La Moncloa Confidential

La única vez que me ha sobresaltado un periódico fue el día que, tras pasar por el quiosco -cuando había quioscos-, llegué a casa y el ABC venía con una grapa nada más. ¡Con una sola grapa! Se pueden imaginar la situación, el ABC con una única grapa proyectaba una imagen apocalíptica sobre el mundo. Estuve a punto de salir corriendo hacia el supermercado y aprovisionarme por si acaso. Aunque lo único que me preocupaba de verdad es qué iba a hacer yo con la columna del día siguiente… si hasta la tenía pensada ya. Ese es el único susto serio que me ha dado la prensa nacional. Fueron los cinco minutos más desconcertantes de mi vida: qué sería de El País o El Mundo ahora que al ABC se le había caído una grapa… Desde entonces no me había vuelto a preocupar el futuro de los periódicos. Pero luego uno va escuchando a Carmen Calvo y a todo el sanchismo con cargo y empieza a comprender que todo lo que no les gusta es culpa de los periódicos. Sánchez se ha ido a hacer las Américas contra el disgusto de su tesis, contra el disgusto de saber que ahora el mundo sabe de su tesis sin comillas. Y como la pesadumbre es grande y las responsabilidades asumidas nulas se ha tomado unos días para ampliar su book de fotos por Times Square, con Donald Trump y de paso preguntarle sobre cómo despotricar contra la prensa. Pero esto es España y ni Sánchez es un presidente de película, ni la información privilegiada le queda a Villarejo como a Gordon Gekko en Wall Street. Ya se sabe que en provincias todo es menos cosmopolita, más directo. Y ahí estaba el otro día la concejala de Cultura de Valladolid defendiendo los estertores del sanchismo. Para secundar los dislates peligrosos de la vicepresidenta no se la ocurrió nada más a Ana Redondo que decir que la libertad de expresión y los derechos «cambian en cada momento histórico». Y ahí anda el riesgo verdadero, no en que la vicepresidenta y una concejala quieran limitar torpemente la libertad de expresión, sino en que piensen que sostener a Pedro Sánchez en la Presidencia convierte la situación en un «momento histórico». Si la libertad de expresión anda sujeta a cambios -del PP, del PSOE o de quien sea- mejor que apaguen la democracia. La libertad de expresión no se defiende únicamente en la oposición, se defiende en el Gobierno, que es cuando jode. Pero España es una democracia de oposición: una democracia contra algo y contra alguien. Al PSOE le sobresalta la prensa cada mañana y no precisamente porque el ABC se haya olvidado una grapa. Contra eso qué mejor que fotografiarse con Donald Trump y copiarle el discurso de la libertad de expresión. A fin de cuentas, los enemigos de mis enemigos son mis amigos.

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