La Masía azulgrana, de capa caída

Mucho ha llovido desde aquel 25 de noviembre de 2012 en el que Tito Vilanova hizo realidad uno de los sueños del barcelonismo: jugar con once canteranos un partido oficial. Fue ante el Levante y el equipo ganó (0-4). Eran tiempo de vino y rosas, en el que la Masía era uno de los máximos exponentes y ejemplos del fútbol español, que había contribuido, además, a que España ganara un Mundial, dos Eurocopas y que tres jugadores formados en el fútbol base culé, Messi, Iniesta y Xavi, optaran a ganar el Balón de Oro.

Con este recuerdo en mente fichó Josep Maria Bartomeu a Ernesto Valverde. «Es imposible no aceptarle como entrenador. Su filosofía de juego es como la del Barça. Trabaja muchísimo y le interesa el fútbol base», argumentaba el presidente azulgrana hace año y medio. El expediente del técnico extremeño le avalaba. En sus diez años en la Liga (Athetic, Espanyol, Villarreal y Valencia) había echo debutar a 34 canteranos en Primera división. La línea continuista de Guardiola, que hizo debutar a 22 canteranos) y Luis Enrique (15), estaba asegurada. Pero la realidad ha sido otra bien distinta. En lo que llevamos de 2018, Valverde solo ha permitido el salto de seis jóvenes promesas y han sido de forma testimonial, en partidos de bajo rango o intrascendentes.

Aleñá, la excepción

José Arnáiz, Miranda, Chumi, Jorge Cuenca, Oriol Busquets o Riqui Puig son sus hallazgos, aunque ninguno ha logrado asentarse. Tan solo Aleñá parece destinado a ir entrando paulatinamente, como en su momento hiciera Sergi Roberto, el único canterano que se ha ganado un puesto tras la irrupción de Busquets y Pedro hace más de una década. Valverde conoce las urgencias de un equipo como el Barcelona, que debe ganarlo todo, y que además tiene una amplia plantilla. Poco amigo de las rotaciones, no tiene tiempo para confiar en promesas y aprovecha el potencial económico del club, dispuesto a fichar para paliar las carencias. La llegada de Yerry Mina (11,8 millones de euros), Lenglet (35,9) o Jeison Murillo (2) son el claro ejemplo de la apuesta inmediata en detrimento de jóvenes valores como Chumi o Cuenca, que ven barrado su ascenso.

«Sé la historia y el trabajo de cantera de este club y que los jugadores deben ir para adelante. Me gustaría que los jugadores vieran que hay unas perspectivas de entrar en el primer equipo. Lo que ha salido de La Masía ahí está. Sólo hay que ver a Aleñá y Riqui Puig, futbolistas con talento e intención. El futuro pasa por ahí, independientemente de que luego tengas que apuntalar con jugadores de fuera», se defiende Valverde, que cree que se «hace demagogia» con este tema y es taxativo con sus prioridades: «Estamos aquí para ganar». También tiene defensores el preparador azulgrana, como es el caso de Robert Fernández. El exdirector deportivo no cree que sea cobardía de Valverde sino un escaso nivel de los jugadores de la Masía para poder dar el gran salto. «En estos momentos, no tenemos la suerte de tener una hornada de jugadores de nivel. Hay jugadores buenos, pero ahora no tenemos la capacidad de nutrir al primer equipo», aseguraba recientemente.

Los números son elocuentes y certifican la teoría de Robert. Solo Aleñá, desde que tiene ficha del primer equipo, ha jugado en Liga y Champions (Arnáiz jugó cinco minutos la pasada temporada ante el Levante). El resto limita sus aportaciones a la primera ronda de la Copa ante la Cultural Leonesa, equipo de Segunda B. Los canteranos de Valverde se reparten 979 minutos en este 2018, un 1,7 por ciento del tiempo total. A pesar de todo, al seguidor azulgrana le gustaría mucha más presencia de la Masía en las alineaciones del técnico. Incluso Messi pide un regreso a los orígenes. «Es importante volver a apostar por chicos de la cantera dándoles la oportunidad. Que vean que no es imposible escalar y llegar al primer equipo del Barcelona. Volver a este modelo es importante para la cantera y el club», asegura el capitán.

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