quer√≠a salir y volver a mi casa. No me quer√≠a mover del hotel, tampoco se sab√≠a qu√© pod√≠a pasar por los saqueos”, relata Mar√≠a. Finalmente, ella y su marido lograron subirse a un avi√≥n el domingo y volver a casa.

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